Una vez, siendo niña, sentí la soledad de su resplandor, aquel brillo perdido en la inmensa oscuridad, sólo quebrada por el leve fulgor de las estrellas, sus eternas compañeras. Aunque nunca negué su belleza, no pude evitarlo, me compadecí tanto de aquel extraño destierro que en mi inocencia, fui haciendo mío y me imaginé que era una mujer...

Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos del Diablo y la Luna Oscura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos del Diablo y la Luna Oscura. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de noviembre de 2009

EL DÉCIMOTERCER CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: UNA CITA INESPERADA

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA




Estaba apurando el último cigarrillo que le quedaba mientras lo acompañaba con un café con una gota de leche, lo justo para clarear un poco la oscura infusión, y una también mínima dosis de azúcar. Comenzaba a despuntar el día aunque el sol no aparecía por ningún lado. Unas nubes espesas y cargadas se habían hecho fuertes en el cielo liberando tanta agua que pareciera un nuevo castigo divino. Mirando por la ventana prácticamente lo único que se apreciaba era una líquida cortina renovada constantemente por lo que estaba cayendo. Era una lluvia triste, gris, desapacible... de esas que no solo mojan el paisaje si no también las almas. Última calada, casi fumándose un filtro sostenido entre sus dedos amarillentos por la nicotina.

Debía comenzar la jornada pese a haber pasado otra noche en vela. Sí, otra, la verdad es que Hacía mucho tiempo que había renunciado al sueño que regalaba la noche, y en su lugar trataba de encontrar respuestas en ese desvelo tan frío como esa lluvia sin amanecer.

Realmente sentía como si el sillón se hubiera fusionado con su cuerpo impidiéndole incorporarse. Un esfuerzo más, mientras emitía un gruñido que salía de sus entrañas, y vuelta a la monotonía de un día más.

Mientras cerraba la puerta y el agua comenzaba a mojarle deseo no volver a abrirla.

En la calle, la gente, entre paraguas oscuros, caminaba apresuradamente buscando huecos para evitar un contacto que detuviera su marcha. Pero él caminaba al mismo paso de siempre, sintiéndose invisible entre las personas, como cada día, y compadeciéndose de su simplicidad porque él sabía que el tren llegaría a la misma hora.

Cuando subió al vagón sintió ese calor húmedo casi nauseabundo, y las miradas furtivas de sus acompañantes viciando aún más el aire. Y uno a uno los examinó mientras ellos se escondían tratando de fijar la atención en algo que evitara comprometerles. Tan sólo una anciana le miró a los ojos. Hacía tiempo que nadie lo hacía. Pobre anciana, quizás sabía que la muerte estaba cerca.

Una voz enlatada anunció la llegada a la estación en la que se bajaba y no sin dificultad se acercó hacia las puertas. Las abrió de manera mecánica, como todos los días , y se encaminó hacia las escaleras que le llevaban a la gris calle rodeado de otro montón de personas que andaban y se movían con el mismo automatismo que él. Y en el trabajo más de lo mismo. El regreso a su casa fue como una imagen especular de la ida al trabajo...lineal, un calco al viaje matinal si no fuera por la más pronunciada ausencia de luz.

Subió las escaleras arrastrando los pies con la mirada fija en huellas y contrahuellas. Al abrir la puerta acercó la mano hacia la pared de su derecha para dar al interruptor que encendía una bombilla de resplandor tenue y mortecino. Al dirigirse a la habitación para cambiarse de ropa pasó por delante de la pequeña salita de estar y, sin darse cuenta en un primer momento, paró en seco volviendo un par de pasos de los dados.No la esperaba. La vio sentada en un viejo sillón de roja tela desgastada esperando paciente. El tapizado del asiento contrastaba con la negra vestimenta y la palidez de la piel de la hermosísima dama de cabellos negros y ojos profundos.

Tanto la había esperado que ahora, al tenerla frente a él, sintió. Hacía mucho tiempo que no lo hacía, pero ni en la mejor de sus fantasías había podido imaginarse que le resultara tan bella. Era inevitable no sentir.

No quiso parecer débil, pero fuera de la angustia que respiraba en su vida ya casi había olvidado esa sensación de emocionarse. No, no era miedo, era casi felicidad.

Un segundo más en silencio. Ella no tenía prisa y podía esperarle pacientemente pues cada noche había oído como la llamaba. Y ya no cabía el arrepentimiento porque él la miraba fijamente a su rostro.

Nunca se cuestionaba esas últimas miradas, simplemente cumplía su misión como cada día, como cada hora, minuto, segundo. Pero se fijo en sus ojos y en ellos se vio así misma, hastiada de la muerte.

No quiso parecer débil, no quiso sentir, no quiso emocionarse.

Rebelándose contra esa sensación se levantó y se dirigió hacia él para darle su beso y poner fin a ese momento que duraba ya mucho.

Al posar sus labios sobre los de él sintió su paz. Todo había terminado.

Estaba apurando el último cigarrillo que le quedaba mientras lo acompañaba con un café con una gota de leche, lo justo para clarear un poco la oscura infusión, y una también mínima dosis de azúcar. Comenzaba a despuntar el día aunque el sol no aparecía por ningún lado. Unas nubes espesas y cargadas se habían hecho fuertes en el cielo liberando tanta agua que pareciera un nuevo castigo divino. Mirando por la ventana prácticamente lo único que se apreciaba era una líquida cortina renovada constantemente por lo que estaba cayendo. Era una lluvia triste, gris, desapacible... de esas que no solo mojan el paisaje si no también las almas. Última calada, casi fumándose un filtro sostenido entre sus dedos amarillentos por la nicotina.

Otra vez había soñado despierto con ella y de nuevo le había abandonado en la vida.


sábado, 31 de octubre de 2009

EL DECIMO CUARTO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA. ESPECIAL HALOWEEN.

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA




Existen muchas leyendas acerca de esta noche, pero yo os contaré una que seguro que os sorprende.

Aquella noche despertó la luna rodeada de un halo oscuro debido a las nubes y bruma que rasgaban su figura e intentaban contenerla. Lejos de sentirse inquieta supo que el manto que la rodeaba, más negro y sombrío de lo que jamás hubiera estado, otra vez le brindaba una oportunidad. Se cubrió con parte de esa oscuridad como si de una capa se tratara, pidiendole a los lobos que la llamarán fuerte para descender con el sonido de sus aullidos.

Los lobos aquella noche estaban intranquilos y la dama blanca lo percibió al verse de nuevo entre ellos. El bello de su espalda se encontraba erizado y los ojos brillaban como las ascuas de los hogares en los que se encontraba toda la gente atrincherada, protegiendose del crudo frio y de las almas que buscaban compañía.

Quiso correr por los bosques, sentir de nuevo la tierra sobre sus pies, pero su manada le llevo cerca de un pueblo y allí sintió por primera vez lo que olisqueaban los lobos, el miedo, pero no el de ella sino el de los habitantes de aquel lugar.

Oyó el murmullo de oraciones que no entendía y pensó que quizás aquel era otro extraño ritual como aquellos tantos que escapaban a su entendimiento. A lo lejos, entre la neblina, se vislumbraban pequeños farolillos en procesión silenciosa y espectral.

En un momento, las campanadas de la vieja iglesia rompieron un silencio que hasta ahora tan solo había sido matizado por el fuerte viento. Y nuestra dama camino sobre las ondas que podujo su doblar, cubriéndose aún más con su capa, adentrándose por las calles de aquel pueblo. Pegado a la pequeña iglesa, en un cementerio de herrumbrosas y destartaladas rejas, pudo ver a una anciana. Se había abierto paso entre panteones, pétreos ángeles orantes, cruces y lápidas hasta llegar ante la tumba de su hija. Le llevaba flores recién cortadas, y en la fragancia vio aparecer la silueta de una mujer hermosa, volatil, palida, que intentaba separarse de su huesuda acompañante. La Parca no dejaba de mirarla, reflejandose en sus ojos. La joven doncella tan solo quería un instante para poder acariciar y dar consuelo a su madre.

Era la muerte a la que aullaban los lobos. Una muerte que en esa noche se mostraba triunfante concediendo el favor a hombres , mujeres y también niños translucidos por el paso del tiempo, que llenos de tristeza intentaban dirigirse a sus casas, con los pequeños farolillos, para aliviar el alma de los que dejaron con vida, atraídos por el aroma de esas flores que sólo en esa noche podían apreciar y que fueron puestas en su memoria.

Ante esa anciana capaz de enfrentarse a todo, la luna se deshizo de la capa que la envolvía, regalándole su luz. Y así fue como esa madre pudo por fin ver una vez más a su hija. Tan sólo un momento, un infimo instante, pero suficiente para sentir que su pequeña sólo estaba triste por la angustia que no la había dejado desde el día de su marcha por no haber podído despedirse como hubiera deseado...

Aceptando por primera vez su muerte comenzó a sentir la paz que tanto añoraban ambas. Y en el disfrute de esa paz, por fin su hija se desvaneció con una sonrisa dibujada en sus labios.

