
Aquella noche volvía de regreso a Manhattan después de otro día duro de trabajo. Como siempre, en el metro, me refugie detrás del periódico aislando mi mundo, vaciándolo.
Poco antes de que el tren llegara a mi parada me levanté, me acerqué a la puerta, y allí estaba ella de espaldas a mí con una figura peligrosamente moldeada, con unas curvas que casi rozaban la perfección de la palabra mujer.
Mirando a su alrededor observé cómo nadie de los que compartían con nosotros el vagón había escapado de sus terribles encantos, y leí en el rostro de ellas la envidia y en el de ellos el deseo.
Un último frenazo del tren a mi favor y aquella mujer se tambaleó contra mi pecho, rozando mi mejilla con su melena ondulada y fragante.
Nunca olí un perfume igual…
Y entonces… el deseo en mi rostro, al tiempo que girándose hacia mi se excusó con aquella sonrisa sigilosa que prendió la luna de aquella noche y la tiño por momentos de caoba, el color de su pelo.
Las puertas se abrieron y ella emprendió su camino con paso rápido y decidido. El mío, el de la perdición.
No sé qué paso por mi mente en aquel instante. Bueno, sí lo sé, su sonrisa seductora, sus labios tersos, suaves, aquellos ojos oscuros como el terciopelo negro, y su cuerpo… aquel maravilloso cuerpo.
Siguiendo un impulso comencé a seguirla. Nunca había hecho nada igual pero tenía claro que no quería que aquel momento se desvaneciera.
Guardando las distancias fui enloqueciendo poco a poco contemplando cómo caminaba, expiando la desnudez de aquellas piernas esculpidas finamente y que se adornaban con unos zapatos negros de tacón de aguja, que a cada paso se clavaban más en mi.
No sé cuántas calles atravesamos. Por momentos pensé que ella era consciente de mi persecución. Y yo, hipnotizado con sus pasos.
De pronto todo empezó a resultarme familiar. Habíamos llegado cerca del bloque de pisos donde yo vivía y empecé a estar seguro de que aquella mujer sabía perfectamente lo que estaba haciendo conmigo.
Me apresuré, tenía que alcanzarla, pero de repente de nuevo el ruido del metro, y antes de que la puerta se cerrara tras ella, se giro para mirarme y rematar su obra de seducción.
Y yo... inmóvil frente a ella.
Mientras moría lentamente perdido en su boca, el tren inicio de nuevo su marcha, alejándola de mí.
Sí... Estoy convencido... ella sabía perfectamente lo que estaba haciendo conmigo.

Sucedió en Manhattan!
ResponderEliminarUna pura historia neoyorkina, donde se cruzan las miradas y los pensamientos se idealizan.
Genial!
Saludos
Niñaaaa, entre la música que me fascina
ResponderEliminary el relato...ufff...qué temazo!! te ha quedado bordado...puedo imaginar cada movimiento...
Un beso wapa!!!
HOLA GUAPA MUY BUENA HISTORIA O RELATO TE FELICITO UN BESITO Y UN FUERTE ABRAZO
ResponderEliminarLlevaba tiempo sin leerte y me alegra volver a hacerlo.
ResponderEliminarBesitos mágicos.
Maravilloso.
ResponderEliminarVuelves con fuerza y energia.
Besos.
Vosotras, las mujeres de verdad (más allá de la "perfección o no" en las formas), siempre sabéis de sobra lo que hacéis. Siempre.
ResponderEliminarHe leído varias veces el relato y a cada lectura más me gusta.
Abrazos.
y como no iba saber...pocas veces las mujeres andamos a tontas y locas...
ResponderEliminarabrazos
Me eriza la piel cada palabra, cada párrafo que se desliza buscando una aventura única.
ResponderEliminarMe preguntó una amiga: ¿A quién le dedicaste el escrito de Luna? A lo cual respondí: "pues a nuestra confidente" Acaso no es la única que puede guardar todos los secretos terrenales...
"Gracias por el Comentario en mi blog, me ácarició más de un suspiro saber que alguien ha atravesado por mis lineas"
Te estaré visitando.
Un fiel y atento servidor.
por cierto hoy publiqué otro escrito,
ResponderEliminarme encantaría compartirlo con vuestra persona.
Tu fiel servidor y admirador...
Me encantan este tipo de historia. Donde se teje el presente, la imaginación, los ensueños y se desdibuja el tiempo para quedar, finalmente, mordiendo la cola como en un bucle imposible de impedir.
ResponderEliminarMi enhorabuena escritora de cuentos.
BESOTE.
P.D.: Son de los que me motivan réplica pero, no temas, solo tomo nota, me gustó y creo tenerlo en cuenta en un futuro como inspiración, ya dejaré señales de su copyright en todo caso.
ohhhh... esta versión y la Elvis me fascinan.
ResponderEliminarTodo controlado, lo tenéis siempre todo controlado... hasta que perdéis el control.
Genial.