
Mientras se preparaban para pasar la noche nuestro mercader sintió en su interior que algo malo pasaba. Y, ya caída la noche, vio como su mujer comenzaba a desagarrarse en sus entrañas.
Y, aunque hubiera dado la vida por ella, no consiguió salvarla.
Así nació aquel niño, entre sangre y lágrimas, de madrugada.
Por un momento el mercader pensó dejarle a su suerte. Le odiaba. Pero se sintió vigilado, era la luna que con su brillo y su luz le amenazaba. Y por miedo, le recogió en sus brazos , le ayudo a respirar, y en su primera bocanada, el despertar a la luna blanca. Y, en su último destello, ya llegando el alba, la promesa de la luna de que a ese niño amor y protección nunca le faltara.
Cada noche, la luna visitaba al niño, y era testigo de como el padre su amor le negaba. Y cada noche hablaba con el hombre y estas palabras pronunciaba: "Lloras por la muerte de tu mujer, y no lloras por el cariño que niegas. ¿Pues no ves que es el mismo amor, y que no hay diferencia?"
Pero el mercader no escuchaba, y cada día su odio y rencor por el niño aumentaba. Y mientras nuestra luna con el niño jugaba, el mercader sólo oía las carcajadas. Y también las odiaba.
Hasta que una noche no las soportó más, y amenazo a la luna de que si volvía a acercarse al niño, le mataría al llegar el día.
Y la luna por miedo a que aquello sucediera, dejo de visitar al niño. Fue el tiempo de luna nueva.
La casualidad de la vida, hizo que una noche, el mercader y su hijo pasaran cerca de aquel claro, y aunque el hombre lo dudó al final decidió parar allí.
Aquella noche salió una luna más brillante que ningún día. Y el niño al verla, le extendió los brazos, y el padre al verla juro que si se acercaba cumpliría su promesa.
Ante el abandono de la luna, el pequeño comenzó a llorar hasta tal punto que su pequeño corazón se quebró. Y al sentirlo, la luna le dio un regalo. En su brillo, la imagen de su madre, acercándose a su niño, recogiéndole con tanta ternura que el llanto del niño se apaciguó y por un momento sintió la calidez de los brazos de una madre. Y en ese regozijo se murió.
El padre al verla sintió tal emoción... No podía creerlo, era su mujer, su amor. Gritó su nombre, pero ella no le habló, tan solo le miro con pena y, con más fuerza apretó a su niño contra su corazón.
Cuando la madre y su hijo se fueron, el mercader comenzó a gritar con el dedo amenazante "tú, luna, tú tienes la culpa"
Y apiadada de ese hombre porque no veía más allá de la falta de amor que sentía, quiso acercarse a él, tenderle su mano blanca. Pero el hombre no quiso el consuelo, y se quedó en ese claro odiando.
Hasta que el odio y los años acabaron con su vida.
Pero cuentan algunos, que la noche que murió nuestro mercader, bajo el destello de la luna se vieron tres figuras, una madre, un niño, y un hombre.
Y yo necesito creer que ese hombre, sí ese hombre, era el hombre que tanto había odiado a la luna.
Me gustó, no se decirte mas, me dejas sin palabras. Un bso.
ResponderEliminarEra en un claro perdido por olvidados caminos dode la Luna hizo el milagro de la aparición de la madre desaparecida a su desconocio niño. La tragédia del mercader insensible quedó plasmada en cuento hermoso de fondo oscuro. Luna nueva augura nuevos relatos callados en el tiempo y arrincnados en las sombras.
ResponderEliminarUn BESOTE y SALUDO.
Hola Ana...
ResponderEliminarUna vez más, nos muestras la parte de ser humano que debemos cambiar..El egoismo, aún en el amor, vive solapado, al acecho permanente...
El amor de ser libre sin ataduras, si no es así...no es amor¡¡¡
Un abrazo
Osvaldo
Tengo alguien cercano que tuvo que celebrar su cumpleaños siempre subiendo al cementerio, es muy triste, "araña" el corazón...si.
ResponderEliminarTu relato como siempre es precioso de verdad.
Esperamos la siguiente entrega.
Besos
Triste historia. Triste por que recuerda el gran egoismo del que somos victimas o verdugos, a poco que nos descuidemos.
ResponderEliminarAbrazos.
Manolo
Una vez más...Precioso!!!! Cuando leía lo de la muerte del niño, se me ocurría otro final...distinto pero con "moraleja" similar. En cualquier caso, me estoy enganchando a tus cuentos...