Dándose cuenta la luna de que sólo quien mirará a través de la luz podría ver a sus seres queridos, fue casa por casa ofreciendo su luz. Pero la gente de ese pueblo tenía miedo a la muerte y los mantos que cubrían a ambas eran similares.

Cuentan que la anciana contó a toda la gente del pueblo que bajo una luz pudo ver a su hija. Y aunque muchos no la creyeron, poco a poco al llegar esa noche muchos empezaron a encender una vela.

martes, 6 de octubre de 2009

EL DUODÉCIMO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: LA HECHICERA DE LA OSCURIDAD

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA




Tornulgan, el gran brujo negro, había regresado de nuevo a su tierra, pese al juramento de no volver que hizo el día que emprendió su marcha en busca de nuevos poderes y decidió unirse a Perfide, la gran fuerza maligna. Pero una de sus visiones, le había obligado al retorno, en ella sintió el gran poder de una hechicera, y vio en sus ojos los suyos, y aquella marca inconfundible...

Y sabiendo que Perfide, partícipe de la visión y, ante la amenaza de la fuerza de la hechicera, había sentenciado su vida, decidió el brujo anticiparse y dirigirse en su busca para tratar de convencerla de que se uniera a ellos y así salvar a su hija.

Mientras Tornulgan cavalgaba por el bosque, a lomos de su caballo, los recuerdos comenzaron a fluir poco a poco en su mente, imagen tras imagen, y todo fue ella y el perfume de tristalin. Vio su juventud y la pasión nacida a su lado. El día antes de su marcha la poseyó, pero no quiso oír sus lágrimas en la despedida, y dándole la espalda con crueldad, se negó el amor.

Desconocía que ya entonces en el vientre de Tristalin su hija también lloraba por el dolor de su madre y el amor no correspondido, y cuando nació, lo supo, pues nació con la sabiduría de las ancianas, ella sería la hechicera de la oscuridad, y pese a su nombre lucharía contra todo aquel que causara sufrimientos, y las fuerzas de la noche serían sus aliadas.

El hecho de haber nacido con "la marca" condicionó el que, desde muy pequeña, fuera adiestrada por el clan de Estelele. En previsión del posible cumplimiento de la profecía se decidió que Nobila, la gran sacerdotisa de la orden, la acogiera bajo su tutela y se encargara personalmente de instruirla en todas las artes mágicas. No obstante su educación fue complementada por el resto de los miembros de la orden en la medida del arte en la que cada uno era experto. Pero cuando sus poderes estaban prácticamente en su momento más álgido, su secreto fue proyectado a la roca de Vise en la gran guarida de Perfide. La sangre de Tornulgan, que era la misma que corría por las venas de Intuneric "la hechicera de la oscuridad", capto y absorbió también la señal en forma de ensoñación.

Al entrar en el poblado nadie le reconoció. Tan solo vieron un ser sombrío cubierto de arriba a abajo por una roja capa engalanada con ricos bordados en oro. Tampoco se apreciaba gesto debido al amplio capuchón con el que cubría su cabeza. La copiosa lluvia hacía que nadie caminara por las embarradas calles, por lo tanto avanzó solo hasta el centro del lugar donde se alzaban doces enormes piedras en forma de círculo.

Había llegado, y aquel lugar permanecía como en sus recuerdos, pero Tornulgan no podía permitirse más el capricho de la memoria, así que Desmontó de su caballo, y caminando con paso firme se situó en el centro de los menhires, donde cerro sus ojos y comenzó la espera.

La noche anunciaba su llegada con una luna sombría e Intuneric supo que había llegado el momento de prepararse, mientras el dolor aumentaba, y la marca ardía cada vez más en su piel.

Envuelta en su magia, como la noche se envolvía de nubes negras, dejó su cabaña, y se dirigió al poblado, mientras la lluvia se apartaba a sus pasos mostrándole con acierto el camino para el cumplimiento de la profecía.

Una vez más sintió el dolor, pero quiso olvidarlo recordando todo lo que había aprendido junto a la orden "Tu marca podrá causarte la muerte, pero no la temas, porque en ella radica tu fuerza". Y recordó la cara de Ashaneir al pronunciar estas palabras.

Si alguna vez sintió como mujer todo fue por Ashaneir. Y aquella lluvia se lo recordaba, pues él le enseño el dominio de las tormentas. Y en una de ellas, en la peor él tuvo que recordar quién era para no caer en el yugo de la pasión que latía en el corazón de Intuneric.

Por su pasión fue condenada por Nobila, quien no podía permitir que su pupila se alejara del camino señalado, y así apartó de su vida a Ashaneir, sentenciado en aquella tormenta su pertenencia a la orden.

Aunque trató de buscarle, nada se escapaba del dominio de su maestra, y sólo alejándose ella misma de la orden podría lograrlo. Pero el tiempo y su aprendizaje la fueron preparando para su destino en el que el amor ya era un sueño vago.

Se acercaba al poblado, y a cada paso la oscuridad en las casas mecida con su mano derecha, tratando de proteger a aquellas personas que a pesar del miedo que sentían por la hechicera siempre habían sabido que ella les protegía. En la ausencia de luz, el regalo del sueño para que no fueran testigos.

De esta manera llego hasta el punto en el que se encontró cara a cara con su progenitor. En ese momento el viento se volvió más fuerte. Sus vestimentas y cabellos comenzaron a hacer remolinos contrastando con la rigidez de sus rostros.

-Sabes que tu fin está cerca- sentenció Tornulgan con rostro severo- Aún tienes una oportunidad de salvar tu vida. Únete a nosotros...es la única manera de que Perfide acepte...

-¡Jamás!. ¡Sabes tan bien como yo que eso nunca será posible!. Mi sangre, pese a compartir la tuya, no corre para volverse negra como la pez

En ese mismo instante un rayo cayó entre ellos dos y apareció Ashaneir que, intentando proteger a la hechicera, lanzó un ataque al nigromante. El golpe fue repelido sin mucha dificultad.

-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA...¿Qué haces tu aquí?. ¿Como osas interponerte al destino?

De esta manera comenzó un intercambió de ataques entre ambos. Lucha que, a pesar del dominio del joven mago blanco, terminó con un certero golpe que sesgo su vida. Ashaneir cayó al embarrado suelo fulminado y las gotas cayeron empapando su cuerpo inerte y con la mirada perdida.

-¡INTUNERIC!

Cuando Tornulgan pronunció de esta manera el nombre de su hija, no dio tiempo a más. El terreno retumbó y comenzó a surgir una forma indefinida en un principio. La amalgama embarrada fue tomando la forma de una gigantesca y monstruosa figura que parecía surgir directamente del interior de los infiernos. Unos ojos encendidos y brillantes como ascuas, mil dientes afilados como cuchillos que dibujaban lo que parecía una macabra sonrisa, brazos rotundos como columnas en número de seis y un poderoso tronco que se alzaba sobre dos patas terminadas en garras como garfios. Perfide emitió un rugido que hizo que todos los menhires que rodeaban el escenario se resquebrajaran e hicieran añicos. Y su voz retumbó como cien truenos en esa tormenta.

-¡TORNULGAN!!! ¿ACASO EN ALGÚN MOMENTO TUVISTE EL ATREVIMIENTO DE PENSAR QUE ALGO SE PODRÍA ESCAPAR A MI CONOCIMIENTO?. LO QUE CALLAN TUS TRAIDORES LABIOS LO PERCIBO EN TU CORAZÓN QUE ENTREGASTE A MI SERVICIO...

Al invocar el brujo el nombre de su hija, Perfide se percato de que en el corazón de este se encendió una pequeña luz de compasión hacia su hija. Y no dio opción a nada más. Se abalanzó sobre él devorando y destrozando su cuerpo. Quedaron solos la hechicera y la personificación del mal. Todo está escrito en el gran libro del destino y la preparación de la joven debía culminar esa noche en ese instante porque así aparecía en sus páginas. Y cuando parecía que todo estaba sentenciado, cuando el espanto iba a ejecutar a su contrincante, de los restos de Tornulgan y Ashaneir surgieron dos seres de luz que complementaron el alma de la chica. La agresión que iba a ejecutar Perfide se convirtió en su propio fin, ya que la conjunción de la trinidad hizo a la hechicera desatar un poder que nunca jamás se vio antes ni en el mundo de la luz ni en el de las tinieblas. Y mientras un torrente de agua continuaba cayendo del cielo empapando y resbalando por sus negros cabellos y su cuerpo absorbió la energía del abatido contrincante transformándola...

lunes, 7 de septiembre de 2009

EL UNDÉCIMO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: ÉRASE UNA VEZ UN JARDÍN

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA

Érase una vez, permitidme contaros lo que vi, un lejano país ayén de los mares. Y en ese país encontrábase, en su lejano centro, un castillo.

Y en ese castillo, de un lejano reino, en un inmenso país, más allá de los límites del mundo había un jardín como vuestras mercedes jamás de los jamases pudieran llegar a imaginar.Sin duda alguna pudiera afirmarles que en él se hallaban las más bellas flores con los perfumes más embriagadores. Mas en el núcleo de ese paraje de reposo y recreo para los sentidos se alzaba la más rara de entre todas las raras especies que allí se encontraban.

