Una vez, siendo niña, sentí la soledad de su resplandor, aquel brillo perdido en la inmensa oscuridad, sólo quebrada por el leve fulgor de las estrellas, sus eternas compañeras. Aunque nunca negué su belleza, no pude evitarlo, me compadecí tanto de aquel extraño destierro que en mi inocencia, fui haciendo mío y me imaginé que era una mujer...

domingo, 15 de noviembre de 2009

SÍ, QUE LO SE, QUE ESTE MES EL POSTMOLITAN IBA CON RETRASO. ABSTENERSE LOS QUE TENGAIS FIEBRE. JA JA JA JA JA PORQUE OS SUBIRÁ.




Lo prometido es deuda, y aunque este mes viene con retraso he decidido publicar mi especial postmolitan.

Aunque no lo creáis la semana pasada entre limpieza y limpieza conseguí echar un vistazo a esta revista que tan buenos momentos me hace pasar.

Escribir este post, en cambio, esta semana me ha costado un poco más. ¿Por qué? PORQUE ESTOY MALITA, POBRESITA DE MI, CON UNA FARINGITIS DE CABALLO E INVADIDA DE MOCOS. Pero no es gripe A, así que podéis visitarme tranquilamente que no os voy a contagiar naita ná.

Pero vamos a dejarnos de compadecernos y a centrarnos. Llevo meses cuestionando algunos artículos de esta publicación, sobre todo porque creo que no son lo suficientemente claros a la hora de hablar de determinadas cuestiones, sobre todo las que atañen a las relaciones entre hombres y mujeres, en las que en vez de hablar claramente y poner nombre a las cosas, tratan a sus lectores de una forma un tanto inocente.

Cuál ha sido mi sorpresa cuando este mes me he encontrado un artículo titulado "LAS DOS COSAS MÁS CALIENTES QUE PUEDES DECIR EN LA CAMA", y que va destinado a nosotras las mujeres.

Ya solo el título hizo que se me pusiera la piel de gallina, pero pensé "Ana, aquí hay trampa seguro".

Y, claro, encontré la trampa, y es esa obsesión que tiene esta revista por las películas porno.

Cito Textualmente " LAS PALABRAS PUEDEN AUMENTAR LA INTENSIDAD EMOCIONAL Y FÍSICA DE LA EXPERIENCIA SEXUAL. SUENA GENIAL PERO ¿QUÉ PUEDES DECIR QUE NO TE HAGA SENTIR RIDÍCULA? A MENOS QUE SEAS UNA ESTRELLA DEL PORNO Y TE SIENTAS COMODÍSIMA CHILLANDO "DAME FUERTE MACHOTE".

Vamos a ver, vamos a ver porque al final me voy a cabrear, y hoy encima estoy con la regla...

Sigo pensando que en esto del sexo hay una libertad tan grande que primero nadie debería sentirse ridículo, a no ser que no tengas confianza con tu pareja o en ti misma, y segundo, que si te apetece gritar y decir DAME FUERTE MACHOTE, eso no te va a hacer parecer una estrella del porno, y si te lo hace parecer ¿qué hay de malo?.

Pues anda que no habrá mujeres que griten, arañen, giman mucho más fuerte que como lo hacen en las películas, y digan expresiones que quizás no entran en la cabeza de quién ha escrito este artículo, ja ja ja ja ja ja ja ja. Si yo te contara, amiga mía.

Y es que al parecer según esta revista hay mujeres que no se sienten sexys hablando en la cama y prefieren permanecer en silencio.

Pues esta revista propone dos expresiones, porque si no dices nada que sepáis que os estáis perdiendo mucho. Nota en contra: a veces un sexo de estos silenciosos, de los de "que no nos escuche nadie" tiene también un morbo increíble.

PRIMERA EXPRESIÓN. PARA SU PLACER (se refiere al de los hombres, ya sabéis que primero siguiendo anteriores artículos hay que buscar siempre su placer. UNA LECHEEEEEEE). Y la expresión ganadora es "ME CORRO". Que sí, que de verdad han puesto esta expresión. Yo tampoco me lo podía creer, os lo juro.

Cito "A los hombres les vuelve absolutamente locos esta frasecita. No sólo demuestra que tu pareja te está dando placer y satisfacción, sino que el placer es tan intenso que has perdido el control y dices lo que se te pasa por la cabeza".

¿Qué dices lo que se te pasa por la cabeza? Será que a partir de ahora dirás lo que te dice el cosmopolitan. ja ja ja ja ja.

Repetir conmigo, me corro, me corro, me corro, así hasta cien veces, hasta que llegado el momento pueda saliros de una forma expontánea. Ja ja ja ja ja ja ja. Menos mal que la frase no era supercalifragilistocoespialidoso. No, es una frase sencilla, y que de verdad que a veces sale sin pensarla.

Joder nunca intento dar consejos, pero que lo que digais sea expontáneo porque si teneis que empezar a pensar qué teneis que decir, al final el "me corro" no saldrá porque se os irá el punto.

SEGUNDA EXPRESIÓN.PARA TU PLACER (menos mal que se acordaron también del nuestro). Es una sencilla formula. "ME ENCANTA CUANDO (VERBO) MI (PARTE DEL CUERPO)"

¿Os habeis enterado? ¿NO? Tranquilos que nos ofrecen tres ejemplos.

1. "ME ENCANTA CUANDO ACARICIAS MIS MUSLOS" hummmmm, y a mi, no te digo.
2. "ME ENCANTA CUANDO BESAS MI CUELLO", buffff es que el cuello pone mucho.
3. Esta es la mejor "ME ENCANTA CUANDO CHUPAS MIS PEZONES". Joderrrrr "chupar" y "pezones" en la misma frase. Te digo yo que los del cosmopolitan están que se salen. ¿No será que han empezado a ver películas porno para inspirarse? ja ja ja ja ja ja ja.

Tengo los pelos como escarpias, lo que yo os diga.

Entendéis ahora cuál ha sido mi sorpresa este mes. No puedo por menos sino felicitar a esta publicación porque bueno algo es algo, y empiezan a llamar a las cosas por su nombre.

Aunque me encantaría leer un día un artículo titulado "SE UNA ESTRELLA DEL PORNO EN LA CAMA", entonces sí, entonces prometo dejar de leerla, pues mi trabajo habrá finalizado. Aunque después tendría que buscar otra revista porque en el fondo me encanta sacar la pega a todo.

Y ahora os dejo, voy a ver si intento ser persona, me tomo un café y todas las medicinas que me han mandado que me quiero poner buena pronto.

Un besito muy fuerte a todos y feliz semana.

