Una vez, siendo niña, sentí la soledad de su resplandor, aquel brillo perdido en la inmensa oscuridad, sólo quebrada por el leve fulgor de las estrellas, sus eternas compañeras. Aunque nunca negué su belleza, no pude evitarlo, me compadecí tanto de aquel extraño destierro que en mi inocencia, fui haciendo mío y me imaginé que era una mujer...

martes, 12 de febrero de 2013

DE MUJERES, PRÍNCIPES Y RANAS... LA VERDADERA HISTORIA DEL PRÍNCIPE QUE QUERÍA CONVERTIRSE EN RANA.



A ver cómo empiezo este relato…

Erase una vez un príncipe que quería ser rana…

Que sí, que es verdad, aunque no es un cuento y hoy cada vez existen más príncipes que quieren convertirse en ranas, algunos hasta en sapos… No digo todos eh…

Como os lo cuento. Aquí, una, toda la vida se la pasa esperando a encontrar a ese ser maravilloso de cuento de hadas y cuando se lo encuentra, que no, que él quiere ser rana.

Después de meditar mucho sobre esta cuestión y de darle muchas vueltas, he llegado a una conclusión: Un príncipe quiere ser rana solamente cuando conoce a una mujer verdaderamente especial; tan especial que sabe que en algún momento le hará elegir entre ser alteza y hombre y claro,  eso de renunciar a ser lo que se quiere ser es muy duro. Lo entiendo perfectamente. Es más fácil ser rana.

A ver, en parte es comprensible porque uno no se convierte en príncipe sin más. No, serlo conlleva una responsabilidad enorme. En primer lugar hay que mantenerse siempre en forma porque eso de ir enamorando a damiselas requiere una gran preparación,  porque uno de los principales cometidos de esta especie de infantes es esa, la de encandilar y sembrar suspiros a su paso. Pero no, no os creáis que son tan insustanciales porque, en segundo lugar, son representantes de un idealismo firme y defienden a capa y espada la libertad (la suya, claro) y cuando la sienten en peligro, sobre todo por culpa de alguna mujer, pues eso acaban convirtiéndose en ranas porque a pocas mujeres nos gustan las ranas…

La pena de estos príncipes es que se han quedado un poco anticuados y no se han percatado que hoy en día muchas mujeres respetan casi más que ellos el sentido de la libertad porque han tenido que luchar mucho más que ellos para conseguirla y disfrutarla. Por eso cuando se encuentran un príncipe que quiere convertirse en rana lo reconocen en seguida y permiten que sean lo que ellos deseen…

Erase una vez una mujer que a la salida de una discoteca perdió las llaves de su coche.

De pronto, apareció un príncipe hermoso y galante que le dijo… “No llores princesa. Si prometes invitarme a cenar y a dormir en tu cama,  yo encontraré las llaves de tu coche”.

Joder era muy tarde y ella pensó “Como no le lleve al mac auto…”. Pero accedió (no siempre le llaman a una princesa).

Pasada una hora, el príncipe con mucho empeño seguía busca que te busca y ella apoyada en su coche siguió pensando “Desde luego… Lo que son capaces de hacer algunos príncipes para echarte un polvo… Mírale, ni me habla”

A punto de dar las dos de la mañana, la mujer se cansó de pensar en silencio y llamó con su móvil a su aseguradora que envió una grúa y un taxi. Sí, podía haberlo hecho desde el primer momento pero es que, lo dicho, una tampoco se encuentra así como así con príncipes y quería saber a qué reino pertenecía.

Al verla subir al vehículo, el príncipe le dijo con cierta desesperación “¿No pensarás dejarme aquí que llevo casi tres horas buscando las condenadas llaves?”

Y ella le respondió… ¿Tú has leído alguna vez el cuento del príncipe rana?  Pues habrás de saber que las promesas están para cumplirlas…

Me parece que el príncipe no entendió el significado de aquellas palabras, pero era muy tarde para averiguarlo y aunque le dio cierta penilla, supo que si le llevaba con ella, al día siguiente seguramente amanecería al lado de una rana, porque aquel príncipe no buscaba las llaves por ella y ni siquiera las había encontrado.  Así que con pena y todo, allí le dejo croando, eso sí más libre que una perdiz.

Nota de la autora: Podía habérmele cargado, lo sé, pero en esta ocasión me he conformado con permitir que fuera rana porque yo también soy de las que defienden la libertad de las personas de ser lo que deseen ser. Valeeee, también soy una defensora de los derechos de los animales.

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