Había una rosa negra como la noche cerrada. Si, como ya he enunciado, se trataba de un prodigio entre los prodigios, sus aterciopelados y oscuros pétalos contenían una particularidad aun mayor...En su corola podíase apreciar dos manchas escarlatas. Y hete aquí, damas y caballeros, que esas marcas parecieran dos gotas de sangre caídas accidentalmente por un corazón herido.

Habéis de saber que fue tal mi asombro por aquel hallazgo, que sin poder evitarlo me acerque aún más a ella y en mi contemplación me perdí, dibujándola en mi mente una y otra vez, hasta que cayó la noche y sentí como la brisa mecía suavemente sus pétalos. Y, aunque me creáis loco, pues yo mismo lo creí en un tiempo, aquella rosa negra, con la más sublime belleza, me entonó su historia en una mágica melodía:



"Hubo un tiempo en que vestí de blanco, en el que en mi hogar el sol lo fue todo y el agua llegaba siempre de su mano.

Respire la vida en sus exhalaciones. Soñé ser sus fragancias, y él la mía. Y de sueños me alimenté. Sentí su aliento cálido aquella noche fría, y sin saber lo que era el amor, le amé en aquel calor. Y por él no morí, luchando en la permanencia del tiempo.

Me había agasajado con los más dulces mimos. Tan solo el verle hacía que luciera mas lozana que nunca habiéndome impregnado durante toda la noche con la blanca luz que me llegaba de la luna. Y es así que, cuando me visitaba con el lucero de la mañana, yo desplegaba mis satenes devolviendo al aire ese fulgor. Mas una rosa tan solo es una rosa...o no. Y a pesar de los cariños que me ofrendaba él no podía verme de otra forma que no fuera la de preferida de su jardín, que no de su corazón.

Rogué a todos los crepúsculos el convertirme, aunque fuera tan solo por un corto tiempo, en doncella que pudiera acariciar su ser. Pero este deseo que no veía concedido hacía que, a la mañana, lo que pudieran parecer gotas de rocío fueran mis lágrimas derramadas. Y sin duda, fueron ellas, las que alargaron mi vida para aumentar mi sufrimiento. Pues en el amor de mis días, fui testigo del suyo, y tras su noche de bodas me visitó dispuesto a talar la agonía en favor de su amada.

Al hacerlo, senti aquellas manos añoradas sujetar mi tallo, y estremeciéndome en el momento, y más viva que nunca, le herí con mis espinas bañadas de dolor, sintiendo como su sangre se derramaba sobre mi, y dentro de él la mía.

Nunca una rosa fue simplemente una rosa y yo habité en él, y por el veneno de mi anhelo murió en mi vida y no volvió a este jardín. Por él, me vestí de negro y en mi luto cada noche canto esperando que vuelva, haciendo brillar su sangre, la mía..."

Y como me lo contaron lo cuento. No puedo decir nada más... porque no se nada más. Tan solo que las gotas de sangre de él tiñeron la presencia de la hermosa flor de ese tono amargo, y que las lágrimas que brotaron de ella se concentraron dando forma a esa roja marca tan peculiar. Caballero, espero que la explicación le haya satisfecho. Narrarle otra cosa sería simplemente...¿invención?

Dedicado a Rafa con mucho aprecio. Sinceramente, esperamos que la explicación le haya satisfecho...

jueves, 27 de agosto de 2009

EL DECIMO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: UNA NOCHE DE MAGIA

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA


Fue una noche de magia, y hasta las hojas de aquel sauce lo susurraron, haciendo callar el rumor del pequeño riachuelo, y de la brisa chillona y ordenando a la hierba húmeda, en su calidez del verano, que preparará el sendero iluminado por aquellas estrellas cómplices, que no querían perderse aquel momento.

En el susurro, todo el bosque engalanado para el gran acontecimiento escuchó "Despierta hada de los sueños, que hoy es tu noche de vida, y no tendrás que dormir más".

Acurrucada en su lecho y bajo el hechizo de aquellas palabras despertó aquel hada blanca bajo el dosel, que aquel sauce había tejido durante años, y sus párpados brillantes poco a poco se fueron abriendo a los destellos que se filtraban a través de las hojas. Y en el primer aliento de vida, una sonrisa que endulzó aquella noche con el néctar que su boca exhalaba.

Poco a poco fue incorporándose, tomando conciencia de su cuerpo dormido durante la eternidad, hasta que consiguió dar sus primeros pasos sintiéndolo todo a su alrededor, en el tintineo de su cuerpo casi de cristal. En aquella música, el sauce separo sus ramas, entregándole su reino. Y acariciando texturas en el aire, asustada por sentir, salió fuera encontrándose en el centro del bosque, el gran recibimiento.



Al emerger de entre las cortinillas que formaban las lacrimosas hojas del sauce, unos brazos se extendían en bienvenida. Si el espíritu del bosque le había despertado de su letargo en un primer momento, en ese instante tomo las manos de la ninfa y, soplándola en el rostro, le concedió la dádiva de del sentir plenamente. Si hasta entonces lo que iba descubriendo era un paraíso, en ese mismo instante su derredor se transformó en un éxtasis de percepciones para sus sentidos. Acompañado de la mano del ente de la frondosidad, olió las flores, hojas, musgos, brisa y los arroyos que susurraban su nombre entre risillas traviesas “Lébana…Lébana…Lébana”. La floresta la reverenciaba mientras los animales iban y venían con curiosidad. Y Lébana cerró los ojos para sentir el roce de las yemas de su anfitrión mientras le mostraba los más recónditos rincones del reino del sauce.


Sintiendo la tierra bajo sus pies, toda su piel percibió la vida, y los latidos de todos aquellos corazones que la rodeaban, y el suyo latió con todos. Quiso caminar sola y acariciarlo todo, y aquel espíritu le soltó la mano, aunque continuo caminando a su lado.

Y en cada caricia, un sueño de magia para toda la vida, que casi se sintió celosa de tanta belleza y dulzura. Pero hasta ella esa noche soñó a través de aquella hada y recordó el tiempo en que todo era así, vida y magia unidas por siempre. Y decidió proteger aquel lugar.

Cerca del riachuelo, en un pequeño claro, Lébana vio el reflejo del cielo estrellado, y cuando miró hacia arriba sus ojos se llenaron del brillo de las estrellas, y quiso acariciarlo.

En aquella noche de magia, hasta el cielo rindió homenaje acercándose a la tierra para que Lébana pudiera acariciar las estrellas. Y al hacerlo, sus ojos comenzaron a derramar lágrimas. Y el espíritu del bosque se estremeció al ver su sentimiento y como extendía de su nuevo su mano para que él la volviera a tomar.

Pero en el reino de Morfeo cualquier cosa se puede hacer realidad y es por ello que Lébana, el hada de los sueños, estaba agraciada con el don de la creación. Tal vez no había despertado, si no que habitaba en ese mismo paraíso del ensueño. Todas y cada una de las cosas que había visto, pensado, deseado y sentido se habían ido apareciendo a medida que ella misma las había dado sentido. Toda su piel percibía la vida de su alrededor porque a cada paso que daba surgía un latido. Por ello este mundo onírico no la veía o sentía como un simple hada, si no como la deidad hacedora de todas las maravillas desde el mismísimo momento en que se encontraba en un estado de duerme-vela....

En cada tintineo de su cuerpo casi de cristal surgió una flor o un árbol. De cada paso una porción más de terreno firme. De cada sonrisa un nuevo habitante en esta utopía...Rocas, plantas, animales, ríos, mares, vientos, luces, sombras...Porque con un primer bostezo hasta las hojas de aquel sauce susurraron, haciendo callar el rumor del pequeño riachuelo, y de la brisa chillona y ordenando a la hierba húmeda , en su calidez del verano, que preparará el sendero iluminado por aquellas estrellas cómplices, que no querían perderse aquel momento en una noche de magia... Y en el primer aliento de vida, una sonrisa que endulzó aquella noche con el néctar que su boca exhalaba, creó al espíritu del bosque.

domingo, 28 de junio de 2009

EL OCTAVO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA. AGUJEROS NEGROS

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA




Su nacimiento trajo al mundo de la ciencia de cabeza, pues nunca se había visto nacer un niño y que al ir a anudar su cordón umbilical, allí donde tenía que haber nudo hubiera un pequeño agujero negro.

Así, entre médicos y científicos venidos de todo el mundo, pasó sus primeros meses de vida, encerrado en aquel hospital, sometido a infinidad de pruebas, incluso introdujeron por su ombligo kilómetros y kilómetros de cuerda con la intención de descubrir si aquel agujero tenía fin, llegando a la conclusión de que no lo tenía.

Un día su madre pudo acercarse a él, pero rápidamente los médicos la alejaron pues no sabían hasta que punto aquello podía ser contagioso. Y al olerla una vez, y al dejar de olerla, el agujero de nuestro pequeño personaje creció un poquito más.

