Una vez, siendo niña, sentí la soledad de su resplandor, aquel brillo perdido en la inmensa oscuridad, sólo quebrada por el leve fulgor de las estrellas, sus eternas compañeras. Aunque nunca negué su belleza, no pude evitarlo, me compadecí tanto de aquel extraño destierro que en mi inocencia, fui haciendo mío y me imaginé que era una mujer...

lunes, 4 de febrero de 2013

"MARIPOSAS EN EL ESTOMÁGO. LA VERDADERA HISTORIA DE LA MUJER MARIPOSA"



La verdad es que hasta el momento en que le conocí yo era una mujer normal que llevaba una vida normal, en una ciudad normal, con un trabajo normal…

No pensé nunca que las cosas pudieran cambiar tanto para mí pero en nuestra segunda cita me besó y empecé a sentir cambios extraños en mi interior.

Hasta llegué a pensar que estaba enferma; no tenía ganas de comer y un no sé qué parecía agitarse continuamente en mis entrañas, algo que ni siquiera conseguía aliviarse cuando volvía a estar con él.

Incluso fui al médico. ¿Su diagnóstico? “Señorita usted tiene mariposas en el estómago”

Oh Dios mío, qué hermoso me pareció aquello pues no podía imaginar un insecto más maravilloso que aquel (peor hubiera sido que me dijera que tenía cucarachas o escarabajos peloteros, pero no, eran mariposas que yo imaginaba con colores brillantes).

Desde ese momento, mi vida dejó de ser normal. Me encantaba sentirlas dentro de mí y hasta me daba miedo abrir mucho la boca por si se escapaban.

Después, después nos casamos y durante los primeros años se fueron multiplicando hasta el punto que a veces, cuando iba a comprar, al andar sentía como mis píes flotaban.

 Sí, fueron unos años maravillosos. Pero pasado un tiempo aquél que había logrado que dicho fenómeno se produjera en  mi interior, comenzó a cambiar, a transformarse… Sus besos comenzaron a ser menos frecuentes y empecé a sentir cada día menos mariposas.

Cada vez que una dejaba de aletear, no podía evitar llorarla con un sentimiento de tristeza que nunca imaginé que podría experimentar.

Hice todo lo posible por recuperarlas pero a pesar de mis intentos no lo logré, hasta que sólo quedó una.

El día que él me anunció que me abandonaba percibí claramente como si le clavaran un puñal a mi última mariposa.

Y sí, señoría, en un intento por salvar su vida, le maté a él y le di tantas cuchilladas como mariposas él había matado.

Sí, se podría decir que definitivamente fue en defensa personal… 

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