Una vez, siendo niña, sentí la soledad de su resplandor, aquel brillo perdido en la inmensa oscuridad, sólo quebrada por el leve fulgor de las estrellas, sus eternas compañeras. Aunque nunca negué su belleza, no pude evitarlo, me compadecí tanto de aquel extraño destierro que en mi inocencia, fui haciendo mío y me imaginé que era una mujer...

jueves, 24 de junio de 2010

EL CUENTO Nº77 DE LA LUNA OSCURA. UN CUENTO RESCATADO DEL RECUERDO.




Me demoré y lo siento.

¿Sabéis?

Hubo un tiempo en el que los cuentos acariciaron suavemente la quietud de un alma dormida que extravió una vez sus sueños.

Y las noches se llenaron de palabras que arrullaron la soledad del silencio; mientras las estrellas, tratando de acallarlas, buscaron inútilmente instantes de melodías perdidas entre las hojas de los árboles y del jazmín orgulloso de junio.

Nunca el sentir dolió tanto en las letras que reflejaban aquella nostalgia. Letras de fabulas lejanas que se bañaron del color de la oscuridad en el que la dama, a pesar de su dolor, se sentía protegida.

Y en el anhelo por creerse de nuevo viva y encontrar a la niña perdida entre flores, aquella alma que comenzaba a despertar fue llenando vacíos.

Hubo también un tiempo en el que las rosas para ella lo fueron todo y en su jardín recuperó sus sueños.

Y el instante en que decidió dejar de sentir y envolver su corazón en las sombras de la luna fue convirtiéndose tan sólo en un recuerdo.

Pero quién no ocultó una vez el rostro contemplando a la luna, quién no escondió las lágrimas bañadas en su luz.

A veces renacer y desprenderse de la tristeza puede ser difícil para quien en su soledad aprendió a convivir con ella tras sonrisas.

¿Sabéis?

Me demoré y lo siento. Y aunque tras este silencio habrá más cuentos poco a poco en ellos necesito ir despidiéndome de mi luna, pues necesito acariciar aún más la vida.

miércoles, 21 de abril de 2010

EL CUENTO Nº76 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. LA FLAUTA DE BAMBU.




Estabas sentada en aquel banco de piedra. Era primavera y una suave brisa acompañaba tu juventud despertando para ese momento una lluvia de pétalos de cerezo que empezó a caer suavemente sobre ti.
El templo a tus espaldas y las plegarias a tus ancestros guardadas en el interior de tu alma.

Contemplé tu mirada entornada en la tristeza que siempre te acompañó, aquella que no pude aliviar, y en tu mano desnuda, la que tantas veces me acarició, la vieja flauta de bambú.

Como en cada uno de mis recuerdos, la acercaste suavemente hasta tus labios. Y en la oscuridad tras tus párpados, comenzó a sonar aquella melodía que llamaba a la luna mientras el atardecer moría en cada una de tus notas.

Quise correr hacia ti, arrodillarme a tus pies descalzos, y apoyar mi mejilla en tus rodillas para aferrarme de nuevo al sonido dulce de nuestras noches.

Pero la pieza en este sueño fue breve y al terminarla mientras se dibujaba una sonrisa en tus labios y tus ojos comenzaban a abrirse de nuevo supe que el viento robaría la mirada anhelada para llevarte con él hasta hacerte desvanecer con esos pétalos.

Todavía guardo esa flauta ahora muda, esa pieza de madera que aún conserva el aroma de tus manos y que solo suena cuando este viejo te encuentra en sus sueños.
Nunca dolió la soledad de estos años porque siempre te encontré en mis plegarías. Aunque a veces me siento en aquel banco y ruego porque llegue la noche que de verdad consigas mirarme para no despertar y poder desvanecerme en el viento a tu lado.

domingo, 11 de abril de 2010

EL CUENTO Nº 75 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. EL FESTIVAL DE LA LUNA.




En este viaje de cuentos, acompañados de la eterna, hoy os llevaré a tierras aún más lejanas y si me dais vuestro permiso, os regalaré un otoño suave aunque estemos en primavera.

Como cada una de sus noches despertó la luna y, sintiendo la llamada del puerto fragante reclamando su presencia, supo que había llegado su día y que no podría faltar a la fiesta.

Engalanándose con toda su hermosura y desnudándose en su luz más plena se dispuso a iniciar su viaje, renunciando sin pesar a la oscuridad que siempre la rodeaba.

Antes de mostrarse, atravesó el cielo con orgullo y en sus pasos lanzó la amenaza al viento y a las nubes reclamando su respeto sólo para esa noche y para que, los que la aguardaban, pudieran contemplar esa belleza anhelada más allá de las creencias.

Aunque a veces la luna se envolvía en tristeza, en aquel día al percibir el colorido que la gente le ofrecía, y el aroma de los dulces y del espíritu familiar, decidió celebrar con ellos la vida escuchando canciones y poemas que lograron endulzar sus destellos.

Muchos de los que aquella noche acudieron a contemplar su brillo buscaron en ella el equilibrio de la vida, en la creencia de que la dama blanca gobernaba la energía del agua de la tierra y de la misma esencia que los formaba.

Pero también en este día otros buscaron ser partícipes de una leyenda, y contemplando al cielo esperaron que Hou Yi y su esposa se encontraran, y a la luz de la luna danzarán gritando su amor.

Y aunque la luna ofreció su luz a todos en aquella noche templada, cedió su intensidad cuando dio comienzo el desfile de farolillos, y los más pequeños acompañados de sus familias, en honor a ella, portaron con ilusión aquellas linternas de formas diversas y diferentes colores.

Aquellos porteadores de pequeñas lunas arrancaron la sonrisa de la homenajeada.

El más pequeño, apenas sabía caminar y aunque se esforzaba en hacerlo erguido dio un traspiés y cayó al suelo haciendo añicos su farolillo blanco.

Viéndole como comenzaba a llorar con gran desconsuelo, la luna acercó su luz a él y con un beso dulce sobre su frente robó sus lagrimas y a cambio depositó en su manita uno de sus destellos, y así el desfile continuó.

Al llegar el alba la luna tuvo que retirarse y al alejarse sintió como todas las luces de los farolillos se iban extinguiendo, pero no quiso que la tristeza la bañara y supo que pronto llegaría otro otoño en el que regalaría su luz sin que le doliera su alma.




Existe un dicho chino que reza que la luna simboliza la belleza y la elegancia, así como un amigo de confianza. Y como buena amiga la luna no puede faltar a esta fiesta.

miércoles, 7 de abril de 2010

EL CUENTO Nº74 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. LA LEYENDA DE LOS TIGRES






Aquella noche despertó la luna en su viaje sobre una isla asiática, y al acercarse pudo percibir como la jungla escondida trataba de pronunciar su nombre al verla brillar.

Hacía tiempo que no escuchaba los sonidos de la selva y a pesar de que aquel día el viento soplaba con intensidad, pudo escuchar a los sagúes y a los grandes helechos pidiéndole a la blanca dama que se acercara aún más.

Pero al hacerlo, el vendaval trato de impedírselo tentando su fuerza para alejarla, hasta que el sol consiguiera despertar.

Y supo que aquel viento una vez fue testigo de cómo en aquel lugar, el sol y ella coincidieron retando su luz en una contienda sin igual.

Condenados por el tiempo a su distancia ambos envidiaban la suerte de su rival; el sol, el silencio y la quietud que transpiraba la noche; y la luna, el calor de la vida que en su viaje apenas podía acariciar.