Por fin, los profesionales en cuestión decidieron que aquello era realmente inexplicable, y que fuera de esa peculiaridad era un niño normal, y así lo entregaron a su madre, quien no vio nada más que a su hijo ¿qué le importaba a ella que tuviera ese agujero, si al fin y al cabo era suyo?

Según iba creciendo el pequeño, tomaba conciencia de su particularidad y aprendía a controlarla. Un estado de tristeza hacía que el agujero "latiera" y se hiciera un poco más grande. No era un chico que tuviera ataques de cólera... Nunca nadie le había visto enfadado y es que, incluso él, temía que ese estado de ánimo pudiera traer consecuencias catastróficas.

Aunque comía y bebía como cualquier humano normal, lo que realmente le alimentaba eran las pequeñas dosis de energía que absorbía de vez en cuando. Al igual que un diabético se inyecta insulina para mantener controlada su glucosa, había aprendido como poder nivelar su materia-antimateria. El control que tenía sobre sus sentimientos hacía que pareciera que no los tenía. No reía, no odiaba, no estaba triste ni tampoco alegre, ni lloraba ni reía... no amaba. ¿No amaba?

Claro que amaba, y se contenía para hacerlo, porque él recordaba cada segundo de su vida, desde el momento en que fue concebido, y sabía que el amor y el desamor, la felicidad y la infelicidad podían hacer que su vacío lo absorbiera todo, y tenía miedo a que creciera haciendo desaparecer aquello que pudiera amar.

Pero como en todas las historias y en la vida misma, a veces, lo que deseas no se cumple, y él conoció el amor la tarde que se encontró con ella y sintió como la electricidad de los sentidos se adentraba en él aumentando su apetito por esa energía.

Y ella se sintió atraída por aquel personaje extraño que intentaba huir cada vez que se encontraban y trataba de hablar con él. Hasta que un día él no pudo huir, y por fin oyó su "hola" y sintió como el agujero crecía un poco más. Pero no pudo resistirse y permaneció a su lado mirando sus ojos. Su primera sonrisa, y el agujero siguió creciendo, pero pensó que podría controlarlo, y así empezaron a quedar y a conocerse, aunque él trataba de ocultar su pequeño, no tan pequeño ya, secreto. Creció el amor, e irremediablemente su "nada" y la desesperación ante el intento cada vez más frustrado por controlarla. Su aparente frialdad era debida únicamente a la desesperación.

El inocente amor del otoño de su adolescencia se transformaba en una primavera de sensualidad, abriéndose poco a poco una flor de pasión. Y una tarde en la que compartían caricias, ante la forzada reticencia de él, ella abrió su blusa, mostrando sus pechos llenos de suspiros. No huyó. Tan solo retrocedió unos pasos y entre lágrimas se plegó sobre su vientre protegiéndolo con los brazos...mientras la miraba mostró su palpitante abdomen, encogiendo y dilatándose. Sin remedió el agujero comenzaba a ejercer fuerza sobre si mismo. Sin embargo al verlo la chica, en vez de alejarse también, acortó la distancia que les separaba.

Le tomó de las temblorosas manos y acercó sus labios a los de el muchacho. Ya no hubo solución. Esa última caricia fue el detonante porque derribó por completo los muros de la "muralla"que, año tras año de su vida, había levantado para protegerse. El "vacío" se convirtió en caballo desbocado. No hubo palabras, tan solo caricias y miradas. Agarraron sus manos con fuerza y fijaron sus ojos el uno en el otro mientras continuaban besándose...Retumbó la estancia al producirse un impacto de energía y en milésimas de segundo ambos cuerpos fueron atraídos y absorbidos...no quedó nada, ni tan siquiera "LA NADA".

jueves, 11 de junio de 2009

EL SEPTIMO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA. BATALLA EN EL CIELO II: LOS MOONDARLAIN

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA


Las orillas del mundo se habían convertido en un vergel; en otro Edén. Poco a poco todo se había plagado de árboles y extrañas flores en esa “zona muerta” para dios, y las más raras especies de animales que no tenían nada que ver con las que habitaban el resto de la tierra. Araziel y Lauviah habían tenido descendientes, la estirpe de los Moondarlain.

Para Dios era una “zona de nadie”, y a Lucifer le importaba muy poco cual había sido el destino de los rebeldes…Se encontraba centrado en su eterna batalla con el “Todopoderoso”.

Los primeros humanos, ignorantes, habían pagado muy caro el comer del Árbol de la Ciencia y la Sabiduría y fueron expulsados del Edén. Pero el Clan de los Moondarlain estaban lejos del castigo del “pecado original”. En la sociedad que crearon no había pruebas, ni condiciones, ni prohibiciones, ni jefes…Ni tan siquiera Araziel y Lauviah se habían destacado como tales, aunque siempre eran consultados, escuchados y gozaran del respeto de sus hijos y de los hijos de sus hijos.

Lo que ninguno sabía es que la batalla entre Dios y Lucifer había abierto una grieta entre las dos dinastías, y fue Axahan quién la descubrió.

Nacido hombre, no se conformaba con la vida que le había sido impuesta a su clan, y siempre tentando a Dios, había abandonado a los suyos en la creencia de que encontraría las llaves que abrieran de nuevo ese paraíso. En su búsqueda, recorrió desiertos áridos, hasta llegar a unas tierras alimentadas de agua en grandes ríos y lagunas.

Cayéndole la noche, decidió descansar cerca de un lago y disfrutar de sus aguas. Y en su baño nocturno se entregó a nadar. En un punto sintió el calor del sol, y al abrir sus ojos, la luz del día.

Confuso, decidió volver a la orilla y en el retorno, la luna y la oscuridad.

No podía creer lo que había experimentado. Apenas durmió y decidió que al llegar el día volvería nadando a ese lugar misterio.

Al despertar, y con la luz del día, lo primero que hizo fue dirigir su mirada hacia el centro de la laguna. Mucho se tuvo que fijar para percatarse de que había algo extraño, casi imperceptible a simple vista. Unos ligeros reflejos de los rayos solares dejaban percibir, con mucha dificultad, una especie de burbuja. Inmediatamente volvió a penetrar en las aguas nadando hacia la anomalía. Justo antes de llegar a ella se sumergió completamente en sus aguas para, al instante, volver a emerger…en medio de la oscuridad.

Esta vez se atrevió a salir y desde la orilla apreció que el paisaje era muy parecido al del lugar en el que se había encontrado instantes antes. Sin embargo los árboles que encontraba a su alrededor tenían las hojas de un tono negro, mientras que los matorrales emitían unos brillos plateados a la tenue luz que bañaba la noche. Tan absorto se encontraba en su visión que tardó en percatarse de la presencia de una lanza apuntándole directamente al cuello. Al darse cuenta, recorrió con los ojos de manera ascendente la pica, finalizando en los brazos de una mujer ataviada con un peto y casco. Con un gesto le ordenó incorporarse y sin dejar de enfilarle le fue guiando. Llegaron a una espesa zona de la arboleda, donde en dos tronos de piedra se encontraban una figura masculina y otra femenina, ambos con largos y negros cabellos, ambos con oscuros y profundos ojos, ambos con una serena pero inquietante presencia.



-Dinos, descendiente de Caín, ¿qué se te ofrece por estas tierras?-Interpeló Araziel en tono enérgico

Axahan no salía de su asombro y no podía evitar una mirada de incredulidad. Balbuceando respondió con otra pregunta.

-¿Dónde me encuentro?

- Te encuentras en tierra de nadie, lo que no entiendo es cómo has llegado aquí y qué intenciones tienes. Pero lo que sí se es que no puedes regresar y ahora pienso qué es lo que puedo hacer contigo.

Mientras Araziel le hablaba, Axahan no podía apartar la vista de la mujer que le acompañaba. Y ella respondía a sus miradas con cierto recelo.

Digna descendiente de Lauviah, Dariana había heredado su belleza y su fuerza. Al igual que su abuela un día, no pudo evitar sentir como algo bullía en su interior en presencia de ese extraño. Las palabras dejaron de tener sentido y se entregó en una mirada a aquel hombre que la estaba acariciando en su sentir. Y él la respondió con la misma calidez sin ni siquiera mover sus labios.

Quizás fue una maldición porque al sentirse atraídos una fuerza surgió iluminando un espacio hasta entonces oculto. Y lucifer y Dios se percataron de aquel momento.

Lauviah no tuvo tiempo de reaccionar de intentar avisar a su nieta del peligro de aquello, y su mundo empezó a temblar y a agrietarse. Sin embargo este era un momento que habían estado esperando, ya había sido escrito en el “Gran Libro” por el oráculo de los moondarlain y su pueblo nunca había dejado de ser instruido en las artes de la batalla en prevención. Esa noche el inmenso clan descendiente de los rebeldes velaron armas y Axahan se unió a ellos.