Y por supuesto un video, y espero que no me suba la fiebre, ja ja ja ja ja. La Union -Mas y mas


jueves, 12 de noviembre de 2009

EL DÉCIMOTERCER CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: UNA CITA INESPERADA

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA




Estaba apurando el último cigarrillo que le quedaba mientras lo acompañaba con un café con una gota de leche, lo justo para clarear un poco la oscura infusión, y una también mínima dosis de azúcar. Comenzaba a despuntar el día aunque el sol no aparecía por ningún lado. Unas nubes espesas y cargadas se habían hecho fuertes en el cielo liberando tanta agua que pareciera un nuevo castigo divino. Mirando por la ventana prácticamente lo único que se apreciaba era una líquida cortina renovada constantemente por lo que estaba cayendo. Era una lluvia triste, gris, desapacible... de esas que no solo mojan el paisaje si no también las almas. Última calada, casi fumándose un filtro sostenido entre sus dedos amarillentos por la nicotina.

Debía comenzar la jornada pese a haber pasado otra noche en vela. Sí, otra, la verdad es que Hacía mucho tiempo que había renunciado al sueño que regalaba la noche, y en su lugar trataba de encontrar respuestas en ese desvelo tan frío como esa lluvia sin amanecer.

Realmente sentía como si el sillón se hubiera fusionado con su cuerpo impidiéndole incorporarse. Un esfuerzo más, mientras emitía un gruñido que salía de sus entrañas, y vuelta a la monotonía de un día más.

Mientras cerraba la puerta y el agua comenzaba a mojarle deseo no volver a abrirla.

En la calle, la gente, entre paraguas oscuros, caminaba apresuradamente buscando huecos para evitar un contacto que detuviera su marcha. Pero él caminaba al mismo paso de siempre, sintiéndose invisible entre las personas, como cada día, y compadeciéndose de su simplicidad porque él sabía que el tren llegaría a la misma hora.

Cuando subió al vagón sintió ese calor húmedo casi nauseabundo, y las miradas furtivas de sus acompañantes viciando aún más el aire. Y uno a uno los examinó mientras ellos se escondían tratando de fijar la atención en algo que evitara comprometerles. Tan sólo una anciana le miró a los ojos. Hacía tiempo que nadie lo hacía. Pobre anciana, quizás sabía que la muerte estaba cerca.

Una voz enlatada anunció la llegada a la estación en la que se bajaba y no sin dificultad se acercó hacia las puertas. Las abrió de manera mecánica, como todos los días , y se encaminó hacia las escaleras que le llevaban a la gris calle rodeado de otro montón de personas que andaban y se movían con el mismo automatismo que él. Y en el trabajo más de lo mismo. El regreso a su casa fue como una imagen especular de la ida al trabajo...lineal, un calco al viaje matinal si no fuera por la más pronunciada ausencia de luz.

Subió las escaleras arrastrando los pies con la mirada fija en huellas y contrahuellas. Al abrir la puerta acercó la mano hacia la pared de su derecha para dar al interruptor que encendía una bombilla de resplandor tenue y mortecino. Al dirigirse a la habitación para cambiarse de ropa pasó por delante de la pequeña salita de estar y, sin darse cuenta en un primer momento, paró en seco volviendo un par de pasos de los dados.No la esperaba. La vio sentada en un viejo sillón de roja tela desgastada esperando paciente. El tapizado del asiento contrastaba con la negra vestimenta y la palidez de la piel de la hermosísima dama de cabellos negros y ojos profundos.

Tanto la había esperado que ahora, al tenerla frente a él, sintió. Hacía mucho tiempo que no lo hacía, pero ni en la mejor de sus fantasías había podido imaginarse que le resultara tan bella. Era inevitable no sentir.

No quiso parecer débil, pero fuera de la angustia que respiraba en su vida ya casi había olvidado esa sensación de emocionarse. No, no era miedo, era casi felicidad.

Un segundo más en silencio. Ella no tenía prisa y podía esperarle pacientemente pues cada noche había oído como la llamaba. Y ya no cabía el arrepentimiento porque él la miraba fijamente a su rostro.

Nunca se cuestionaba esas últimas miradas, simplemente cumplía su misión como cada día, como cada hora, minuto, segundo. Pero se fijo en sus ojos y en ellos se vio así misma, hastiada de la muerte.

No quiso parecer débil, no quiso sentir, no quiso emocionarse.

Rebelándose contra esa sensación se levantó y se dirigió hacia él para darle su beso y poner fin a ese momento que duraba ya mucho.

Al posar sus labios sobre los de él sintió su paz. Todo había terminado.

Estaba apurando el último cigarrillo que le quedaba mientras lo acompañaba con un café con una gota de leche, lo justo para clarear un poco la oscura infusión, y una también mínima dosis de azúcar. Comenzaba a despuntar el día aunque el sol no aparecía por ningún lado. Unas nubes espesas y cargadas se habían hecho fuertes en el cielo liberando tanta agua que pareciera un nuevo castigo divino. Mirando por la ventana prácticamente lo único que se apreciaba era una líquida cortina renovada constantemente por lo que estaba cayendo. Era una lluvia triste, gris, desapacible... de esas que no solo mojan el paisaje si no también las almas. Última calada, casi fumándose un filtro sostenido entre sus dedos amarillentos por la nicotina.

Otra vez había soñado despierto con ella y de nuevo le había abandonado en la vida.


martes, 10 de noviembre de 2009

EL CUENTO Nº51 DE LA LUNA OSCURA. UNA NOCHE DE SILENCIOS ROTOS.




A pesar del frio, aquella noche el cielo amaneció en la tranquilidad, y la luna, al despertar, respiro hondamente llenándose de ese silencio que tanto le gustaba.

A su alrededor todo parecía estar dormido, incluso las estrellas. Pero a pesar de aquella quietud sintió que al igual que ella alguien se encontraba más allá de las luces que la rodeaban, y al acercarse a la gran ciudad descubrió a aquella mujer rubia de melena ligeramente ondulada, que vestida de negro, contemplaba el horizonte, desde la terraza de su piso, con la mirada perdida, mientras fumaba pausadamente.

Al mirarla a los ojos sintió un abismo casi gélido y no pudo evitar acercarse aún más a ella.

Y al alcanzarla, inspirada por la ternura que siempre la producía el dolor, la abrazó con su luz hasta que atravesó su oscuridad y logró escuchar los latidos de un alma que pugnaba por salir.

“He vivido en la incomprensión de mi tiempo, condenando las palabras de mi corazón a un silencio en el que aprendí a vivir utilizando un lenguaje que a nadie asustara, y soñando entre los espacios de las palabras nuevas.

Me convertí en la perfección de la mentira de mi vida por miedo a hacer daño a los que un día me quisieron sin saber realmente quién era.

Y hasta yo me creí mi engaño, y dejé de sufrir por mi encerrándome aún más en una vida que no era la mía, en un cuerpo que ha sido mi prisión.

No puedo evitar odiarme por ser la cobardía.

Hoy la enterraron. Enterraron a mi amiga, a mi amor, a mi todo. Y no fui capaz de gritarlo, de llorarlo para que el mundo se enterara, ni cuando la tierra cubría la madera clamando más que yo.

Miedo, siempre fue miedo.