Pero aquel día la cúpula que los gobernaba en uno de sus juegos les quiso probar, permitiéndoles que por unas horas coincidieran sin que su luz se tuviera que ocultar.

El sol, al verse próximo a la luna, no pudo evitar quererla impresionar. En su orgullo, aprovechando aquel viento presente, prendió una enorme hoguera cuyas llamas burlonas, en su crepitar, pronunciaron con ironía el nombre de la dama riéndose de su oscuridad.

Mostrando su imagen más fría, la luna no se dejo acobardar, y ante la mirada atenta del astro dorado derramó en gotas parte de la esencia de su brillar, creando una laguna de aguas de plata que en sabios destellos respondieron que aquel fuego no las podría dañar.

Nunca el sol había contemplado tan de cerca la hermosura plena de la luna y el resplandor en su tímido mirar.

Y nunca antes la luna había sentido cómo la fuerza y bravura del sol conseguían templar su propia frialdad.

Pasaron minutos, quizás horas y ambos permanecieron esperando ansiosos el siguiente movimiento de su rival. Pero con acierto, ninguno realmente quiso continuar. Y la cúpula aburrida ordenó que se separasen; que la luna terminara la noche y el sol se ocultara hasta que llegara la hora de su despertar.

Cuando el sol procedió a retirarse la deseó acariciar y derramó su esperanza sobre la laguna haciéndola palpitar.

Y la luna, antes de entregarse a su soledad, vertió una lágrima de su tristeza sobre aquel fuego lográndolo así apaciguar.

Cuentan los sabios que escuchan al viento que en aquella mágica noche y en ese mismo lugar, antes de que el fuego se extinguiera de sus últimas llamas nació un tigre naranja que se dirigió a la laguna para contemplar, como de entre sus aguas su propio reflejo cobraba vida y una gran tigresa blanca nacía con el destino de poderle acompañar.

Ese mismo viento que susurra las leyendas y que en aquella noche quiso a la luna apartar, todavía recuerda como rugieron aquellos animales antes de esconderse en la selva y que la cúpula les pudiera condenar. Y temiendo por su hermosura decidió protegerles incluso de aquellos astros que sin ser conscientes cumplieron su propio anhelo de libertad.

jueves, 18 de marzo de 2010

EL CUENTO Nº73 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. LA ÚLTIMA NOCHE EN LA INDIA.






Antes de que aquellos últimos instantes por esas tierras fueran tan sólo un recuerdo y que el aroma único de aquel lugar, mezcla de flores y especias, se desvaneciera, quiso la luna tentar de nuevo su sino como en aquellas primeras ocasiones.

Implorando la complicidad de las estrellas amigas que compartían también parte de su oscuridad, se deslizó buscando el lugar perfecto para escapar de su luz. Y cerca del rio descendió a través de su propio reflejo, ocultando su blanca desnudez entre los arbustos de la ribera.

Sin pretender ofender a los dioses dormidos caminó sintiendo como el terreno bajo sus pies le hacía percibir la vida tal y como la soñaba.

Quiso respirar cada segundo de aquella noche y en el intento un perfume dulce despertó aún más sus sentidos, una fragancia que la embriagó y que la condujo suavemente hasta una pequeña casa a orillas de aquel rio.

Era una casa humilde con un pequeño jardín donde una mujer balanceándose delicadamente, amamantaba a su retoño al tiempo que entonaba casi en susurros una dulce canción que hablaba de una diosa que protegía los sueños.

Contempló con admiración el color canela de su piel curtida por el sol y su pelo negro cayéndole sobre sus hombros. Y al fijarse en cómo alimentaba a su pequeño supo que aquel olor que le había guiado hasta allí brotaba de aquellos senos morenos apenas cubiertos por su sari.

En el lugar donde la vida había despertado a los dioses con flores de loto y leyendas que regalaba a los hombres la existencia, aquella noche cualquier creencia se hubiera derrumbado contemplando a aquella madre espantando a la muerte que algunos anhelaban más allá del río.

Alimentando con las últimas gotas de aquella esencia pura y sintiendo como el pequeño se quedaba dormido, vio la luna como la mujer se entregaba al silencio y cubriéndose los pechos, con pasos delicados se adentraba en el interior de su casa.

Cuando por fin despertó de aquel momento, supo la dama blanca que había llegado la hora vestirse de nuevo con su luz y despedirse de aquella tierra. Su viaje tenía que continuar cumpliendo así con un destino. Aunque con gusto hubiera portado aquel sari humilde y hubiera acunado a aquella mujer y a su pequeño y se hubiera dejando mecer por la vida de ambos.

Mientras ascendía pidió al cielo conservar aquella noche en el recuerdo y no perder el olor de aquella mujer que más que un jardín portaba la vida más allá de los dioses.

Y así se despidió de la India.

viernes, 12 de marzo de 2010

EL CUENTO Nº72 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. LA CIUDAD DE LA CONTRADICCION.


“Aléjate luna de esta noche, que esta ciudad y este rio no te pertenecen.
Huye en tu luz de las cenizas como huyes de las sombras que te hieren.
No busques palabras tristes en el viento ni aromas de vida que se pierden.
Pues hoy esta noche pertenece a los que creen que no existe la muerte”




Hoy te contare una leyenda sobre la ciudad brillante en la que cada noche el tiempo se pliega sobre sí mismo, y grita a la luna, con amabilidad, que apague su luz. Pues este lugar sagrado nunca le ha pertenecido y en él las lágrimas están prohibidas.

Te hablaré de los secretos de la verdadera luz y de la oscuridad dorada. No, no hay sitio para la luna en este lugar pues tampoco hay sombras, y sólo el sol esperará paciente su momento, iluminando con más intensidad los colores vivos.

Trataré de acercarte con mis palabras el sonido de las aguas de su rio en el que la vida y la muerte se hermanan en reflejos rotos por ofrendas que iluminan sus orillas; el suspiro de vida de sus ondas cristalinas en lo más profundo, y al pie de la escalera santa, su muerte y el crepitar del fuego que lo purifica todo.

Entonaré los cánticos de antiguas creencias en las que el agua no apaga el fuego y el fuego arde sin lastimar el agua, y verás niños y ancianos compartiendo este momento. Y oirás risas y oraciones, pero no llantos.

Estarás allí y el tiempo reconocerá que es tu primera visita a este lugar y limpiará los pecados cometidos en la gracia de la vida, con la esperanza de concederte el olvido y liberarte en la pureza divina. Los más afortunados no regresarán.

Miles de peregrinos te rodearán y no importará su cuna llegado el tiempo. Algunos han venido a morir y esperarán pacientes, como el sol, su momento; otros simplemente contemplarán el cortejo funerario con la esperanza de que algún día les tocará a ellos, cerrando así el ciclo de la vida.

¿Tienes fe? Porque si no la tienes es el momento de que abandones este lugar. Pronto amanecerá.

Mientras respondes contempla de nuevo como entre las cenizas las ofrendas se deslizan con suavidad siguiendo el curso del rio, iluminándolo la noche. Son plegarias a la muerte, y qué hermosa vida en la eternidad de las almas…

martes, 9 de marzo de 2010

EL CUENTO Nº71 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. EL SONIDO DE SUS PIES


Hoy de nuevo comparto este viaje y es el diablo el que me acompaña narrando una historia y llenando este espacio de palabras que envuelven como la música que le acompaña.