A la mañana siguiente, cuando un negro sol despuntaba en el rojo horizonte, la vanguardia del ejercito de Araziel y Lauviah ya se encontraba posicionada. Tras ellos extrañas e inmensas monturas con sus guerreros dispuestos. Frente a ellos a la derecha la milicia de arcángeles…a la izquierda el de demonios. Y el comienzo de una batalla distribuida en tres bandos. Dariana encabezaba al ejército moondarlain y a su derecha Axahan. La aguerrida dama miró al humano y acto seguido hizo una señal. Comenzó la lucha. Cielo contra infierno, infierno contra limbo, limbo contra gloria…Paraíso, Averno y los confines del mundo. Si una batalla es cruenta de por si, esta resultaba tres veces más y el terreno absorbía con avidez los tres tipos de sangre que lo empapaba hasta llegar a saturarlo mientras que era sembrado por los restos de cuerpos. Alas blancas, negras y membranosas… E intentando eludir el ataque de uno de los ángeles el humano sufrió la mortal estocada de uno de los malignos. Cuando se giró Dariana era demasiado tarde. Corrió y se posicionó al lado del cadáver para evitar que fuera devorado por los perros del infierno sin dejar de lanzar tajos a los espíritus celestes.

Lágrimas y recuerdos. Recuerdos de la noche anterior en la que, mientras esperaban la contienda, durmió con su secreto amado. Noche en la que su fértil matriz fue fecundada por él. Cuando consiguieron doblegar a los enemigos, cuando la grieta abierta consiguió ser cerrada, vinieron los frutos. Y de la furtiva unión de Dariana con Axahan nacieron los primeros titanes, un barón y una hembra, Zi y Noapte


jueves, 28 de mayo de 2009

EL SEXTO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA. PREMONICIONES

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA

Desde que murió su abuelo, sintió que algo había cambiado en ella. Todavía recordaba aquella noche, en que siendo niña, tuvo miedo de dormirse y les pidió a sus hermanos que dejarán la puerta de su habitación abierta para sentirles. Su abuelo había muerto y sus padres no estaban en casa.
Se quedó dormida y en mitad de su sueño, sintió un frió que la hizo despertar, y allí estaba él, en mitad del pasillo, mirándola con esos ojos vacíos. No pudo moverse, simplemente el miedo se apoderó de ella y lo único que pudo hacer fue cerrar sus párpados fuertemente. Al abrirlos, pasados unos segundos, su abuelo ya no estaba pero ella no dejaba de temblar. Nunca dijo nada

Se pasó años en la creencia de que aquel episodio había sido parte de un sueño, pero luego, en días de viento, oía voces que pronunciaban su nombre. Y otra vez, el miedo frío.

Otra noche soñó con un viejo con barbas blancas y largas que la miraba. Recordaba el sueño perfectamente, y una tarde de verano, pasados algunos años, se encontró con él, y era real. Al día siguiente murió.
Lo sabía, algo en ella no era normal, pero no sabía explicar el qué, hasta que aquel día, cuando oscureció y fue a dormir, soñó con un espejo. No se atrevía a mirar pero acabó por ponerse frente a él. En un principio el reflejo que se vislumbraba era la completa oscuridad para, poco a poco, ir formándose una etérea figura que se convertiría en su propio reflejo. Inicialmente no se reconocía porque había algo con lo que no terminaba de identificarse ella misma. Se miró a los ojos fijamente y no era su mirada. Al instante, la reflectante lámina se rompió en mil pedazos como una frágil capa de hielo al ser pisada. Despertó sobresaltada, sentándose en la cama, bañada en sudor y con las dilatadas pupilas fijas en la pared frontal. Unos instantes para sosegar su respiración entrecortada e intentar rebajar las palpitaciones. Se levantó de la cama para tomar un baso de agua con el que humedecer un poco su reseca garganta...



Un café y unos cereales. Mientras se disponía a desayunar apareció su madre en la cocina. Se percató de las marcadas ojeras que se dibujaban en su rostro. No pudo evitar preguntarle a que se debían. "¿Has pasado mala noche hija?" le interpeló amorosamente. Sosteniendo la taza dudó unos instantes. Daba vueltas al azúcar del café y sin dejar de observar el líquido pasó a narrarle la pesadilla de la noche anterior. Su madre escuchó atentamente mientras reflejaba un cierto estado de nerviosismo. Sin embargo intento calmarla, tal vez para intentar calmarse a si misma también. Un protector abrazo y un largo beso en la frente. Tras este episodio, comienzo de la rutina diaria parapetándose en ella para intentar olvidar el mal trago nocturno.

Llegó a su trabajo intentando desprenderse de esa sensación, quizás sí, quizás la rutina haría que se sintiera como alguien común. Entro al ascensor, pulso el botón de la quinta y mientras subía se dio cuenta que iba apoyada contra el espejo, y se giró, pero respiro tranquila al comprobar que sólo estaba ella, y que uno de sus mechones se había soltado.

Casi le dieron ganas de reír. "sólo ha sido una pesadilla". Al salir del ascensor se encontró con un compañero


-Voy a por café, ¿te apetece uno?

No le dio tiempo decir que sí, su compañero ya estaba en el ascensor y detrás de él, en el espejo, aquel reflejo, tan igual a ella, pero sin serlo, igual que en su sueño. Al verlo, ella no pudo evitar palidacer y al cerrarse la puerta casi se desvanece en el vestíbulo mientras su cabeza no dejaba de repetir "Me estoy volviendo loca".

Camino como pudo hasta su mesa entre buenos días que apenas llegaba a oír.

No podía concentrarse y sintió que la faltaba el aire. Decidió ir al baño y enfrentarse a su miedo, y al llegar allí la estaba esperando, en cada uno de los espejos. Quiso mirarla de frente, preguntarle quién era, y al ir a tocar el espejo, el reflejo desapareció.

Vio su cara, estaba pálida, no no podía quedarse ahí, y salió corriendo del edificio. Cogió su coche y decidió regresar a su casa. Había mucho tráfico, era hora punta. Su estado alterado hizo que se le cayeran las llaves un par de veces antes de poder abrir el coche; su pulso era acelerado, sus manos temblaban como casi el resto del cuerpo; la respiración agitada y ese sudor frío empapándola a pesar de la temperatura agradable que hacía. Consiguió acertar por fin con la cerradura; arrancó el coche sin ni siquiera colocar el retrovisor que había metido al aparcar el coche; salio acelerada, casi derrapando, un coche que venía en ese momento tuvo que frenar en seco para no colisionar con ella. En su cabeza los ruidos de la calle, la gente andando, el griterío de los niños, los motores de los coches, el rugir de los tubos de escape, el de las motos, el claxon del coche de al lado, su mirar nervioso sin ver, su mano en la frente, la respiración agitada, su pulso acelerado, la cabeza dando vueltas, estado de mareo, la nausea, el conductor de al lado increpándola, señales, humo, gritos, gritos y más gritos, paso de peatones, semáforo, ¡ROJO! y una mujer que cruza corriendo como si huyese de algo justo ante ella, frenazo en seco, chirriar de ruedas, el sonido de un fuerte golpe, un grito desde la acera y un cuerpo rodando por su capó para caer inmediatamente delante de su vehículo… Por un segundo sus manos quedaron agarrotadas en el volante…incapaz de soltarlo. Abrió la puerta con el rostro lleno de lágrimas. El cuerpo yacía inerte en el asfalto mientras un gran grupo de gente salía corriendo y rodeaba la escena murmurando… Se agachó y giró levemente a la chica atropellada. Su cara se quedó más blanca aun de lo que estaba hasta el momento. Se vio a ella misma…o al menos parecía. Era asombroso…dos gotas de agua. Si no fuera porque la miró a los ojos fijamente y no era su mirada. Y la chica atropellada, en el suelo rodeada de un charco de sangre con los ojos desorbitados, solo consiguió balbucear “ahora se que no era tan solo una pesadilla….que no era yo”



domingo, 24 de mayo de 2009

EL SEXTO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA. EL ANIVERSARIO

Cuento escrito por el Diablo y la Luna Oscura.




-Hola mi vida. Ya estoy aquí como todos los domingos. ¡Hoy he tardado un poco más!. Ya me perdonarás, pero es que en la floristería del barrio no tenían esas rosas que tanto te gustan, así que he ido a buscarlas un poco más lejos. La verdad es que son preciosas con este rojo tan intenso. ¿Sabes?....Te echo de menos. Ya, ¡ya lo se!... Te lo digo todos los domingos. Pero hoy te echo de menos especialmente… ¿Has visto que sol hace?. Hace un día como aquel en el que paseábamos por la playa. ¿Recuerdas?... Tu te reías de mi porque, mientras te miraba al hablar, tropecé y me empapé toda la ropa…¡Iba calado hasta los huesos!... ¡Pero como te reías!...Y el sol, a la tarde, brillaba en tus ojos y se reflejaba en tu pelo moreno como no queriendo acabar de esconderse en el horizonte… ¿Quién esperaría que, justo tres días después, esas risas se tornasen lágrimas?.... Mi amor…te echo de menos…y daría mi alma por volver a rozar tus labios aunque fuese tan solo una vez más… Por poder arrancarte de esta fría estancia de piedra…


- Si supieras mi amor cuánto me duele no poder ahora mismo acariciarte y, mientras lo hago, decirte lo mucho que te sigo queriendo. Claro que recuerdo esa tarde, y nuestras risas que prometían que todo iría bien simplemente porque estábamos juntos.