Al conocerla pensé que todo cambiaría, que ella había conseguido llegar hasta donde mi verdadero yo se ocultaba. Pero al descubrirlo vi ese miedo en sus ojos, y seguí mintiendo para no perderla.

Incluso en su último lecho no fui capaz de mostrarle mi verdad.

Hoy la enterraron. Enterraron a mi amiga, a mi amor, a mi todo. Y no fui capaz de rebelarme ante su muerte para gritarle que fue lo mejor de mi vida, mi único sueño”.

Y la luna oyéndola la abrazó más fuerte aún hasta que sintió que de sus ojos brotaron lagrimas más brillantes que ella misma.

Con sus mejillas humedecidas por el dolor, la mujer miró aquella luna que en esa noche parecía escucharle y perdiéndose en su luz gritó con todas sus fuerzas su amor prohibido abriendo la herida que había portado desde su nacimiento.

El cigarro se había consumido, y mientras secaba con sus manos sus propias lágrimas volvió al interior de su piso.

Mientras la luna veía como se alejaba aquella mujer, supo que el tiempo de la mentira había acabado, y se alegro por ella y por haber roto el silencio.

“Quizás algún día escucharía de nuevo su amor, pero aquella noche dejaría que siguiera llorando”


domingo, 8 de noviembre de 2009

EL CUENTO Nº50 DE LA LUNA OSCURA. LA LEYENDA DE LOS DOS ESPOSOS AMANTES.




Aquella noche Despertó la luna sintiendo sobre su rostro un viento lleno de leyendas, un viento suave de un pasado lejano del que ella también formó parte. Y no pudo evitar alegrarse con la visita de ese viejo amigo que siempre la sorprendía.

Agudizando su oído, escuchó, a través de él, el sonido lejano de los cascos de un caballo y el ruido metálico del abrazo de las espadas. ¿Sería una batalla?

Decidió dejarse llevar, como tantas otras veces lo había hecho , y en su viaje llegaron a las ruinas de un castillo.

Ya casi no lo recordaba, pero entonces le ofreció su luz, y envuelto en ella pudo ver, como sombra del pasado, el castillo en toda su plenitud y, entre sus muros, los espectros de los que un día habitaron en él.

Y vio al señor del castillo practicando en el patio de armas quizás para prepararse para algún torneo, mientras sus mozos soñaban con portar algún día una armadura como la que le engalanaba y a la que tantas veces habían sacado brillo.

Qué hermoso lucía aquel caballero sobre su caballo.

Y en la torre, su señora, suspirando enamorada por su amor.

Recordó entonces la noche que aquella dama había llegado para cumplir con un matrimonio pactado, y como al verle se enamoró, aún sabiendo que podría no ser correspondida.

Sí ya sabía porque aquel viento le había llevado allí.

De nuevo ante las ruinas, sólo la torre había permanecido en pie y acercándose a ella, la oyó de nuevo suspirar.

Y en esos suspiros su historia. Cuántas noches había velado su sueño sin que él lo supiera, y cuántas había deseado compartir el lecho, que él la negó por la obligación impuesta, en espera de que el matrimonio fuera consumado.

Una noche de vuelta de un torneo, embriagado por la victoria, lavó sus heridas, y él pensando que era una doncella, ante sus caricias, la amó con una pasión que la hizo avergonzarse, pues dejándose llevar no quiso revelarle que en verdad era su esposa.

Al despertar el caballero a su lado y viendo la consumación, la repudió, a pesar del calor de su cuerpo, creyéndose engañado y lanzó un juramento de respeto mientras no le faltara el aliento.

Pero el aliento cada noche le faltaba añorando la calidez que aquella noche había sentido, y aún así su orgullo no cesaba, y la dama no dejaba de suspirar.

Pasó el tiempo y el destino reservó para el caballero morir en justo combate. En sus últimos momentos de vida pidió ver a su esposa, quería confesarle su amor, pero al llegar ésta sólo la muerte la esperaba y nunca supo de sus sentimientos.

Cada noche ante la luna esperó que algún día el corazón de su señor se ablandara, y al verle muerto entre sus brazos supo que ese día ya nunca llegaría.

Aún así continuó anhelándole muriendo en cada suspiro.

Y al morir ella, murió por miedo el castillo, al ver que la dama permanecía en la torre y que el caballero cada noche volvía desoyendo a la muerte.

La luna oyó de nuevo a la dama, y en el patio al caballero que sabiendo que ella le observaba se mostraba altivo con la espada, pues tenía que lucirse para su señora aunque nunca pudiera llegar a decirle cuánto la amaba.

Antes de que el viento la devolviera de nuevo a su refugio la luna rogó que esas almas se encontraran, aún a sabiendas que el amanecer estaba cerca y que su luz se apagaba. Pero la leyenda de los dos esposos amantes era fuerte y el tiempo deseaba conservarla.

viernes, 6 de noviembre de 2009

DIARIO DE UNA MARUJA. A PUNTO DE TERMINAR LA LIMPIEZA DE OTOÑO, JA JA JA JA JA.




Se que voy con mucho retraso en visitaros a la mayoría, por no decir a todos, y me sienta mal tener que excusarme, pero la verdad es que me está costando ponerme al día, y, encima, ya os comenté que me había liado en mi tiempo libre con una limpieza exhaustiva de otoño que me está matando, ja ja ja ja ja.

Ahora, que estoy contenta porque por fin he terminado de limpiar la cocina. ALELUYA.

Algunos pensareis que vaya tontería, pero es que no os imagináis como estaban los filtros de la campana extractora. El momento de sacarlos perdurará en mi mente, y es que fue como descubrir una nueva dimensión con posible vida inteligente.

Aunque no, al final sólo era grasa y polvo acumulados, a los que me decidí enfrentar sin acobardarme. Y tras grandes esfuerzos gané yo, y los dichosos filtros lucen como si fueran nuevos.

Vamos, que me da hasta pena ponerme a cocinar, y fijaros que cocino poco.

También, por fin, agrupé todos los tupper que no eran de mi propiedad, que han sido debidamente devueltos a mi progenitora favorita, mi madre, con la esperanza de ir trayéndolos poco a poco devuelta a mi casa llenos de viandas exquisitas que sólo ella sabe preparar.

Ja ja ja ja ja ja, sí soy un poco caradura en esto de los tupper, pero si vierais la ilusión que le hace a ella.

Lo bueno de esta limpieza es que esta vez he sido consciente del uso que tenía que hacer del amoniaco y otras sustancias nocivas para mi salud, y he conseguido no intoxicarme. Aunque mi perro no sé, porque el muy cabrito debía de tener mucho interés en verme sacar brillo a los azulejos, y no me dejaba ni a sol ni a sombra.

En el fondo se que me quería ayudar, pero como que yo no le veía trapo en mano, digo en pata, haciéndolo. Hoy, lleva todo el día durmiendo y ya no se si es por pereza o porque tantos efluvios de productos de limpieza le han atontado.