Confieso que nunca las noches de la luna estuvieron mejor acompañadas, mi querido Diablo.

Hoy no hay retos.




Allí donde confluyen los dos grandes ríos, plagada de puentes que suturan esas dos grandes venas. Ciudad sagrada de entre las sagradas...Dios creador... en vísperas del kumbh mela, cuando reina en el firmamento la oscura noche lunar. En ese momento, en ese lugar.

El sonido del ghatam, el sagari y el sitar me guiaron hasta aquel recinto creado por la naturaleza. La disposición de su bóveda rocosa hacía que la música envolviera los sentidos. Una completa oscuridad, rota por algunas antorchas y la luz que emitía el incienso que ardía en unos recipientes colocados en el suelo. Y con la intensidad de las brasas que flameaban en esos grandes cuencos brillaban sus ojos rasgados. Tal vez incluso destacaran más en la negritud de la piel que se mostraba en todo su esplendor, en desafiante desnudez.

Mientras yo me encontraba paralizado ante su extraña belleza, ella alzo sus cuatro brazos, moviéndolos suave y sinuosamente como se mueve el gran río sagrado, mientras oscilaba en una de sus manos la brillante hoja en forma de media luna, los miedos cercenados en otra e invitaba con las otras dos libres a adorarla y amarla.

Como acompañantes en su danzar cuatro cobras blancas imitaban a la perfección su ritmo. La madre oscura miraba fijamente e incitaba al deseo con su lengua agitándose lujuriosamente, recorriendo los cuatro puntos cardinales de su boca entreabierta. Su dermis, pese a la distancia, emanaba perfumes a curry, a anís, a sésamo, nuez moscada, tamarindo...como en su día brotara el sudor que dio ser a sus dos hijos, verdugos del gigante con engaños anudados.

Sus pechos, teñidos de rojo, eran enmarcados por un collar de cincuenta trofeos, liberando mantras que forman su naturaleza divina. No dudo fueran adquiridos de predecesores a mi contemplación.

En cada movimiento de cadera, su carnal falda ensartada de extremidades, deja entrever el yoni como uno de sus símbolos, desafiantemente sensual. A sabiendas del poder hipnótico que ejerce, mira de reojo, con una ligera sonrisa, y acompasa el vaivén de su cuello con el de sus coristas serpenteantes.

Sin darme cuenta, turbado por sus voluptuosos movimientos, alcanza mi vera envolviéndome con sus largos y atezados cabellos al subacuático ritmo del ghatam. Sus pies, cuajados de áureas pulseras en los tobillos, baroda, gujaratg, golpean grácilmente el enarenado suelo. Puedo identificar el sonido de sus pies porque es a través de ellos que la vida se está moviendo en mi dirección...


Creado por Calavera y Diablito.

jueves, 4 de marzo de 2010

EL CUENTO Nº70 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. LA FLOR DE LOTO.




Cerca del amanecer la luna sintió que la noche se envolvía suavemente entre sombras de leyenda.

Bajo su luz pudo percibir como la selva permanecía extrañamente dormida y que en silencio la madre tierra, vestida de pureza, caminaba descalza respirando el arrullo de los sueños y acariciando con ternura la vida.

El movimiento de sus caderas desnudas al andar, despertó con gracia una suave brisa que en un susurro pronunció su oculto nombre tratando de cubrir su cuerpo.

Sí, fue un instante de erotismo limpio, en el que el ritmo de los latidos era marcado por sus pasos. Un momento de sensualidad que el terreno quiso hacer suyo alfombrando sus pies en espera de su esencia.

Mientras contemplaba el cielo decidió que aquella negrura sería la del color de sus ojos sólo roto por el brillo de las estrellas.

Y la luna no pudo evitar verse reflejada en ellos sintiéndose parte de aquel momento de magia.

Siguiendo sus pasos la acompañó a un pequeño estanque donde lentamente comenzó a introducirse mientras el agua recibiéndola comenzó a brillar en espera de su ofrenda.

Y Cuando por fin la reina se la otorgó fecundando el momento, del tacto de sus dedos brotó una pequeña semilla.

De aquel pequeño fruto surgieron raíces que se aferraron al lodo mientras la flor de loto luchaba por alzarse sobre el agua abriendo sus pétalos y llenando a la noche de su fragancia sensible.

Contemplando la belleza del momento la creadora comenzó a desvanecerse en el trono de color esperando el nacimiento de otro Dios.

Antes de que los primeros rayos del sol despertaran a la selva, de entre la maleza apareció un elefante blanco rodeado de una bruma en la que se podían leer los sueños de una princesa dormida.

Viendo la luna como aquel animal arrancaba la flor con su trompa supo que aquella princesa recibiría la verdadera ofrenda en su vientre.

martes, 2 de marzo de 2010

EL CUENTO Nº69 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. LA TORRE DEL SILENCIO.





La noche está callada y en el sigilo de las sombras ha decidido la muerte que hoy no cabalgará, dejando su caballo negro guardando reposo en la oscuridad de su capa.

Los gritos han abandonado estas horas, como el sueño abandonó su tiempo eterno, y con ayuda de su cetro camina invisible contemplando su obra, sin prisas.

En su paseo sombrío visita el tributo a su arte, una torre, una morada de cuerpos sin vida y el primero el de un recién nacido que respiró sólo horas. Después, muchos más…

Apenas puede ya distinguir al pequeño; los buitres hicieron bien su trabajo, seguro que alguno en su vuelo de muerte sació su hambre hiriente con sus frágiles huesos.

Hace mucho tiempo que no oye gritar a los buitres, y sin embargo percibe como respiran en sus nidos tallados de piedra. Sabe con fría certeza que, como ella, no duermen, y que esperan pacientes los despojos de su obra.

Uno, el más grande, siempre vigila el movimiento del féretro de hierro que les traerá el alimento. Tiene el honor de apaciguar a las crías hambrientas emitiendo el grito , la anunciación de que pronto también ellas desgarrarán con sus picos los pedazos de carne y vísceras.

Sólo estas aves romperán el silencio, pues nadie llora, está prohibido.

Y no encontrarán impedimento alguno a su festín inerte, pues así está escrito. Ni siquiera los nassesalares, los portadores, se lo impedirán, se limitarán a arrastrar los cuerpos sin alma hasta lo más alto. No necesitan olvidar.

Vuelve a contemplar los restos, sabe que se acerca su viento y que la saludará reduciendo ante ella los huesos más desgastados hasta convertirlos en polvo que acariciará su rostro profundo e inexistente.

En las partículas buscará su esencia, un leve aroma de la putrefacción que la acompaña. El último olor de vida que acaricia la muerte dulcemente.

Mientras trata de bañarse en su olor contempla a la luna que hoy también paso de largo con su luz discreta de duelo, y que, sin embargo, brilló en aquel polvo, aunque le doliera la fe no entendida.

Eso le recuerda que tiene que seguir con su viaje, aunque el suyo dure más de una noche y carezca de alma, así está escrito…

domingo, 28 de febrero de 2010

EL CUENTO Nº 68 DE LA LUNA OSCURA. PARA MARIA




Se encontraba apoyado en el quicio de la ventana. Aquella noche podría ser como cualquiera de las otras noches vividas, si embargo tenía algo distinto. El niño miraba embelesado el gran círculo blanco que reinaba en el negro cielo, y en su mirar era correspondido por la dama blanca que , desde su negro y amplio feudo observaba todo lo que acontecía en el pequeño pueblo.