ResponderEliminarBesos Ana de la Luna Osura...
Hola ANA,cuanta sensibilidad y dulzura muestras,
ResponderEliminarTu y tus historias, llenáis de luz a quienes te leemos.
Abrazo desde tu luna.
jolines niña me has dejado sin palabras, es precioso el relato, y recuerda nunca llegas tarde,lo importante es llegar y yo me alegro que lo hagas, un besito reina
ResponderEliminarJAJAJAJAJAJAJA...Era por mantenerte con la intriga!!!... Venga va:
ResponderEliminarY apiadada de ese hombre porque no veía más allá de la falta de amor que sentía, quiso acercarse a él, tenderle su mano blanca. Pero el hombre no quiso el consuelo, y se quedó en ese claro odiando...El odio había crecido tanto en él que le había alejado del cariño que le proporcinó su hijo y la "reina blanca" anclándole. Arrepentido, al darse cuenta del gran error cometido, sus brazos se levantaron buscando el consuelo de la luna. Y permaneció allí llorando.
Hoy día, si pasas por ese claro en el bosque, justo en el centro, puedes ver un árbol cuyas raíces le aferraron un día fuertemente a la tierra, pero con unas ramas tal altas y rectas, que se diría que quisieran acariciar a la luna...Con el tronco cuajado de rocio.
Besos A.L.O.
Me ha encantado el cuento, triste pero muy lindo.
ResponderEliminarUn abrazo guapa.
Madre mia mi niña me has dejado alucinada, que presiosidad los de mecano se quedaron cortos los has ganado con creces jejejej escribes con una sensibilidad enorme...me encanto Ana...te mando mil besos
ResponderEliminarAhhhmmm, que bello cuento, me ha encantado, francamente bello!!
ResponderEliminarMe has dejado impresionada te quedo precioso mucha sensiblidad y tristeza por el final.
ResponderEliminarCon cariño
Mari
Ana...Me has puesto los vellos de punta...Precioso...
ResponderEliminarMuchos besos guapa.
Qué bonito y a la vez qué triste, pero me encantó...es un placer leerte.
ResponderEliminarBesos!!!
Que triste cuento, pero al mismo tiempo con mucho amor y ternura, la madre, la luna al final lograron proteger a su niño.
ResponderEliminarQue bonito!
Besos!
del amor al odio hay un paso... cuántos no saben distinguirlo y cometen ese error....
ResponderEliminarcomo siempre me ha encantado tu cuento. Ahora me voy que me llama un destello....
Besitos
Que buena luna incondicional como el amor de una madre.
ResponderEliminarQ después de todo, perdona y baja a por el padre.
besitos albondigueros
(cambie la url)
No entendió que en el niño iba el amor de la madre... sólo la luna podía ayudarlo y se negó.
ResponderEliminarNo sé si la madre perdonaría eso. No sé...
El cuento es tan triste...
Un beso enorme.
Que belleza de historia aunque triste tiene su sentido,me ha encantado leerla.
ResponderEliminarUn besito con todo mi cariño.
p.D.Perdona mis ausencias pero estuve ausente,gracias por estar siempre hay.
Me ha gustado la historia, aunque un poco melancólica. Un saludo
ResponderEliminar¡ Que linda eres!. n abrazo. milagros
ResponderEliminarHola Ana,como estas,como siempre,tu cuento impecable,cada vez leerte es mas placentero,te invito a mi blog,yo seguire pasando por aqui siempre y acuerdate que tengo otro blog que trata solo de cuentos y como te gustan tanto me gustaria que los puedeas leer,si te interesa hazmelo saber por favor,te mando un fuerte abrazo.
ResponderEliminarCuánta maldad que hay en el ser humano:(
ResponderEliminarCreo que a veces nos habita más la maldad que la bondad entre los hombres...*uto egoísmo carajo:(
La historia me tocó de cerquita el corazón:(
Besos mi preciosaaaaaa niña!!!
Feliz fin de semanita tocayita!;)
Luis Chamizo lo hizo verso.
ResponderEliminarLo podéis encontrar en:
http://mamapaez.blogspot.com/2009/03/los-nacimientos-en-el-foro-trajeron-mi.html
Que bonito final, el hombre se arrepintio y aprendio a querer al igual al niño y a soportar a la Luna!!!
ResponderEliminarOtro bonito relato!!!