No sé, la verdad es que compaginar todo, a veces, es complicado. En mi caso no tengo un horario fijo de trabajo, y muchos fines de semana me toca currar.

Que lo sé que como yo estáis la mayoría. Por eso supongo que me entendéis que llegan esos periodos en los que la limpieza a fondo llama a tu puerta y una vez que te decides a empezarla, tienes que tener el coraje de acabarla, aunque suponga prescindir de cosas que en tu tiempo libre disfrutas.

Ya sólo me queda el salón y espero en un rato acabarlo poniendo la bandera de fin de obra. Y hasta primavera nada sólo lo justito (palabrita del niño Jesús).

Ahora que leo lo que he escrito me estoy dando cuenta de que esto parece el diario de una maruja, y eso que me había planteado hacerlo de esa revista que sabéis que tanto me gusta, pero como que he empezado excusándome y al final creo que he acabado desahogándome.

Al final pensaré que realmente esto del blogg es terapéutico, aunque creo que las agujetas que tengo de tanto "Dar cera, pulir cera" las sufriré en silencio, ja ja ja ja ja (que una cosa es que esto sea terapéutico y otra que sea Lourdes).

Bueno que os mando a todos un besazo muy fuerte, y espero visitaros pronto en vuestros respectivos rincones, pero no para limpiar, ja ja ja ja ja, que ya veo los ojos de algunos haciendo chirivitas. Una lecheeeeeee, que con la limpieza de mi casa ya he tenido suficiente.

jueves, 5 de noviembre de 2009

EL CUENTO Nº 49 DE LA LUNA OSCURA. EL OTOÑO DE UNA VIDA. RECUERDOS.




Aquella noche la luz de la luna iluminó de nostalgia el sendero que conducía al viejo puente y aquella figura que, en su soledad, caminaba sin miedo.

En su paseo, no se había imaginado llegar hasta tan lejos, pero al comenzarlo lo había hecho viajando con el recuerdo y, sin darse cuenta, sus pasos la condujeron hasta allí.

El otoño había llegado alfombrando el camino con suaves hojas que cantaban su último latido. Y qué hermoso sonido en el que era tan fácil perderse.

Siendo niña algunos atardeceres de domingo salía a pasear con su padre. Le encantaba caminar dando patadas a los montones de hojas, haciéndolas volar. Y su padre, la imitaba entre risas. Luego, cuando aparecía la luna en tonos naranjas, regresaban a su casa.

Años después sería ella la que enseñaría a jugar a su hija en esas tardes de otoño. Y una sonrisa se dibujó en su rostro, cálida y llena de ternura.

Empezaba a hacer frío, como a ella le gustaba, y la luna otra vez se había convertido en su acompañante iluminando al fondo aquel puente de madera.

Qué curioso era el tiempo, los años pasaban deprisa, pero el puente pareciera que no hubiera cambiado. Y aunque muchos días paseaba y llegaba hasta él, aquella noche le parecía especial. Era su puente, y quizás el de la luna.

Sobre él, en su inocencia de juventud, formuló un deseo mientras contemplaba el reflejo de su amiga sobre las aguas del río que le cruzaba "Conocer el amor de la forma más extraordinaria posible".

En su primer beso, su amor le condujo hasta estar sobre él. Y qué hermoso beso. No podía haber elegido un marco más bello.

El amor de juventud era uno de sus más preciados recuerdos. Aunque a veces dolía, no se negaba a vivirlo.

Aquel puente, sin duda, había formado parte de su vida, igual que el sonido de ese río que pareciera estar siempre lleno de sus momentos.

En el dolor por la pérdida de los que tanto amó, quiso ahogar sus lágrimas en él hasta encontrar la serenidad. Y por fin, pareciera que la hubiera hallado. En esa noche lo supo. Era el otoño de su vida; un otoño solitario lleno de recuerdos que en días como aquel aparecían dándole a todo un sentido.

Contempló de nuevo el reflejo de esa luna sobre las aguas negras "Dichosa tú, luna, el tiempo pasa pero tu reflejo no cambia, como este puente y este río".

Recordó entonces que era sábado y que quizás al día siguiente vendría su hija con su nieto. Y quizás y sólo quizás saldrían los tres a jugar con las hojas.

Mientras regresaba a su casa,alejándose del puente, la luna siguió acompañándola "Sí, realmente aquella mujer había conocido el amor en la forma más extraordinaria".



lunes, 2 de noviembre de 2009

EL CUENTO Nº48 DE LA LUNA OSCURA. EL CUENTO DE LA CONDENADA.




Despertó con la luna como cada noche, y su primer pensamiento fue maldecir su propia existencia.

En el olvido de los días y de la luz del sol había sido condenada a un frío que desgarraba cada día lo poco que le quedaba de alma. Porque hubo un tiempo en que tuvo alma y también miedo a perderla, y a la muerte. El tiempo de antes de conocerle y que cambiara todo.

Comenzó a prepararse para salir y no pudo evitar contemplarla a través de la vidriera. Ya era la hora y ahí estaba ella con su belleza blanca para recordárselo.

Mientras examinaba su armario y su mano se deslizaba entre los diferentes vestidos, acarició la tela de uno que, aún con los ojos cerrados, y aún en la oscuridad, hubiera reconocido. Y recordó aquel baile en el que lo portó mostrando por primera vez la desnudez de sus hombros, y casi la suya propia.

En su inocencia, mientras sonaba la música, intentó esconderse entre la gente, y en el refugio de si misma, pudo contemplar a aquel desconocido, que, como ella, parecía querer pasar desapercibido, y sin embargo sus ojos sólo le veían a él, y a esa sobriedad elegante que contrastaba con la simplicidad de las personas que les rodeaban.

Nunca olvidaría aquella música que comenzó a sonar cuando él se dio cuenta de que le observaba, y cómo se acercó a ella y, sin preguntarle, la tomó de la mano y la sacó a bailar. El silencio comenzó a envolverles y la sala se desvaneció a su alrededor cuando él, sin dejar de mirarla a los ojos, le preguntó sin palabras si no tenía miedo.

Y al tratar de responder que no le temía, seducida por esos labios que parecían haber nacido para besar, se vio de nuevo así misma contemplándole, como si nada hubiera pasado. Y aquella música comenzó de nuevo.

Sólo una mirada de él, acompañada por un gesto similar al de una sonrisa, le condujo a pensar que ese baile no lo había soñado, y sin embargo parecía no haberse movido del lugar donde él la había tomado de la mano.

Aquella noche, en su dormitorio, contempló la luna tratando en vano de encontrar un sueño que le acercara a él.

El tiempo pasó pero su recuerdo latía dentro de ella. Tanto que inventó multitud de nombres para él.

Una noche de regreso a su casa se sintió observada. Era la misma sensación de aquel momento en que él se fijo en ella. Cerró los ojos con todas sus fuerzas por miedo a perderle, y al abrirlos, frente a ella, él pronunció su verdadero nombre.