El rapaz sostenía su carita entre sus manos, soñando despierto. Su mente volaba. Tras entrar su madre en la habitación y reprenderle con una sonrisa cariñosa se metió en la cama. Fue entonces que, tras cerrar sus ojitos y entrar en el reino de Morfeo, la luna descendió a la tierra siguiendo su reflejo en el lago cercano. Llegó a la estancia en la que descansaba el chiquillo. Qué serenidad se contemplaba en la sonrisa que se dibujaba en su carita.

Penetró en su ensueño apreciando la maravilla de aquel primer amor. Le extendió su mano y se dirigieron a una pequeña fragua donde, nuestra luna, le dió un pedazo de sus ser. El niño, con el obsequio recibido, la ayuda de la guardiana de su dormir y el fuego de su corazón, comenzó a realizar una ofrenda. Mientras manipulaba la materia, de las chispas que saltaban, surgían estrellas que inundaban el negro manto celeste. Fue así como poco a poco se fue creando un blanco collar de las más exquisitas formas y el sentimiento más sincero.

La noche transcurrió. Tras el descanso, los rayos de sol acariciaron la cara del crío y notando su calidez y claridad se frotó los ojos. Fue un sueño, pero cuando se giró apreció, en la pequeña mesita de noche, una cadena con eslabones que refulgían como estrellas fugaces y un medallón esférico. En el reverso “para María”.

martes, 23 de febrero de 2010

EL CUENTO Nº67 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. REINA DEL DESIERTO.




Sé que duermes, pero no he podido evitar coger el portátil y ponerme a escribirte. Será por la emoción.

Por fin ha llegado el momento. Mañana abandonaré este lugar. El barco que me llevará de vuelta ya ha llegado al puerto.

Todavía no he tenido tiempo de hablarte del mar rojo y de sus pequeñas islas, pero ya sabes que el desierto lo ha sido todo.

Han transcurrido sólo tres meses. Debía de haber sido suficiente para acabar mi tesis y sin embargo siento que ni siquiera he rozado lo que pretendía alcanzar.
Me parece que te estoy escuchando “Mi loco historiador siempre buscando justificaciones…”

Así es, parece que fue ayer cuando me despedí de ti y llegué buscando la ruta de esas caravanas cargadas de incienso y mirra perdiéndome en este desierto de arena, polvo y leyendas, como otros antes lo hicieron. Hoy, me siento realmente perdido pues no he logrado dar con ella.

Y tú preocupada por si alguna mujer lograba conquistarme.

No te lo negaré, son realmente hermosas, sus ojos oscuros y profundos las hacen ser dignas herederas de la gran reina, pero sólo la luna ha logrado engatusarme entre las dunas, trayéndome cada noche tu recuerdo.

Algún día te traeré aquí y contemplaremos las noches en el desierto cuando el viento dibuja olas sobre las arenas, el horizonte se cubre de estrellas y ella consigue iluminarlo todo.

A veces el embrujo de su luz consigue arrebatarte el sueño para impedir que se pierda ese instante de belleza absoluta.

¿Sabes? Contemplándola, el misterio oculto de estas tierras pareciera que brillara aún más y las dunas, aunque no te lo creas adoptan las curvas de una mujer tumbada contemplando el cielo.

Y las canciones…

He tratado de buscar la sabiduría que encierran los cánticos antiguos. Y aún así no he podido desenterrar el secreto de su reino perdido.

Una noche el viento jugó a traerme el aroma perfumado del incienso del que una vez fue portadora a través del mediterráneo, y mientras saboreaba los dulces de miel desarrolle una teoría loca, “No quiere ser encontrada para no perder nunca este vergel de arena”

Se hace tarde. Mientras te escribo este e-mail hace un rato que parece que la luna llamara a mi ventana, quizás quiera despedirse de mí. La verdad es que me va a costar hacerlo, aunque sé que ahora mi desierto está a tu lado, mi reina de Saba dormida.

jueves, 18 de febrero de 2010

EL CUENTO Nº66 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. CONFLUENCIAS


Hoy otra luz rompe este alma llenándola de colores cálidos y aromas intensos; una pequeña parada en el viaje en el que la luna de mis cuentos se oculta ante la pretensión de los que alguna vez creyeron que los sueños son sólo nocturnos.

Hoy que las sombras son otras, a pesar de la escasa luz relatada en señal de respeto, duerme la dama sin melancolías.

Hoy vivo y comparto, permitiendo que la única oscuridad se encuentre en la profundidad de unos ojos que no han podido ser mejor descritos con tus palabras.




Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.

C. P. Cavafis (1863-1933)



Cuando nuestra embarcación a vapor enfiló su proa al querer adentrarse en puerto un resoplido hueco e intencionado despertó a todo el pasaje anunciando el próximo desembarco. Los prácticos en sus lanchas vinieron a nuestro encuentro para guiar las maniobras de atraque con la precisión que debiera proceder sin el más mínimo infortunio. La mañana se presentaba limpia y, aunque el Sol intentaba despuntar en un lejano horizonte dejado atrás, el aire era tibio, húmedo, así como agobiante por su densidad.

Desplegado el puente los viajeros aun permanecían repartidos por las barandillas de la cubierta, ensimismados en la contemplación del gentío que esperaba en los alrededores de la dársena. El equipaje, aunque listo, esperaba en los camarotes. La euforia de los que aguardaban abajo se iba tornando en impaciencia interesada. Me tomé un buen tiempo para hacer señal de vida por la escalinata que me dejara en tierra firme, la muchedumbre, algo mas disminuida, seguía siendo enorme como bulliciosa.

Con la ayuda de mi joven asistente que, a dos manos, cargaba nuestras pocas pertenencias, fuimos con pasos tranquilos confiándonos a la concurrencia aún reunida a la espera de algún rezagado pasajero. Cuento que al pisar suelo infiel, a los ojos del buen cristiano, un remolino humano su fue agitando, nervioso e impaciente, alrededor nuestro. Entre tantas invitaciones e instancias al buen servicio, un chiquillo, escuálido como mal nutrido, intentaba hacerse oír entre aquella turbulencia humana. Pies descalzos, pantalón y camiseta de fibras desgastadas, pelo apelmazado sobre la frente sudada. Con palabras titubeantes y afrancesadas pregonaba con voz apenas sobresaliente un albergue tranquilo en algún lugar no muy distante.

— ¿Está lejos lo que voceas?
— ¡Muy cerca!… Yo acompaño.
— ¿Qué precio?
— ¡No preocupa! …Venir… venir… siempre contento de amigo madre… hermana también.
— ¡Está bien muchacho! Guíanos y veremos si son ciertas tus palabras.
— ¡Yo ayudo,… brazos fuertes!

Sus ojos negros y vivarachos eran lo único que pudiera considerar en poco desarrollo, pues, una vez, por insistencia, haber hecho carga sobre sus hombros de nuestros pocos bultos, sus piernas de hueso enfundadas en piel sin apenas músculos daban pena, pero, fue tanta sus instancias que, tras varios intentos por mi parte de conmiseración, dejé hacer no sin cierta duda, teniendo en cuenta su ahínco y sincero propósito.