¿por qué sentí que en ese momento soltaste mi mano? ¿Por qué ahora sólo te veo a ti, y fuera de ti, todo es oscuridad? ¿Por qué cuándo no estás tengo frío?

Quisiera volver a esa playa, y sentir el sol suave sobre nosotros, detener ese momento y sentir de nuevo tu mano.

Díme ¿qué pasó? ya casi no recuerdo. Y el resto, eres tú y este dolor que sufro y ahora más, y dentro de un rato cuando no estés más.


-... que se ha convertido en tu morada eterna tras....... No se puede ir contra el destino. Y sin duda alguna ese día estaba escrito con pluma de dolor sobre negro papel. ¡Lo habíamos planeado tan bien!. Un día en velero, tu y yo solos visitando los acantilados...Y al amanecer lucía un sol esplendido. Fuimos al puerto con todo preparado y nos adentramos un poco en alta mar antes de dirigirnos a la zona prevista...Aprovechaste para broncearte un poco mientras la brisa te refrescaba. Después nos encaminamos hacia la zona del farallón, donde el agua era azul turquesa y había alguna que otra pequeña gruta a los pies de los gigantes rocosos. Al llegar tú estabas deseando zambullirte en las aguas. Nadabas, saltabas, me salpicabas...¡Cómo una niña traviesa! JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... Y como una niña traviesa y curiosa...entraste en una de las cuevas que viste...justo antes de que comenzara esa traidora tormenta que llegó sin dar ningún tipo de aviso...Hoy hace un año...y lucía un sol como este...

Sigue mi amor, no pares, recuerdo..

El sonido del mar y tu voz acariciando mi nombre. Creo que nunca fui tan feliz.

Quise ser como una niña y jugar al escondite contigo para seguir oyendo tu risa, y me adentré en una cueva y yo te esperaba, pero no viniste

¿por qué no viniste?.

Algo fuera cambiaba, el sol se ocultó y el agua se volvió fría, y yo gritaba tu nombre hasta que se ahogaron mis palabras, y a lo lejos vi tu mano.

Dime, dime, dime por qué recordar me está doliendo tanto.


-...Mi amor...un año...Y es como si hubiera pasado un siglo. Hoy he reunido fuerzas. La he buscado por todos los rincones de mi ser, la he acumulado y vengo a estar contigo. Y como tu recuerdo y la imposibilidad de tenerte ha envenenado mi ser hoy enveneno yo mi ser en revancha. Me echaré aquí, junto a tu lápida, para alcanzar pausadamente el sueño eterno que me lleve a tu lado. Cuando llegue junto a ti, te entregaré este ramo de rosas como la sangre...esas que tanto te gustaban. Porque aquel día, con las olas azotando el casco del barco, el agua arranco de mi mano la tuya al intentar retenerte deseperadamente...y contigo se quedó lo más preciado de mi ser. Hoy es un día especial porque volveré a pasear contigo...Hasta ahora mi vida...


Ahora lo sé y no lo he soñado. Fui yo la que te dejé, la que no tuve fuerzas para coger tu mano. Fui yo.

No te veo mi amor, no te siento, no quiero dejar de sentirte ¿por qué ?

Háblame, di mi nombre aunque sea por última vez.

¿dónde estás? sólo veo una luz que viene a mi. Tengo miedo.

Y ahora... TU

¿Qué hacemos?

No me lo digas, simplemente coge mi mano. No sabía lo mucho que te echaba de menos, hasta ahora. ¿Y esas rosas? ¿Son para mi?


lunes, 18 de mayo de 2009

EL QUINTO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: ASRADI

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA

artplaces.com/nielsen/images/snow-queen.jpg

Cuentan que una noche, la luna en todo su apogeo viajo hasta las tierras cubiertas de hielo, llenándolo todo de una luz cegadora, y que de uno de sus destellos nació la más hermosa de las Asradi cuyo nombre fue Rekoa.

Igual que las demás, su piel y cabellos contenía la blancura de la luna y la frialdad del hielo: Sin embargo sus ojos encerraban la oscuridad de la noche y el deseo de poder contemplar el día.

Pero las Asradi no podían exponerse a la luz del sol, hacerlo, implicaba su muerte, y en eso Rekoa no era diferente a ellas, aunque en su interior luchaba por serlo.

No quería concebir su vida encerrada en ese mundo de oscuridad con la única luz de la luna y decidió rebelarse, contra ella, contra la luna, resolviendo que cada noche se adentraría un poco más en la tierra desconocida siguiendo el curso del gran río helado. Así para sobrevivir a la luz del sol, hasta encontrar su destino, unicamente tendría que sumergirse en el fondo de sus aguas.

Y así lo hizo abandonando a sus hermanas, y renegando de su madre, que cada noche la lloraba.

Durante su trayecto por el río, tan solo abandonaba su acuática senda en las noches de plenilunio para que la luz de la luna plateara sus cabellos.

Madre Luna no podía dejar de pensar en su hija. Fue por esta razón por la que decidió parlamentar con Tonathiu “El que regala la luz” para intentar llegar a un acuerdo con él. Tras las negociaciones pactaron que en esas latitudes, al norte del mundo, las noches alargarían su duración durante el plazo de un cíclo. La dama plateada consideró que sería un buen trato ya que durante ese tiempo Rekoa podía desistir en su aventura y regresar a su hogar.

Rekoa continuó su viaje. Al darse cuenta de que el sol llevaba mucho tiempo sin lucir, lejos de darse por vencida aumentó su anhelo y aprovechó para acelerar su marcha hacia la región de Qland. En esa zona, justo en el centro, se encontraba el gran volcán por donde la gran esfera de fuego salía anunciando la mañana. La Asradi caminaba en la oscuridad viendo como danzaba la aurora boreal mientras le señalaba el camino a seguir.

Vivió con ansias su viaje, esperanzada en la idea de que todo le conduciría a otra vida en la que podría ser ella. Incluso cuando empezó a atravesar aquellas tierras de arena caliente, y el agua de su río cada vez estaba menos gélida, no perdió su anhelo.

Cerca estaba de agotarse ella y el tiempo de la aurora boreal, cuando por fin llegó a pies del volcan y sintió que le faltaba el aire para respirar.

Una vez más se sumergió en el agua tratando de enfriar su cuerpo, y al salir se encontró cara a cara con Tonathiu, envuelto en una gran capa negra.

Éste, al verla se estremeció pues nunca antes se había encontrado con un ser de la noche con tanta fuerza en su interior, y sintió como comenzaba a debilitarse, perdiéndose en la profundidad de sus ojos, y haciendo tambalear el pacto que había hecho con la luna.

_¿Eres tú quien me puede ayudar?

Tonathiu volvió a mirar fijamente a la Asradi. Él era consciente de la fuerza y de la valentía que había demostrado Rekoa durante su odisea siguiendo un sueño. Sin embargo no podía hacer posible el deseo de la reina del hielo sin que su vida terminase en ese mismo instante. Y así temía que iba a ser ya que estaba a punto de cumplirse el plazo establecido.

El suelo comenzó a moverse y por el cráter del volcán surgió un ruido ensordecedor. Nada se podía hacer…no había tiempo para el retroceso. El gigante, apiadado, intentó cubrir a la dama con su oscura capa para protegerla de los primeros rayos que empezaban a fluir como si fuera una erupción y con una energía inusitada tras tantos días de haber permanecido encerrado. Fue en vano. Según ascendía la esfera incandescente el cuerpo de la Asradí se transformaba en vapor. Por unos segundos consiguió ver amanecer y la luz del día pero se convirtió en nubes que plagaron el cielo. “El dador de luz” vio como ascendía de esta manera y mientras el sol se elevaba también lentamente, en lo más alto del cielo apareció una estrella que anunciaba la mañana…el lucero del alba. Esa fue el primero de todos los amaneceres en el que estuvo presente.

Por las noches brillaba cercana a su madre la Luna y la pusieron el nombre de “estrella del norte” para que guiara a todos los caminantes en la oscuridad.

viernes, 8 de mayo de 2009

CUARTO CUENTO DE DIABLO Y LUNA OSCURA: LA BATALLA EN EL CIELO

CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA


En el principio de los tiempos, antes incluso de que el hombre habitara el Edén, hubo una rebelión en el cielo. En desobediencia a dios los ángeles se enfrentaron unos con otros. Por un lado los afines a dios dirigidos por Gabriel. Por el otro las huestes insurrectas encabezadas por Lucifer.

Pero como en todas las guerras, surgen historias de amor entre bando opuestos…Porque ¿Quién puede afirmar a “pies juntillas” que los ángeles no tienen sexo?...Y he aquí que una de las razones del amotinamiento entre los ángeles era el reivindicar el derecho al libre albedrío. También se supone que lo fueron la lujuria y la vanidad. Pero si los hombres han de ser libres, y como libres han de tener la capacidad de decidir, ¿por qué no habían de tenerla los seres celestiales?.