Quiso decirle tantas cosas, pero fue él el que le habló de su vida y de su muerte haciendo que, de nuevo, todo se desvaneciera a su alrededor.

Y ella le escuchó como nunca antes lo había hecho, estremeciéndose ante el frío que exhalaban cada una de las palabras de aquel hombre sin alma. Y al mismo tiempo deseando ser parte de él.

Había terminado de vestirse y se dispuso a salir. Hacía frío pero cada vez le dolía menos.

Caminó por el jardín cercano a su casa y al llegar a su banco se sentó esperándole, como cada noche.

Siempre fue un silencio. Incluso cuando, casi llegado el amanecer, él tuvo que irse y ella se aferró a él entregándole su propia alma en un beso de despedida. Y él se alimentó de ella hasta desvanecerse en una bruma blanca regalada quizás por los últimos rayos de luz de aquella luna maldita.

Desde entonces cada día acudía aquel jardín donde le vio por última vez. Muerta en vida por un amor que vivía cada segundo de sus noches. Pero aquella sería la última y mataría el último fragmento de su alma, aquel que le permitía derramar lágrimas bajo su luz.

En sus últimos minutos vio aparecer esa bruma y como tras ella, el sol amenazaba aparecer.

Cerró los ojos esperándole, mientras su mente repetía una y otra vez su nombre, sabiendo que nadie regalaría su alma a la luna por ella.





sábado, 31 de octubre de 2009

EL DECIMO CUARTO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA. ESPECIAL HALOWEEN.

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA




Existen muchas leyendas acerca de esta noche, pero yo os contaré una que seguro que os sorprende.

Aquella noche despertó la luna rodeada de un halo oscuro debido a las nubes y bruma que rasgaban su figura e intentaban contenerla. Lejos de sentirse inquieta supo que el manto que la rodeaba, más negro y sombrío de lo que jamás hubiera estado, otra vez le brindaba una oportunidad. Se cubrió con parte de esa oscuridad como si de una capa se tratara, pidiendole a los lobos que la llamarán fuerte para descender con el sonido de sus aullidos.

Los lobos aquella noche estaban intranquilos y la dama blanca lo percibió al verse de nuevo entre ellos. El bello de su espalda se encontraba erizado y los ojos brillaban como las ascuas de los hogares en los que se encontraba toda la gente atrincherada, protegiendose del crudo frio y de las almas que buscaban compañía.

Quiso correr por los bosques, sentir de nuevo la tierra sobre sus pies, pero su manada le llevo cerca de un pueblo y allí sintió por primera vez lo que olisqueaban los lobos, el miedo, pero no el de ella sino el de los habitantes de aquel lugar.

Oyó el murmullo de oraciones que no entendía y pensó que quizás aquel era otro extraño ritual como aquellos tantos que escapaban a su entendimiento. A lo lejos, entre la neblina, se vislumbraban pequeños farolillos en procesión silenciosa y espectral.

En un momento, las campanadas de la vieja iglesia rompieron un silencio que hasta ahora tan solo había sido matizado por el fuerte viento. Y nuestra dama camino sobre las ondas que podujo su doblar, cubriéndose aún más con su capa, adentrándose por las calles de aquel pueblo. Pegado a la pequeña iglesa, en un cementerio de herrumbrosas y destartaladas rejas, pudo ver a una anciana. Se había abierto paso entre panteones, pétreos ángeles orantes, cruces y lápidas hasta llegar ante la tumba de su hija. Le llevaba flores recién cortadas, y en la fragancia vio aparecer la silueta de una mujer hermosa, volatil, palida, que intentaba separarse de su huesuda acompañante. La Parca no dejaba de mirarla, reflejandose en sus ojos. La joven doncella tan solo quería un instante para poder acariciar y dar consuelo a su madre.

Era la muerte a la que aullaban los lobos. Una muerte que en esa noche se mostraba triunfante concediendo el favor a hombres , mujeres y también niños translucidos por el paso del tiempo, que llenos de tristeza intentaban dirigirse a sus casas, con los pequeños farolillos, para aliviar el alma de los que dejaron con vida, atraídos por el aroma de esas flores que sólo en esa noche podían apreciar y que fueron puestas en su memoria.

Ante esa anciana capaz de enfrentarse a todo, la luna se deshizo de la capa que la envolvía, regalándole su luz. Y así fue como esa madre pudo por fin ver una vez más a su hija. Tan sólo un momento, un infimo instante, pero suficiente para sentir que su pequeña sólo estaba triste por la angustia que no la había dejado desde el día de su marcha por no haber podído despedirse como hubiera deseado...

Aceptando por primera vez su muerte comenzó a sentir la paz que tanto añoraban ambas. Y en el disfrute de esa paz, por fin su hija se desvaneció con una sonrisa dibujada en sus labios.

Dándose cuenta la luna de que sólo quien mirará a través de la luz podría ver a sus seres queridos, fue casa por casa ofreciendo su luz. Pero la gente de ese pueblo tenía miedo a la muerte y los mantos que cubrían a ambas eran similares.

Cuentan que la anciana contó a toda la gente del pueblo que bajo una luz pudo ver a su hija. Y aunque muchos no la creyeron, poco a poco al llegar esa noche muchos empezaron a encender una vela.

viernes, 30 de octubre de 2009

CONFESIONES DE LA MUJER DEL SACO, VISPERAS A HALOUINNNNN, JA JA JA JA JA JA JA.




Lo sé que ando un poco desaparecida últimamente, pero es que hay veces que una no da abasto.

La verdad es que entre el trabajo y sus maravillosos horarios cambiantes, y que mi querido padre, de nuevo, se ha pasado unos días de vacaciones en el hospital, otra vez dando por saco, apenas he tenido tiempo de nada.

Nota: para los que no me habíais leído antes. Sí, mi querido padre es un puñetas y de vez en cuando no se priva de ir a algún hospital a que le hagan apañitos. Y mi madre y yo, pues tan contentas, porque de nuevo nos da la oportunidad de comernos esos bocadillos de calamares que, desde que vivo en este pueblo, echo de menos.

Menos mal que ya le tenemos en casa otra vez, lleno de fuerza. Vamos que se pasa todo el día chinchando a mi madre, y eso quiere decir que está estupendamente. Ja ja ja ja ja ja ja ja.

¿Lo del trabajo? Eso por ahora, mis queridos amigos, no tiene solución. Y la verdad es que le echo la culpa a la crisis y a que muchos empresarios se agarran a lo que sea para no contratar más personal. Menos mal que mi jefe no sabe que tengo un Blog. Vamos, que estos nuevos horarios me tienen algo puteada, y perdón la expresión pero "Al pan, pan, y al vino, vino".

A todo esto, y no es por justificarme, empecé, ya lo adelanté hace poco, la limpieza de otoño de mi casa. Qué falta le hacía, y le sigue haciendo, porque todavía no he terminado, y a este paso no se cuando terminaré.