Por suerte para él tanto como para nosotros el trayecto hasta los aposentos previstos no se encontraban a larga distancia de la zona portuaria. Después de alejarnos apenas de las lindes asediadas por las voraces gaviotas nos adentramos en callejas estrechas donde el Sol persistente en su intento de reinar con poder absoluto en los firmamentos apenas hacia mella. Tras guiarnos por aquel laberinto de callejuelas flanqueamos un portal que daba a un patio interior lleno de plantas, en tiestos y macetas, donde jilgueros y canarios enjaulados entremezclaban sus alegres cantos aprendidos en su involuntaria vida holgazana. Con una retahíla ininteligible para nosotros nuestro joven guía anunció nuestra llegada. Al instante apenas una mujer de mediana edad, aunque algo avejentado su semblante, salió a nuestro encuentro. Con continuos gestos y flexiones intentaba manifestarnos su satisfacción y contento por nuestra presencia en su humilde hogar. Ayudando a su desfallecido hijo con el equipaje que esté había cargado, no sin cierto evidente sobreesfuerzo, nos invitó a pasar al interior de la vivienda.

Aunque se trataba de una casa indiscutiblemente de familia humilde, las estancias eran amplias y frescas, de típica arquitectura musulmana, sus paredes enjalbegadas de blanco y casi en su totalidad alicatadas en su mitad inferior con azulejos y teselas así como sus suelos completamente embaldosados permitían a sus moradores mantenerla a base de mucha agua clara y aljofifa impoluta de polvo y suciedad.

Se nos adjudicó dos cuartos contiguos de mediano tamaño pero que nos pareció muy adecuado para nuestro propósito, pues, estando sus aperturas dirigidas al patio, el ruido del exterior era inexistente, solo el canto de los pájaros cautivos llegaba a nuestros oídos. Celosías en las ventanas y puertas con rejas y cortinas vaporosas de finos hilos impedían que el calor penetrara manteniendo los aposentos en una agradable temperatura y luz tamizada que invitaba al letargo y ensueño.

Una vez instalado cada cual en su pieza vino una joven muchacha a traernos agua limpia para poder refrescarnos en la dispuesta aljofaina de porcelana. Sin duda debiera tratarse de la hermana de nuestro joven y descarnado guía porteador. Sus inmensos ojos negros evitaban con firmeza mi mirada, con ademanes precisos como tranquilos vertió el límpido liquido con templanza bien aprendida. Vestida a la manera árabe con una falda que le llegaba a los tobillos, su corpiño sin mangas dejaban ver unos torneados brazos de piel cobriza, unas bien proporcionadas caderas y cintura hacían idealizar, sino intuir, el resto de su indudable hermosura. Al volverse para querer marcharse no pudo evitar encontrarse frente a frente con mi persona que, paciente, esperaba concluyera su faena junto a la entrada. Su mirada se alzó un instante, en un quiero pero no debo, encontrándose con la mía. Dos ojos encerraban todo la magia de aquellas tierras, la antigua y oriunda, la asentada y venida de tierras de oriente, la sortilegios que aun habría de llegar por mor a mujeres que, como ella, podían enloquecer a príncipes y sabios, serenos guerreros y viajeros que, como en este caso, tuvieron el infortunio de que se les cruzara en su pasajero camino.

— Madre prepara té para señores, pronto yo…
— ¡Muchas gracias! No es necesario que os molestéis…
— No molestia, madre hacer… pronto listo,… no tarda.
— Está bien, nos refrescaremos y cambiaremos nuestra indumentaria por algo más fresco y saldremos al patio. ¿Podéis prepararlo fuera? Me apetece respirar el aire de la mañana.
— Yo prepara mesa fuera para señores…
— ¡Sois muy amables!… enseguida estaremos listos.

Pasado escasamente una media hora decidí salir al exterior del patio. Una mesita baja compuesta de una bandeja circular de cobre o bronce estaba extendida sobre un trípode que la sustentaba sobre sus delgadas patas de madera repujada. Dos asientos de cuero o piel a modo de cojín se habían colocado a uno y otro lado junto a los muros blanquecinos para que el sol del mediodía no les alcanzara con su insolencia. Al poco tiempo mi asistente y yo departíamos amigablemente sentados casi en cuclillas con nuestras espaldas reposando sobre el resguardado e impoluto muro blanco.

Tras un intercambio de impresiones sobre nuestra ruta dejada atrás y nuestro nuevo albergue recién habitado quedamos casi en tabla en nuestras precisiones. Estábamos en tierra firme rodeados ambos de una cierta familiaridad que nos reconfortaba. En eso que por un flanco nos llegó la presencia de nuestro heroico guía de la mañana de desembarco.

— ¿Gusta a dos… casa… chambre?
— Todo nos complace joven amigo. Estamos más que…
— Madre hace té… pronto…
— No hay prisas, una buena infusión tomada en este…

En eso que su joven hermana hace presencia. Sus ojos nuevamente bajados a la bandeja que báscula apenas en su andar meditado, uniforme como sensual en sus pasos leves pero voluptuosos a la vez. Intento llegar a sus pupilas, puerta de sus secretos. No hay tregua. Imposible. Su pelo desatado apenas deja vislumbrar su barbilla y parte de su labio inferior. Al descargar las tazas y querer verter en ellas el contenido humeante percibo como gracia de Dios sus bucles negros con un vaivén de casualidad que me impregnan de inquietud y deseo al llegar su perfume de hembra a mi olfato y sentidos.

La estancia programada en aquel rincón del mundo no estaba premeditada más de lo que pudiera tardar nuestro próximo enlace hacia un nuevo enclave y destino. Conscientes de nuestra efímera huella en aquellas tierras quisimos afianzar nuestros recuerdos con las más imprescindibles visitas a sus alrededores que pudieran marcar nuestra memoria con estampas inolvidables. En ese afán nuestro tuvimos el apoyo de nuestro joven amigo enclenque. Siempre predispuesto y con sus miras volcadas hacia nuestra satisfacción indudable por sus servicios.

Visitamos tanto palacios y edificios casi en ruina, aunque lo más que perdura hoy día de aquellas excursiones son los artesanos y talleres. Muchos de ellos trabajaban en minúsculos habitáculos repletos de labores ya ultimadas, sumidas en el olvido de clientes ávidos de piezas únicas. Cuero troquelado; alpaca con diversas formas, diseño o utilidades; tejidos vaporosos o ligeros para el tacto; alfombras tramadas con los mejores vellones de las comarcas circundantes.

Entre descansos largos en las mañanas y visitas guiadas durante el día nuestra estancia fue transcurriendo hasta llegar la fecha contratada para nuestro próximo embarque hacia otras tierras. La última tarde fue un reflejo de nuestra primera mañana en aquel barrio intrincado de enredadas esquinas sumidas en quietud y sombras no muy lejos del puerto.

Dejamos nuevamente nuestro joven guía y ya compañero más que maltrecho junto a la escalinata de embarque. Su voz siempre débil como amigable sonaba esta vez más triste y sentida. A pesar de nuestra ostentosa propina por sus atenciones desmedidas se notaba que algo le fallaba en su sincero intento de despedido. La noche se vertía como un fardo inevitable. Una travesía apalabrada se balanceaba junto a los últimos abrazos.

Por coincidencias o mala fortuna el capitán de la embarcación decidió que los vientos no eran favorables a nuestra predestinada travesía. Con suerte, a la mañana, los intempestivos aires que azotaban los mares quedarían algo más calmos y a la espera de otra noche donde hacer gala de sus desaires mal ajustados.