Fue de esta manera que uno de los insurgentes encontró en el bando enemigo al ángel más bello de los que había visto jamás. En medio de la lucha, no pudo apartar su mirada hasta que se cruzo con la de ella. Y desplegó sus inmensas alas….como lo hace el águila marcando su territorio.

Retirada…Y durante el reposo los pensamientos de Araziel no podían evitar la memoria de la guerrera celestial.

Si la sensualidad hubiera sido dibujada en forma angelical , todos los grandes artistas hubieran pintado a Lauviah. Era el deseo y la inocencia mezclados; la voluptuosidad en blanco con un corazón en el que se encerraba la pasión.

Era Lauviah el sexo, la vehemencia de los físico condenada en un ángel que irradiaba belleza.

Pero precisamente por ser ángel, desconocía el misterio que se encerraba en ella misma: la lujuria dormida. Y por eso la cúpula celestial de Gabriel la tenía protegida, encerrada en el mar.

Por eso, cuando fue llamada a las filas de la guerra, Lauviah no dudo un momento en ponerse del lado de quién recibía las ordenes, pues al mismo tiempo acatarlas suponía la liberación de su cautiverio, y cuando emergió de las aguas y alzó el vuelo con sus alas, simplemente fue feliz al respirar el aire.

Algunos ángeles habían oído de su existencia, pero ninguno había logrado verla, y cuando apareció ante ellos todos se extasiaron al ver su belleza, y la gracia con la que se movía, y Gabriel supo que todos la seguirían, pues ella era la guerrera, y aprovechándose de su inocencia, la nombró a su derecha en el gran combate.

En la lucha, Lauviah estaba dispuesta a acabar con todos para seguir respirando, pero no contó con que alguien la iba a robar su propio aliento. Fue en ese primer enfrentamiento cuando sintió que alguien la observaba , y al tratar de buscar su origen, se encontró con un ángel cuya forma de mirarla no le pareció hostil. Y sonó la retirada.

Aquella noche, acostada a los pies de Gabriel, no pudo dejar de pensar en él, y la brisa de Lucifer le trajo su nombre: Araziel.


Al día siguiente el escenario fue de nuevo el campo de batalla. La lucha era más encarnizada por momentos. Todo estaba sembrado de gritos, de azulada sangre, y de alas sesgadas. Y en el fragor de la batalla Araziel sintió una presencia amenazante a su espalda, girándose rápidamente a la par que tomaba posición defensiva, justo a tiempo para interceptar el acero contrario. Un segundo eterno… Porque sus negros ojos se cruzaron con los de Lauviah, al igual que se habían cruzado sus espadas… Y tras ese segundo eterno, él reaccionó saltando y, aprisionándola por la cintura, abrió en toda su extensión los dos miembros emplumados mientras Lauviah intentaba resistirse. Se elevó por los aires, hasta los confines del cielo abandonando la zona de contienda.

Así llegaron a las orillas del mundo, donde nada había y nada les rodeaba, donde Dios no alcanzaba y mucho menos Gabriel. Tomaron tierra. Sin mediar palabra, el rebelde la abrazó para besarla a continuación. Pero no fue ni un abrazo ni un beso forzado, por que con el contacto Araziel exhaló algo que había desconocido hasta entones la guerrera…el libre albedrío. Conociéndolo, fue ella la que asió más fuertemente al íncubo. Al instante sus alas se tiñeron del mismo tono que las de él, negras como las alas de un cuervo. Había elegido. Ella misma eligió convertirse en súcubo, pasando a ser de la orden de Lilith. Con las caricias se despojaron de los petos, juntando sus cuerpos en medio del Reino de las Ausencias.

Completando el vacío de ese reino, se entregaron los alados al goce de sus cuerpos renacidos, que encajaron con la misma perfección de la creación, en un orgasmo que hizo temblar los mundos. Y después, en el agotamiento, sus cuerpos se enlazaron en un hermanamiento dulce.

Abrazados, con los labios unidos en el beso más perfecto, se entregaron a un sueño, del que ya no había regreso, pues habían quebrantado todas las normas existentes, olvidándose de la guerra en la que habían participado, ajenos a la muerte, y gozando de la vida.



jueves, 30 de abril de 2009

TERCER CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: AGLÁOPE



CUENTO ESCRITO POR DIABLO Y LUNA OSCURA



El ritual comenzaba cada noche con el nacimiento de la luna. Las sirenas, dormidas, despertaban de su letargo y danzando en el agua, todas al mismo compás, se dirigían a la superficie donde el cielo y el agua casi se acarician, para recibir el baño de la luz plateada. El baño que les daba la vida y que conseguía hacer brillar sus cuerpos con mil destellos de colores.

A la luna le gustaba contemplarlas. Se emocionaba cada vez que las oía cantar, con sus voces unidas al ritmo de las olas, y en esa unión aparecían las más tristes y hermosas canciones de la noche, que sólo ella podía escuchar.

Y en la tristeza de sus voces, la luna pensaba en el destino impuesto a las sirenas.

Sirenas, cuyo nombre viene del griego Seirến que significa “encadenado”…Y no es extraño que las denominasen de esta manera tras oír y observar alguno de estos ritos. Y así es como surge el mito por el que Ulises, a sabiendas, se ató al más alto mástil de su navío para embriagarse al escucharlas.

En esas noches de plenilunio, en las que el mar es llano como un espejo, la brisa transporta junto con el rumor de las olas melancólicos susurros. “Navega hacia mí, navega hacia mí y déjate envolver…Estoy aquí, estoy aquí…Mi abrazo te espera”. (*)

Ningún hombre de mar podía resistirse a su embrujo. Al escuchar, o incluso tan solo intuir, la polifonía de sus gargantas los marineros salían a la cubierta del barco donde, iluminadas por la blanca luz con que las envuelve su astro madre, se apreciaban las desnudas siluetas recortadas sobre los peñascos cercanos al acantilado.

Puedes ver como se engalanan para la ceremonia, trenzando sus larguísimos y sedosos cabellos con algas y adornándolos con corales y conchas. Se colocan en círculo para, de esta manera, poder rodear el reflejo de la luna mientras bailaban al son de las caracolas.




Y viendo ese baile, a veces, la luna también recordaba como antes de ese destino, hubo un tiempo en el que la magia y los sueños formaban parte de la vida, y en el que las sirenas y los hombres habían convivido en el mismo mundo, y recordó la historia de Agláope, la más hermosa de las sirenas y aquella cuya voz melodiosa hacía que hasta el tiempo se detuviera para poder escucharla.

Fue la época en la que los dioses, intentando regir un equilibrio, y por su propio egoísmo, establecieron una norma, ninguna sirena amaría a un hombre, ni ningún hombre amaría a una sirena. Y así convivieron en armonía, hasta que Agláope les desafió.

Entonces, las sirenas cantaban de noche para los hombres y era Agláope quién creaba las canciones. Si durante el día los había visto contentos componía alegres canciones para endulzar el camino al sueño. Si, por el contrario, los veía tristes y preocupados componía suaves melodías para lograr su sosiego.

Una noche, pensando que todos los hombres dormían, y acabados los cantos, la sirena abandonó a sus compañeras y se dirigió a su roca. En esa soledad que le proporcionaba la noche y que respetaba la luna, Agláope daba rienda suelta a sus sentidos, pues en su interior sentía que había un deseo oculto.

Pero esa noche, Agláope no se dio cuenta de que alguien más estaba bajo la luna.


En la orilla un pescador se encontraba recogiendo los aperos de su trabajo. El mar calmo iba y venía con las olas acariciando la orilla. Y con cada avance y retroceso la espuma rozaba los pies del hombre, como una caricia…una y otra vez…una y otra vez. Algo hizo que él mirase hacia el horizonte. Ese algo hizo que dejara las redes que recogía y arrastrase nuevamente su barca hacia el interior de las aguas.

Remó dirigiéndose hacia una gran roca que se encontraba a la izquierda de la bahía. Según se iba acercando distinguía mejor una hermosa forma femenina que atusaba sus cabellos con un peine de plata, lo que no dejaba de sorprenderle. ¿Qué hacía tan hermosa doncella acicalándose en tan recóndito lugar?. Sin emitir ruido alguno, consiguió arribar al minúsculo islote, desembarcando por la parte opuesta a la que se encontraba la hija del mar. En ese instante ella se percató de la presencia, pero continuó con su tarea como si nada. Mientras tanto Manuel –que así se llamaba el pescador- fue acercándose lentamente por su espalda. Su dorso se encontraba desnudo, con los cabellos echados por el hombro hacia delante. Su aspecto era pálido, tal vez acentuado por la iluminación. Mientras Manuel se aproximaba ella vigilaba sus movimientos a través del espejo en el que se estaba mirando. Sin volverse pregunto:

-¿Donde vas humano? ¿Qué se te ofrece en este solitario lugar?