En esta ocasión, cual Karate Kid, como le decía ayer a un amigo, me he colgado una cinta en la frente que lleva escrito "Sin Piedad" y he decidido enfrentarme, de nuevo, con esas cajas llenas de zapatos, bolsos, ropa y demás cosas que apenas utilizo.

Me sigo agarrando a la idea de que una persona no necesita tantas cosas para poder vivir. Y que de vez en cuando hay que desprenderse de esas cosas que nos cuesta tanto tirar.

Hostias eso me ha recordado un vídeo que colgó en su blog, el otro día Calavera y Diablito. De una super pija que no se privaba de comprar artículos de lujo sin mirar el precio y todavía decía que por respeto a la gente que ahora con la crisis lo estaba pasando mal, se había solidarizado con ellos y compraba menos. Claro que esto lo decía mientras pedía que le sacaran un reloj cartier, porque el rolex no le pegaba con el conjuntito nuevo.

Creo que a la hora de hablar de la pobreza de la gente, hay que hacerlo con mucha delicadeza. Yo no llego al rolex ni de coña, al casio y voy que chuto, ja ja ja ja ja. Pero es verdad que cuando tiro cosas que no están del todo mal, me siento mal. Así que al final las deposité en un contenedor, esperando que alguien pueda aprovecharlas. Eso también consuela, a veces.

Y con lo demás que seleccione esta vez, hice una especie de rastrillo. En él había figuritas, revistas de decoración, que luego nunca leo, y un sin fin de cosas que prefiero no recordar. Es que todavía duele.

El rastrillo consistía en ir llamando a la gente que conozco y preguntarles si necesitaban de esas cosas. Pero ay amigos, que al parecer casi todo el mundo está de limpieza y no necesitan más cosas, que luego no saben ni dónde poner. Así que de nuevo al contenedor. Vamos que estoy por decorarlo de tantas veces que le he visitado estos días. Porque mira que podían ser más alegres.

Cuentan en mi pueblo que vísperas a Haloween, al caer la noche, han visto a las afueras una sombra con forma de mujer cargada con enormes sacos. Ja ja ja ja ja ja ja. Sí, con un poco de suerte en mi pueblo dejarán de llamarme la forastera, para llamarme la mujer del saco. Ja ja ja ja ja ja.

Y la verdad es que mola el mote, sobre todo ahora que estamos en vísperas de esta fiesta, y los niños por aquí andan ahuecando calabazas y melones, y casi que empieza a oler a chocolate.

Yo esté año ni calabaza ni ná. Por lo menos por ahora, porque me he dicho a mi misma que hasta que no acabe la limpieza del todo no puedo entreterme más que lo justo. Y todavía no he empezado con la cocina, buffffffff.

En fin que espero que los que me habéis escrito que me echáis de menos en vuestros blogs, y que echáis de menos estas entradas en plan cachondeito ( y que lo de la limpieza de cachondeo no tiene nada, así que no os riáis que a mi no me hace gracia, ja ja ja ja ja ja), sepáis disculparme.

Y ahora os dejo que estoy liada con la ventana del salón. Ese es mi Haloween particular porque en los huecos de la contraventana he visto una araña enorme que me tiene acojonada y vamos, que verla ha sido la excusa perfecta para venirme un ratito delante del ordenador a escribiros algo.

Espero que estos días disfrutéis de ese chocolate. Y para mañana, para mañana, un cuento especial de Haloween, aunque, lo confieso yo soy más del día de los difuntos, y precisamente de ese chocolate que aquí se sigue tomando cada año.

Un besito muy fuerte para todos.

Y por supuesto una música especial para estos días. Ja ja ja ja ja ja. QUE MONSTRUOS SON.. LOS MONSTER Y LOS ADAMS JUNTOS


miércoles, 28 de octubre de 2009

EL CUENTO Nº47 DE LA LUNA OSCURA. EL ANHELO DE LA LUNA.




Cerca del amanecer la luna se resistió a abandonar la noche.

Sus horas de luz habían transcurrido demasiado rápidas y mucho había sido el amor que había contemplado en su camino diario. Y mucha la vida que latía en cada rincón haciendo palpitar ese universo que a ella se le quedaba cada vez más pequeño. Tanto que, de nuevo, se sintió rozando esa humanidad que anhelaba en su interior.

Sí, aquella noche se resistía a refugiarse en su oscuridad, a iniciar el camino de regreso a ese lugar donde al cerrar los ojos la soledad de sus sueños heriría aún más su corazón.

Y no dejaba de preguntarse por qué su alma no podía ser tan gélida como su propio cuerpo. Porque ella, en cada despertar, luchaba contra el sentir aferrándose a ser una mera observadora. En ocasiones, hasta se convencía asimisma de haberlo logrado, pero la mayoría sufría con cierto placer su fracaso.

Atravesó el bosque silencioso que le anunciaba que ya estaba cerca y quiso gritar desde dentro desgarrando su dolor en un resplandor ciego que no viera nadie, sólo aquel que pudiera salvarla.

Pero su salvación estaba condenada por el tiempo Maldito que le impedía liberarse del peso de la luz y de la oscuridad que formaban su existencia.

Y en la eternidad ni siquiera la muerte con sus promesas podía acariciarla.

En esa noche hubiera luchado contra ese tiempo y esa muerte cobarde. Así de grande era su dolor.

¿Qué pasaría si por una vez se resistiera y no acudiera a su refugio? Alguna vez de lejos vio al sol. ¿Desaparecería? ¿Dejaría de Pensar y de sentir?

Sin embargo, sabía que no podría hacerlo, que no podría condenar a la vida a una oscuridad absoluta, a un tiempo sin noche en el que la muerte acecharía aún con más su fuerza.

Llegando a su montaña, no pudo evitar compadecerse de si misma, derramando lágrimas que bañaron a las estrellas que empezaban a apagarse. Era el momento de renunciar a su luz pero quiso que ellas brillarán hasta entregarse a su sueño.

Sólo un poco de luz en su oscuridad, y al llegar la noche despertaría con más fuerza, y quizás y sólo quizás su nostalgia no le dolería tanto.









lunes, 26 de octubre de 2009

EL CUENTO Nº 46 DE LA LUNA OSCURA. LA VIEJA HADA Y LA LUNA.




En la noche de este cuento la luna se encontraba atravesando un pequeño bosque, cuando hasta ella llegó un tintineo de campanillas y la voz de una mujer que no dejaba de repetir "No la encuentro. No la encuentro.".

Ante su sorpresa, al llegar al claro cerca del riachuelo, la vio aparecer y no pudo evitar llenarse de cierta emoción, pues hacía tiempo que, en su camino, no se encontraba con ninguna hada.

Sonriendo en su luz, acudió a su encuentro con el deseo de que la noche se llenara de la magia de ambas, pero al acercarse, no pudo si no extrañarse, pues apenas quedaba juventud en ese ser de fantasía, y la belleza transparente que debía iluminar su rostro se encontraba marchita, como su vestido en el que las mariposas bordadas habían perdido su esplendor.