En eso que a la marinería y pasaje se le dio consentimiento u opción de pernoctar en sus camarotes o, por instancia algo remachada de cierto hincapié, ocupar sus respectivas cabinas y departamentos donde, una vez liberados del peso de todo equipaje y bultos que pudiera molestar, acceder a un corto desembarco que no trascendiera más allá de la medianoche, momento en que por seguridad se levantaría la pasarela una vez que, tripulación que no estuviera en aquel momento de servicio y viajeros que hubieran optado por una corta salida, estuvieran nuevamente de regreso al buque a la espera de una inaplazable partida a cualquier hora imprevista al alba, en cuanto amainaran los vientos y la bonanza regresara por sus fueros.

Fue así que decidimos aprovechar esas últimas horas para bajar de nuevo a tierra firme y buscar en las cercanías alguna taberna o fonda donde se nos permitiera tomar un trago mientras degustábamos algún plato de carne o pescado aderezado a la manera local. Pues el cocinero de nuestra embarcación acostumbraba a preferir las recetas y menús propios de la Francia ya algo dejada atrás desde hacía varios días con sus respectivas noches.

No tuvimos que deambular mucho rato para encontrar una cantina de entre tantas que rodeaban los embarcaderos en callejas lindantes al puerto. Adentrados al azar en una que parecía prometer los servicios y viandas de nuestras pretensiones, una atmosfera turbia y agria, mezcla de humo y vapores de vino añejo, golpeó nuestros sentidos hasta entonces despiertos y despejados gracias al fresco y agitado aire que soplaba en el exterior en aquellas horas tempranas de la noche.

Las voces de la marinería que ocupaban gran parte de las mesas como del mostrador estallaban en un embrollo de lenguas y dialectos propios de la mezcla de razas, nacionalidades y diferentes colores de piel y cabello. Algún que otro despistado viajero, que como nosotros, habían optado por aventurarse en tan peculiar hostería, no sin cierto grado de peligro, permanecían casi en silencio degustando su pedido con ojos avispados, atentos, siempre, en guardia, pues era frecuente en aquellos tugurios portuarios las disputas y reyertas donde, en cuestión de segundos, aparecían cuchillos y otras armas además de los puños bien endurecidos y curtidos en los aires y trabajos del mar.

Estábamos mi asistente y yo haciendo los honores a una bandeja de estofado de cordero con nuestra jarra de oscuro tinto casi vaciada, cuando un grupo de músicos en una amplia tarima dieron rienda suelta a sus instrumentos de cuerda y viento. Al compás y ritmo marcado por los timbales y sonajeros, flautas, chirimías, violines y laudes tejían sus melodías y fraseos con la exactitud y filigrana tan propia de los bordados y entramados más exquisitos de tejidos y tapices ofertados en los no muy distantes bazares.

Aquella primera pieza ejecutada con brío y meticulosa interpretación, fue celebrada por la variopinta concurrencia con muestras de satisfacción y apruebo a base de aplausos, chiflidos, golpeteos de jarras y vasos sobre las roñosas mesas, también vocifero aprobante que se sobreentendía o traducíamos como un -¡bravo!- en los escenarios y salones más elegantes.

Tras aquella primera muestra aprobatoria del público asistente los músicos reanudaron su arte con una segunda pieza. Una larga introducción rítmica a base de percusión acalló los ánimos exaltados por la bebida y la música. Fue cuando el resto de instrumentos debiera entrar en el compás preciso que una bailarina salió al entarimado. Siguiendo los dibujos sonoros que los instrumentos de cuerda y viento diseñaban, su cuerpo, de esplendorosas formas, se balanceaba con movimientos serpenteantes de brazos, cintura y torso a la par que sus pies y piernas se afanaban en rítmicos pasos ligeros como cadenciosos.

Ataviada con un conjunto de prendas casi en su totalidad confeccionadas con tules de sensual transparencia, excepto en las partes más pudorosas, su cuerpo semidesnudo, de una perfección casi insultante saltó de aquel escenario que ocupaban los atareados músicos. Al caer en su brinco sobre el suelo, los cascabeles atados a modo de esclava en sus tobillos atrajo nuevamente los bramidos y el éxtasis del aquel rudo público masculino. Sin dejar en ningún momento su carnal contoneo fue sorteando con su baile las manos y brazos que, en señal de súplica, intentaban un roce de su piel o de su cabello que aplacara la libido que se les desataba sin decoro ni remisión.

En eso que la grácil y joven danzarina, con pasos rítmicos, vino, petulante, hasta donde me encontraba sentado con mi servil compañero. Sin dejar sus movimientos sinuosos como sugerentes hizo una corta pausa en la itinerante representación de su arte frente a nuestra mesa. Aunque de espaldas a nosotros el brillo de su cabello ondulado como negro e impenetrable hizo que por un instante evocara la tímida muchacha que horas antes habíamos dejado atrás en nuestra corta visita de escala que, pronto, habría de concluir con la inminente partida hacia otros rumbos. En eso que, en una voltereta lenta, incitante como provocativa por las oscilaciones de su cuerpo, queda ante mi vista su rostro de doncella, dueña de tantas lascivias contenidas en aquel momento. Dos ojos me traspasan con mirada acusadora. Dos ojos no son suficientes para que acapare el deleite y complacencia que se me brindaba por una última vez. Dos ojos que me miran y transmiten última despedida muda pero significativa. En aquel momento supe, vislumbré, que mi paso por aquellas tierras quedaría en el recuerdo de dos personas, de dos corazones que guardarían en su más profundo, no sin cierto desconsuelo, un amor que pudo ser y se evaporó por la lejanía de los mares en la distancia del tiempo.

A la mañana siguiente nuestra embarcación despidió aquellas tierras míticas, de culturas que se adentran en los anales de la historia, con un último golpe de vapor sonoro. El Sol despertaba, la Luna, oculta durante toda la noche por las inclemencias, miraba con ojos tristes y compasivos antes de desfondarse por un horizonte impreciso e indulgente.


Rafael Martín (Palma de Mallorca, 12-02-2010)


domingo, 14 de febrero de 2010

ESPECIAL SAN VALENTIN. PROMETO SER BUENA JA JA JA JA JA JA.




Mira que lo he estado pensando si hacía o no una entrada en este día. Y al final como que ayer me decidí.

Ayyyyyy San Valentín, cuántos mitos hay alrededor de ti.

El más frecuente es ese que comparte mucha gente al opinar que éste es un día puramente comercial y que muchos ni lo celebran porque no entienden el por qué un ramo de rosas cuesta más en este día que en otro.

Se podría hacer una tesis al respecto, pero hoy me agarraré a la idea de que muchos hombres (vale también mujeres que también las hay), no todos, se encuentran forzados a eso, a regalar un ramo de flores por eso de que no van a quedar mal. Y señores… el no quedar mal, se paga.

Porque claro aquí estamos todas las mujeres modernas (vale también hombres que también los hay) diciendo eso de “no, si a mi no me importa que no me regalen en este día porque para celebrar el amor cualquier día es bueno…” ja ja ja ja ja ja.

Esperar que tengo otra frase mejor “Huyyyy flores, si es una pena que te las regalen, porque luego se marchitan”

Otra, otra, otra “Huyyyy bombones, a mi ni que me los regalen que luego me salen lorzas” ja ja ja ja ja ja.

Y UNA LECHEEEEEE que luego resulta que no nos regalan nada y vemos como a nuestra amiguita Pepita su amado le ha regalado un macro ramo de flores acompañado de una nota de esas que se te ponen los pelos como escarpias del puro amor que rebosa (casi me quedo sin aire escribiendo esto) y nuestra cara se pone más verde que el verde que acompaña a las flores.

Seamos honestos que a todas y todos nos gustan que sean detallistas con nosotros aunque no pidamos un crucero en el barco del amor, un fin de semana en paris o un diamante del tamaño de una naranja.

Y podría ser cualquier día, no digo que no, yo soy de las que se apunta a eso, pero vamos que luego llega este día y un “te quiero” o un poema, o una simple flor hacen mucho.

Por lo menos nos sirve para que mañana cuando volvamos al trabajo podamos decir “ay mi chico que detallista que mira que no nos gusta celebrar este día pero ayer tuvo un detalle conmigo que no veas”. Vamos que quedamos de lujo ja ja ja ja ja.

Como os contaba al principio lo que me ha hecho decidirme a escribir esta entrada es que ayer, vísperas del día V, fui a una floristería buscando un regalo.

EHHHHHH que mañana es el cumpleaños de mi madre, que quede claro. Ja ja ja ja ja

Y allí me encontré al entrar con varios hombres que estaban eligiendo ramo.

Es graciosísimo, mira que lo pasan mal (es que parece que les da vergüenza), pero entre todos una pareja llamo mi atención. Eran un padre y su hijo. Los dos habían elegido su ramo correspondiente, y el hijo, que era bastante joven, allí estaba tratando de escribir la nota que iba acompañar las flores para su chica.

El pobre se equivocó y tuvo que pedir otra tarjeta para escribir. Madre mía qué apurado se le veía. Y el padre de los nervios, mirándole, ja ja ja ja ja ja ja (claro como él ya era experto en esto).

Pensé que seguramente era el primer ramo que enviaba, y no pude evitar sentir algo de envidia, lo confieso. Si supiera su chica lo que le costó escribir esa nota, buscar las palabras perfectas para expresar un sentimiento… JODER ME ESTOY EMOCIONANDO Y TOOOOOO.

¿Es que no me digáis que no es bonito?

¿Os acordáis de vuestro primer regalo? Lo mismo ni siquiera fue en San Valentin, o a lo mejor sí, o a lo mejor ni nos acordamos de la fecha. ¿Y qué más da? Si lo importante es que se quedó como un recuerdo.

Hoy para muchos este día pasará a sus recuerdos y yo creo que eso es lo importante. Aunque pago por ver a más de uno atravesar las calles con esos ramos, muertos de la vergüenza por si les ve alguien conocido ja ja ja ja ja ja ja ja. Que no que una vez que lo tienes entre tus manos no se hace invisible. Ahhh a ver pedido muerteeeee.

Y no me enrollo más que me voy a salir a la calle para ver si veo aparecer una furgoneta de Interflora que traiga un ramo para mi. Ja ja ja ja ja ja ja. Porque entre bombones y flores: FLORES POR SUPUESTO, aunque se marchiten.

PARA TODOS VOSOTROS OS DESEO UN FELIZ DIA DE SAN VALENTIN, SEA HOY O MAÑANA O CUANDO SEA.

miércoles, 10 de febrero de 2010

EL DECIMO QUINTO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA. LA OFICINA.

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA



No sé en qué momento empecé a planearlo, pero si de algo estoy seguro es que ya no podía soportarle más.

Era un hijo de puta. De verdad que lo era. Cada día que llegaba disfrutaba riéndose de nosotros. Y su manera de dar ordenes no era otra si no la de un hijo de puta.

Recuerdo el día que mando a María hacer un informe de ventas porque tenía una reunión urgente. La pobre María, qué nerviosa se ponía cada vez que le hablaba, y él lo sabía. Cuando por fin lo acabó y se lo presentó, la avergonzó delante de todos nosotros preguntándola si ese era el trabajo de una licenciada en empresariales. La obligo a rehacerlo una y otra vez y cada vez le sacaba algún defecto.

Pero, qué sabía él realmente de informes de ventas, si nunca había estudiado, y eramos nosotros los que en las reuniones dábamos la cara. El sólo era la imagen, la firma, y un hijo de puta que disfrutaba sabiendo que tenía poder sobre las personas.

Está bien, intentaré no volver a decir que era un hijo de puta. Pero, que conste que lo era.

Pobre María, como se fue aquel día a su casa sintiéndose derrotada, humillada... Entonces me odié a mi mismo por no decirla que no iba a haber reunión y que él sólo pretendía atormentarla. Al día siguiente ya no volvió a trabajar, y me odie aún más. Pero yo no tenía la culpa. Realmente no la tenía.

Los días se pasaban viendo a este odioso personaje. Un tipo que en su día fue "compañero" y que ya por aquel entonces apuntaba maneras aunque intentara comportarse como uno más. Sibilino y de mirada poco fiable, destacaba por un increíble complejo de inferioridad que le impulsaba a apuñalarte por la espalda a la mínima oportunidad que tenía. Así que cuando le ofrecieron un puesto conseguido a base de pisar cuellos de otros, se creyó el rey del mambo.

¿Y que os podría contar de sus dos amiguitas?. Se suele decir "dime con quién andas y te diré quién eres", y estas personajillas eran lo que se suele denominar comúnmente como unas "trepas". Paloma y Lourdes encizañaban a este perro de presa, mordedor por su estatus, contra cualquiera que no hiciera las cosas como ellas querían. Y es que es lo que tiene el entrar a una empresa como "estrellas" cuando sus puestos los habían conseguido a base de...bueno, mejor me lo callo. Pese a su mayúscula incompetencia, se paseaban por la oficina como amas y señoras del lugar que, con los cambios que habían acontecido, era lo más parecido a una casa de putas.

Por las mañanas, al levantarme, iba a ponerme el café del desayuno y el solo hecho de pensar en salir en pocos minutos hacía esa jaula me ponía realmente enfermo. En ese momento empecé a barajar aquella idea, y hacerlo fue lo mejor que me pudo haber pasado. ¿Estaba volviéndome realmente loco la situación que estábamos viviendo yo y mis compañeros de toda la vida?. Sí, empecé a planear sus muertes.

Pero no podía decírselo a nadie...

Se podría pensar que hasta cierto punto es fácil diseñar el asesinato perfecto. Pero la verdad es que no lo fue; elegir el lugar, el momento, y sobre todo el arma a emplear, y lo más complicado, hacer que todo encaje en esa perfección fría y salir impune, aunque el orgullo quede oculto sólo para el artista. Pero bueno, siempre fui humilde y la fama... la fama no estaba hecha para mi.

La verdad es que me llevo mucho tiempo y, a veces, hasta me desanimé, pero luego volvía a ser testigo de su odiosa crueldad que se revolvía en mis entrañas y de esa nausea que me producían volvía a sacar fuerzas para continuar.

No dejaba de observarles, a pesar de mi repulsión hacia ellos, aprendiendo a andar en sus propias sombras para no perderme ningún instante de sus vidas.

En mi mente les regalé la muerte de múltiples formas hasta que por fin vi claramente cómo lo haría y no sería directamente con mis manos.