Y no dejaba de repetir "No la encuentro. No la encuentro", mientras buscaba, con desesperación, algo entre los recovecos de los arboles, entre las piedras, e incluso, en el agua de aquel río.

Se fijó en sus píes descalzos llenos de heridas y en sus manos enrojecidas por el frío de la noche.

Fue entonces cuando la luna sintió que sus ojos se fijaban en ella implorando su ayuda. Y, al contemplar de nuevo sus manos, lo supo, aquella hada había perdido su varita llena de magia.

Intentó ayudarla iluminando sus pasos y yendo más allá de ellos. Incluso preguntó a las estrellas y a los árboles y seres que habitaban en el bosque, pero ninguno supo darle respuesta, y sólo el río permaneció en silencio, como nunca antes.

En mitad de la noche, sintió que unos pasos se acercaban a ellas, y en aquel mismo claro, vio aparecer a un hombre que al ver al hada corrió hacia ella abrazándola, mientras sus lágrimas mojaban su mejilla.

- "Por fin te he encontrado, mi amor. Sabía que estarías aquí. Es ya muy tarde, vámonos a casa"

- "Pero yo tengo que encontrarla"

- "Lo sé, querida, pero ahora estás cansada. Ya la buscaremos mañana".

Y en ese momento, escuchándolos, la luna vio relamete a una mujer que, agotada, cesaba en su empeño y se dejaba llevar por su esposo casi en brazos.

Mientras se alejaban oyó con tristeza como el tintineo de las campanillas también abandonaba el bosque, hasta que casi imperceptible, en su último sonido, sintió como un brillo latía en el fondo de aquel riachuelo.

Y cuál fue su sorpresa al descubrir que aquellos destellos provenían de aquella varita añorada.

Sí, realmente aquella hada había perdido su magia.


jueves, 22 de octubre de 2009

EL CUENTO Nº45 DE LA LUNA OSCURA: EL ACANTILADO DE LA LUNA






Aquella noche volvió a despertar mojado en su pesadilla. Llevaba tiempo sin tenerla, y aunque durante el día vivía en ella, ya casi había olvidado la angustia del sueño, la sensación de un grito que no salía y le ahogaba en su garganta.

Siempre era la misma. Soñaba con el día que, ante él, su esposa se arrancó la vida cubriéndose de rojo. Y viéndola apagarse, sin decir tan sólo una palabra, sintió como el último mirar de sus ojos encerraba una burla, clavándole el puñal de ser culpable de su muerte.

Por miedo a que le juzgarán, en su gran cobardía, al llegar la noche, arrojo el cuerpo de aquella mujer de piel blanca y cabellos negros que tanto había amado, por el acantilado de la luna, convirtiéndola, a ella, a la luna, en testigo y complice de esa desaparición.

Increpándole en su luz, él sólo pudo decirla " Yo no la mate, luna. Fue ella. No me amaba y por eso lo hizo, aunque ahora yo seré culpable del amor tan grande que la tuve y que le quito la vida"

Antes de que el mar se tiñera del color de su sangre, la luna, a través del agua observó la blancura del cuerpo en el fondo, reconociendo a aquella joven que años atras, en el mayor de los engaños, formulo un deseo, un sueño de amor para liberarse del dominio de su familia, pensando que el matrimonio la liberaría.

Y la luna, nuestra luna, lo otorgó, pues al mismo tiempo el hombre que tenía ante sus ojos pronunció el mismo deseo. Y así los alumbró a ambos para que en la oscuridad se encontraran.

Pero la verdad fue que , a pesar de ese encuentro mágico, aquella joven nunca sintió que amara su marido, y aún así se entregó a él, cada noche, hasta que la mentira pudo con ella y no pudo soportarla. Yendo a él, le suplico que le dejara libre pero él, presa de su amor, no pudo hacerlo.

Así sintiendo su agonía cada día, despertó uno en su carcel tejida de tiempo, con la decisión de quitarse la vida.

Desde entonces, cada noche aparecía en los sueños de su marido y se reía de él con esa mueca burlona. Pero la noche de este cuento, fue diferente porque aquel marido sintió que no podía más y acudió de nuevo a aquel acantilado, donde le esperaba la luna.

Y el silencio se lleno del lamento de aquel hombre "¿Por qué siempre me persigue en mis sueños?"

Nuestra Dama Blanca, apiadándose de él, le regalo un reflejo de la verdad, no podría liberarse de ella porque todavía la amaba, y el castigo para ella en la muerte, era permanecer a su lado.

Viéndolo claro, por primera vez, la mirada de aquel hombre se lleno de paz, y antes de que la luna continuara su viaje, se arrojo al mar, a la muerte.

Entre las aguas, vió la luna como por fin el hombre llegaba a su esposa y escuchó entre el rumor de las olas, como le decía "Ya no te quiero, ya no te quiero". Y vió también como aquella mujer dejaba de sonreir, fundiéndose en un abrazo con su esposo, con más amor que nunca, pues realmente aquel hombre la amaba ya que en sus palabras era capaz de mentirle para darle la libertad que le negó en vida.

A veces la luna acude a ese acantilado para ofrecer su luz a aquellos enamorados que nacieron esa noche, y cuando los ve fundirse en besos y abrazos, no reprime una sonrisa. Al final sí concedió un deseo.










martes, 20 de octubre de 2009

EL "TE JURO QUE ES LA PRIMERA VEZ QUE ME PASA" Y EL FINGIMIENTO DE ORGASMO. JA JA JA JA JA JA.




SÍ, ME JURAS QUE ES LA PRIMERA VEZ QUE TE PASA, Y QUÉ CASUALIDAD QUE TE HA PASADO CONMIGO, NO TE JOROBA. JA JA JA JA JA JA.

La verdad es que no se cómo podría clasificar esta expresión. Pero si tengo confesar algo os diría que a mi particularmente me hace mucha gracia.

Y es que el momento se las trae y, claro, yo lo entiendo, que a lo mejor cuando no hay mucha confianza puede resultar para los hombres algo embarazoso. Vale, a lo mejor bastante. Pero... ¿Os creéis que a las mujeres no nos pasa? ¿Pensabais, mis queridos amigos que esta expresión es única y exclusiva de los hombres?.

Pues no, y espero no decepcionar a más de alguno, porque las mujeres también podemos sufrir el, más comúnmente conocido como, GATILLAZO.

¿Os habéis fijado como suena esta expresión? GATILLAZO. Creo que tengo ganas de saber que opina la wikipedia al respecto.

Según esta enciclopedia Gatillazo es un grupo de música punk, procedente de España, creado por Evaristo, ex cantante de La Polla (antes La Polla Records). Aha, Lo reconozco esta definición no ha solucionado mucho mis dudas, pero algo está claro lo relacionan con la polla, con la polla record, claro. Ja ja ja ja ja ja.