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Un correo electrónico:


From: palomagomez@hotmail.com
To: jrtenorio
@gmail.com
Subject: Hola cariño...
Date: Sat, 7 Ene 2009 02:06:49

No puedo dormir pensando en ti. He encontrado en el trabajo un lugar que no conoce nadie. Podríamos vernos allí a la hora de la comida. En los bajos del edificio hay un sótano con una puerta cerrada con llave. No te preocupes, me he hecho con una y estará abierta. Te esperaré ansiosa. Espero verte...Besos como y donde tu quieras...;)
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Al día siguiente Juan tenía una sonrisa un tanto especial. Incluso se podría decir que se dedicó un poco menos a "pisotear" al resto de sus subordinados. De vez en cuando se le escapaba una mirada cómplice hacia Paloma que era correspondida como era habitual en una "calienta-trepadora" como ella. Después reía y cuchicheaba con la otra arpía sobre lo especialmente simpático que estaba su jefe con ella ese día. A la hora de la comida, en lugar de dirigirse al comedor como de costumbre, siguió las instrucciones recibidas por mail. Bajó tres plantas de escaleras, encontrándose con un estrecho pasillo, tenuemente iluminado, que desembocaba en una puerta de metal. Lo atravesó y agarró el picaporte con sus manos sudorosas. Efectivamente la puerta estaba abierta.

Antes de entrar, tanteó la pared de la oscura pieza buscando un interruptor. "click". Una superficie que en su momento había servido de archivo y que, ahora mismo, ya no servía para absolutamente nada. No había ninguna ventana, tan solo una pequeña rejilla de ventilación por donde se renovaba el aire y que no podía librar a la estancia de una cierta humedad y olor a cerrado. De vez en cuando el sonido de tuberías, alcantarillado y el agua corriendo por ellas.

Mientras observaba se apagaron todas las luces. "¿Paloma?.....Paloma, ¿Estás ahí?". Y mientras decía esto apareció al fondo del pasaje un punto de luz que le apunto a los ojos. "Paloma, ¿Eres tu?...¡JODER QUE SUSTO ME HAS DADO!!!!". El fulgor de la linterna parecía que se iba acercando a saltitos..."¡COÑO PALOMA!!!!, ¡Deja ya de apuntarme con la lucecita a los ojos!!!!".

Se protegía la mirada mientras se le escapaba una risilla nerviosa. Cuando llegó a su lado sintió como le palpaba suavemente la entrepierna... "JAJAJAJAJAJAJAJA... Palomaaaa, ¿Has venido juguetona???...Te voy a dar yo juego..."...Y en ese mismo instante la risa se convirtió en alarido cuando sintió esa misma mano agarrarle con fuerza. No pudo evitar que el cuerpo se le encogiera y se le saltaran las lágrimas por el dolor. Un fuerte empujón hizo que cayera en el interior del antiguo almacén donde se quedó en posición fetal protegiéndose con las manos la zona dolorida.

Un portazo y unas vueltas de llave. "¡SOCORROOOOOOOOOOOOO!!!!! ¡SACAMÉ DE AQUÍ HIJO DE PUTAAAAA!!!". Pero los gritos eran en vano, lo único que hicieron fue amortiguar los pasos que se alejaban de aquella puerta y el que no percibiera como la rejilla de ventilación caía al suelo abriendo paso a una multitud de pequeñas patitas. Para cuando esos pequeños chillidos de colas como látigos llegaron a sus oidos ya era demasiado tarde. Treparon por su cuerpo y clavaron sus pequeñas cuchillas dentales por cualquier sitio que alcanzaban...Y si Juan conseguía desprenderse de una, tres ocupaban el lugar de esta...Hasta que llegó un momento en el que le fue imposible desprenderse de las agudas punzadas...
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Hoy es un día como otro cualquiera y al llegar al trabajo la verdad es que no me apetecía nada encontrarme con el "personaje" de todos los días. Pero la verdad es que todos nos hemos extrañado mucho cuando no le hemos visto aparecer por ningún sitio. Borja ha preguntado por él y ha dicho a María que en cuanto le viese le mandara para su despacho para tratar unos temas del proyecto nuevo....Al final ha tenido que llamar a su casa porque no aparece por la oficina. La mujer ha contestado llorando, esta preocupada porque ayer no llegó a casa a la hora habitual y no sabe nada de él desde que salió de casa a la mañana...




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lunes, 8 de febrero de 2010

EL CUENTO Nº65 DE LA LUNA OSCURA. UN VIAJE POR EL ALMA. EL CABALLERO TEMPLARIO.




En la oscuridad de la noche abrió los ojos la luna cerca de un puerto.

Su viejo amigo, el mar, le saludó en su despertar y le anunció que pronto se cubriría por una bruma que cerraría el paso a oriente.

Mientras trataba de adivinar en qué lugar se encontraba, escuchó las campanadas de la antigua iglesia templaria. Un triste tañido evocaba, en cada golpe, un tiempo en el que los guerreros habían desembarcado en la tierra que les conduciría a su hogar.

Y entonces, supo la luna dónde se encontraba aquel día.

Tiempo atrás, en una noche como aquella, en ese mismo lugar, compartió la oscuridad con un caballero supuestamente invencible por la fe que procesaba y que, abriéndose paso a través de su luz, buscaba un lugar en calma para hincar sus rodillas y poner fin a su viaje.

Apartado de sus compañeros, que celebraban el retorno, supo que él no volvería a su hogar. Estaba agotado por la guerra y comenzaba a sentir como las heridas de su cuerpo volvían a renacer aumentando el sufrimiento de su propia devoción.

La luna percibió el gran desconsuelo del alma de aquel hombre y él, al sentir su luz, trató de ocultar las lágrimas buscando su propia sombra. Ningún caballero se prestaría a llorar y menos ante una dama como aquella.

Cerca del mar trató de respirar hondamente, buscando algo de paz, pero la sal impregnada en la brisa nocturna hizo que ardieran aún más las cicatrices abiertas.

Sintiendo el dolor, suplicó al cielo una lluvia que borrara el olor a muerte impregnado en su corazón; una lluvia que le hiciera perder el sentido y la consciencia de lo vivido. Necesitaba olvidar toda la sangre derramada por un motivo que, desde la última batalla, había empezado a tambalearse.

Trató de recordar su vida anterior, pero su juventud parecía perderse en el recuerdo de ceremonias en las que su fervor lo era todo. Sólo la imagen de su anciana madre, el día de su partida, parecía haber sobrevivido y su corazón se encogió de nuevo.

Quizás su última víctima también tuvo una madre que ahora lloraría con desgarro por la muerte de su hijo en las arenas del desierto.

¿Qué Dios podía permitir que unas madres sufrieran tanto?

Tiempo atrás hubiera entregado su propia vida en el fragor de la batalla tratando de proteger su cielo, pero quizás la cordura le había ido abandonando con cada golpe de su espada haciendo tambalear su propia fe.

Desenvainando a su compañera por última vez sintió el reflejo de la luna sobre su filo. Pero supo que ni siquiera su dama podría hacer desaparecer los restos de sangre y entonces comenzó a llorar, sin tapujos, mientras la clavaba ferozmente en la tierra pronunciando su último juramento, renegando de la casa que le enseñó a matar.

Cuentan que con el alba sus compañeros, al sentir su ausencia, comenzaron a buscarle pero únicamente encontraron cerca del mar su espada clavada. Nunca más se supo de él. Algunos dijeron que desapareció huyendo de los honores que recibiría al llegar a la capital del reino. Otros que se recluyó en un Monasterio hasta los últimos días de su vida.

Quizás sólo la dama blanca y aquel mar fueron los únicos en conocer el destino de aquel guerrero, pero eso amigos es otra historia…