Como no me quedo tranquila, voy acudir a la Real Academia Española, a ver que dice ella. Y BINGOOOOOO, dentro de sus posibles significados existe uno, que nos viene al pelo. GATILLAZO: loc. verb. coloq. Dicho de un hombre: Fracasar en su intento de practicar un coito. Joder que fuerte con esta academia, utiliza el termino fracaso. No me extraña que alguno, cuando le ocurre, se lo tome tan a pecho.

Es que para algunos hombres como que sufrirlo supone una vergüenza para su hombría. Casi más que reconocer que os lo pasáis pipa jugando a la play.

Para las mujeres está claro que no es algo tan evidente, pero también nos pasa, y algunas no lo llegan a reconocer y es aquí donde muchas, llegado el momento, ponen en práctica sus dotes de interpretación, y consiguen el Oscar al Fingimiento de Orgasmo.

Y si algunos hombres pueden decir aquello de "es la primera vez que me pasa" muchas puede que nunca reconozcan haber fingido un orgasmo, y haberlas haylas.

Qué tontería ¿verdad? sobre todo entre personas adultas que practican libremente el sexo.

En el caso de los hombres algunos se quedan hasta bloqueados. Eso sí que es embarazoso. Porque reconozcamoslo, como que "aquello" puede que haya perdido algo de volumen, puede que incluso la excitación haya disminuido. Pero si te paras en seco es cuando realmente la puedes jorobar y dejar a tu pareja ciertamente inquieta, por no decir insatisfecha.

Lo mejor, creo yo, que es seguir jugando, que hay mucho con que jugar, y bueno, el resto llega con un poquito de paciencia y sobre todo relajación. Y tu pareja no pensará desde luego que eres menos hombre. Vamos, que lo de meterla tampoco es lo más más importante en cuestión de sexo.

Nota: ¿HE SIDO YO LA QUE HA ESCRITO "AQUELLO", Y ENCIMA ENTRE COMILLAS? ¿Yo, que critico a las revistas que no llaman a las cosas por su nombre? A la mierda que aquello es el pene, la polla, el pito, el platanito, o como queráis llamarlo. Y al pan, pan, y al vino, vino.

Peor es muchas veces para las mujeres cuando las sucede y deciden continuar pase lo que pase. Porque como lo pensemos un poco, el punto no volverá. Y es que yo soy una firme creyente de que el pensar y el disfrute del sexo son inversamente proporcionales. Y al final lo que podría convertirse en un "hummmmm que bien lo estamos pasando", se convierte en un "Hummmm mirale a éste lo bien que lo está pasando. A ver si acaba de una vez. Por cierto que mañana no se me olvide comprar aceite que ya me queda poco, y a ver si me animo a pintar el techo, etc, etc...." ja ja ja ja ja ja.

Y para que no digan que no somos capaces de hacer dos cosas a la vez, las mujeres somos capaces de mientras pensamos esas cosas, gemir como locas para ver si excitamos más a nuestra pareja y acabar cuanto antes.

No me extraña que luego digan de nosotras que somos perversas. Pero... ¿qué pasaría si los hombres pudieran ocultar el gatillazo? Seguro que más de uno gemiría incluso más que las mujeres. Ja ja ja ja ja, y el oscar habría que compartirlo sin duda alguna.

Bueno, y que no me enrollo más que ya me he enrollado bastante. Que un besito para todos y por supuesto una canción. Y quiero pensar que esa sí que fingía, porque no me la imagino en el estudio de grabación en plena apoteosis sexual. Aunque, pensándolo bien, hubiera sido la leche. ja ja ja ja ja.

lunes, 19 de octubre de 2009

EL CUENTO Nº44 DE LA LUNA OSCURA: AQUELLA VENTANA. EVOCACIÓN DEL DULCE CANDOR.



Antes de que se consumara la noche y la luna volviera a su morada vio como los niños traviesos dormían soñando su hazaña.

Y qué ternura en ella despertaban.

La misma ternura que sintió con aquellos chiquillos que sin saberlo, jugando entre los olivos ya se amaban.

Y esas noches de amor la llenaban.

Viendo a esa mujer, ahora dormida, pensó en la triste añoranza de pasiones que no llegarían a pesar de sus sueños, y hubiera querido decirle que, por su cobardía, él tan sólo la evocaba, y ya no la amaba.

Pero su voz tenía que estar callada.

Porque en el tiempo del silencio estaba condenada, y su voz tan solo hubiera cambiado el destino que ahora les separaba.

Y sólo con su luz hablaba.

Aquel hombre en la distancia encontró el sosiego de aquel pasado que tanto le dolió en el alma, y que ahora sólo era una época que en su memoria dulcemente habitaba.

Como la luna que siempre todo lo recordaba.

En sus recuerdos de luz y en sus destellos de plata estaban, pese a su dolor, todas las noches del tiempo pasadas.

¿y sus recuerdos dónde quedaban?, pues su luz era para otros, y ella en la oscuridad los guardaba.

Antes de que se consumara la noche y la luna volviera a su morada, sintió todas aquellas evocaciones, y se llenó de dulce añoranza.

sábado, 17 de octubre de 2009

SEGUNDA PARTE. OTOÑO DEL 2009. ¿QUE OTOÑO NI QUE OTOÑO? JA JA JA JA JA JA.




Claro, luego decís que no, pero es que tengo mala suerte, ja ja ja ja ja.

Sólo se me ocurre a mi lanzar ayer una entrada criticando al otoño y el hecho de que no llega, que hacía demasiado calor, para que esta noche casi me congele en mi cama.

COÑOOOO QUE FRIOOOOOO, pero si me he tenido que levantar y todo a por una manta, y a ponerme unos calcetines porque tenía los pies congelados. Bufffffffffff.

Queridos amigos, pues parece que sí, que por fin ese frío de Otoño ha llegado, y aunque ahora me quejo, porque si no me quejase de algo no sería yo, en el fondo me alegro.

El que no se ha alegrado mucho es mi perro, que cuando le he dicho que saliera al jardín, ha puesto, con la delicadeza que le caracteriza, una patita afuera y me ha mirado con ojitos de decirme "ahora sales tú, guapa, que yo estoy muy agusto en mi cestito" ja ja ja ja ja ja.

Dentro de nada olor a chimeneas, que biennnnnnnn. Y hoy para celebrarlo, sopita calentita, calentita.

Si es que me encanta y no puedo remediarlo.

Y encima ha amanecido soleado, que son los días que más me gustan. Aunque esto no lo tenía que haber puesto, porque visto lo de ayer, puede que en un rato se nuble y empiecen a caer chuzos de punta, ja ja ja ja ja ja.

Bueno que no escribo más hoy, que es sábado.

Bueno, vale, escribo algo más, un deseo: que paséis un buen fin de semana.

Frase del día: NUNCA LLUEVE AL GUSTO DE TODOS. Pero si lloviese...."It's Raining Men" ( The Weather Girls )