Y él…no supo que contestar. Porque había llegado a una distancia en la que, aparte de la perfección del torso de la doncella, había apreciado una extraña forma en los miembros inferiores de la misma. Pese a que la sirena, en otra ocasión hubiera saltado a su acuoso hogar, permaneció recostada en el promontorio. Pese a que Manuel, en otra ocasión hubiera salido corriendo ante la visión de la extraña cola, permaneció extasiado ante la visión de la muchacha.

-Siento que te conozco…No se como, no se porque-Dijo Manuel

-Veo lo que sientes por mi…lloraste conmigo

La sirena no pudo más que girarse hacia él y mirarle a los ojos, azules, como su océano. Y perdida en ellos, descubrió que era cierto lo que él decía, que estaban unidos quizás desde antes de la vida, y logró percibir que algo se calmaba en su interior, y, en vez de llorar con su alma, sonrió a Manuel.

Y éste, al ver su sonrisa se sintió más desnudo que ella y se sentó sobre la roca a su lado, y juntos contemplaron el mar iluminado por una luna que esa noche brillaba extraordinariamente y que se convirtió en su cómplice.

En esa calma, junto a Manuel, Agláope comenzo a cantar. Era la melodía que siempre había llevado dentro, y el marinero se adentró en esa voz que le arrastraba a la deriva de un deseo imposible de satisfacer y al siempre amor por ella, por la sirena que le cantaba a él, que se entregaba en cada nota que salía de su boca.

La noche se lleno de amor y deseo, despertando a los Dioses que, al contemplar la escena , se enfurecieron contra Aglaópe y apartando la luna, aparecieron dispuestos a acabar con ella, arrebatandole la vida a Manuel entre sus brazos.

Varios marineros que salieron a pescar al día siguiente pudieron contemplar como Manuel se hallaba muerto entre los brazos, y pensando que ella lo había matado , rápidamente divulgaron la noticia: las sirenas eran monstruos.

Y éstas, tuvieron que adentrarse mar adentro, castigadas por el odio de los hombres y de los dioses.

Pero Agláope permaneció en la roca, llorando sobre el cuerpo inerte, y la sal de sus lágrimas se extendió por toda la bahía. Tanto lloró que aquella zona se saturó de salitre, falleciendo toda la fauna y flora acuática del lugar. Las rocas, salpicadas por las olas, crearon una costra blanca y brillante. Agláope permaneció tanto tiempo inmóvil que igualmente se fue cubriendo de pequeños cristalitos hasta quedar como una estatua...Al pasar por la muerta bahía se divisan sus niveas figuras brillando bajo el sol o a la luz de la luna...

jueves, 23 de abril de 2009

SEGUNDO CUENTO DEL DIABLO Y LA LUNA OSCURA: LA LAGUNA



Sigue la senda del bosque, todo el camino a lo largo…Recorriéndolo los árboles se hacen más frondosos y mayores en número según vas avanzando. Te darás cuenta de que la luz tiene cada vez más dificultades para penetrar entre las copas. Poco a poco esos rayos, que se cuelan entre las hojas, toman el aspecto de lanzas que se clavan en el musgoso terreno…Si pese a esto, aún te atreves a seguir llegarás a la zona donde el sendero se corta abruptamente y la oscuridad es tan negra como la boca de un lobo.



Allí la humedad es grande, y la temperatura se mantiene…como en uninvernadero… hermético. El suelo está
alfombrado por hojas que desprenden un olor dulzón en su descomposición, y las rocas están salpicadas de verdes grisáceos y amarillos…de líquenes adheridos a su superficie. Las mismas rocas que parecen rezumar agua de unos poros inexistentes y que rodean a un anillo acuoso que casi parece un manglar. Enfrente una cueva parece emerger espontáneamente. Y allí habita. Vive allí desde los tiempos inmemoriales. En un principio acompañado hasta que llegó otro dios que lo maldijo e injurió. Desde esa grieta en la tierra sale por las noches hacia la laguna donde, a duras penas, se refleja su cuerpo casi animal…su aspecto semihumano; y en sus aguas mira su “corona”…Dos astas que se alzan hacia el infinito, poderosas y orgullosas; al fin y al cabo esa “corona” le señala como señor de los bosques.

Pero no mires su reflejo en el agua cuando él se contemple.


No, no lo mires, porque si lo haces, su soledad de rey te herirá de muerte, y la oscuridad que le rodea penetrará dentro de ti sin que puedas deshacerte de ella, como en aquel tiempo lo hizo en el alma de la ninfa blanca que habitaba en la laguna.


Su nombre era Limnade, y al nacer, su padre, le impuso un destino contra el que no pudo luchar, permacer en aquella laguna en soledad velando por ella y por lo seres que la habitaban. Aunque la finalidad real de aquel Dios, era tentar al diablo que permanecía oculto en su grieta, y por eso ni siquiera quiso conocer a su hija, pues antes de nacer, ya sabía que la sacrificaría.

Sin duda fue la más hermosa e inocente de las ninfas pues en la oscuridad en la que prácticamente vivía, cuando hacía sonar su flauta, con aquella melodía dulce y triste, aprendida con los sonidos del bosque, atraía hacía ella la luz del cielo estrellado y, por supuesto de la luna. Y esa luz iluminaba sus ojos oscuros tan oscuros como el agua nocturna, haciéndola parecer un lago en ella misma.


Y cuando acababa su música, se recostaba en el hueco de un árbol, cubierto de hojas, para entregarse a sus sueños, donde dejaba de ser ninfa y el bosque dormía con ella. Era en ese lugar donde percibía un aroma único que la liberaba, que se impregnaba en ella y la hacía soñar, y así se entregaba a sus sueños.






Así vivían los dos, en la misma oscuridad pero en ninguna ocasión se habían llegado a ver. A la profundidad de la guarida del desterrado llegaban ecos lejanos de armonías. Escuchaba y, como hipnotizado por tan exquisitos sones, los seguía hacia el exterior. En un entorno de constantes tinieblas, el llegar al umbral de la gruta y ver pequeños centelleos
de luces blancas hacía que la prudencia se apoderara de su espíritu, con lo cual,nunca terminaba de encontrar su origen.



En sus pensamientos barajaba la posibilidad de que las melodías emergieran del fondo del lago. Era esta la razón por la
que noche tras noche, cuando el silencio volvía a inundarlo todo, saliera de las entrañas del terreno a buscar en el fondo de la laguna la respuesta a su incógnita. Y noche tras noche tan solo veía el casi imperceptible reflejo de su azabache mirada. Desconsolado se sentaba en la orilla, recostando su espalda en el tronco de un árbol...Un árbol hueco,cubierto de hojas donde la paz le inundaba y encontraba sosiego.

Pero llegó un día en el que, esa cautela que sentía al ver los titileos de luz, fue vencida por una atracción más fuerte si cabe que las experimentadas hasta ese instante. Se asomó un poco más que de costumbre, agazapado tras una roca desde la que vio como las diminutas estrellas bailaban y rodeaban una esbelta silueta apostada ribera. La figura iba cubierta con una leve gasa que dejaba entrever sus formas y que, con cada ligero movimiento que efectuaba, el tejido oscilaba con mesura como acunado por ligeras corrientes de agua. Cesaron los acordes y con ellos la luz. La ninfa se dirigió a la oquedad del árbol y el Señor del bosque se sorprendió al apreciar que ese era el mismo árbol en el que él reposaba su cuerpo y sus pensamientos.


Cuando vió a Limnade recostar su cuerpo semidesnudo sobre aquel lecho cubierto de hojas verdes que intentaban arroparla, no pudo evitar desear ser la tierra para sentir su piel brillante y suave entre los recovecos del verdor.


Sorprendido, pensando en las veces que él había estado en ese hueco donde ahora reposaba ella, un instinto que ya no recordaba se empezo a remover dentro de él, mientras ella se acurrucaba casi dormida.

No podía apartar su mirada de aquella escena y empezó a sentir una agustia en su estómago, un hambre desconocida, un deseo que despertaba inagotable, el del hombre y el de la bestia que habitaba en el señor de los bosques, en él.


Aunque trato de contenerse, viéndola respirar suavemente, no pudo, y el intento de reprimirse se convirtió en furia que iba despertándose a cada paso que le conducía a ella, llenando el aire con una respiración profunda y gutural que despertó a limnade, asustándola, pues nunca antes había escuchado algo parecido en la laguna.


Sólo cuando lo tuvo delante, con sus ojos todavía cerrados, pudo vislumbrar, como un ser desconocido se avalanzaba sobre ella, apresándola con sus brazos, con sus garras, sintiendo como la humedad de sus fauces y su respiración iba recorriendola el cuello hasta llegar a su boca.


Fue en el momento en que la bestia quiso arrebatarle su aliento, cuando limnade consiguió respirar, y en la inhalación todo le recordó a sus sueños. Era ese aroma, era su casa, su familia.


Mientras él la besaba y la recorría con sus manos, abrió sus ojos completamente, clavándolos en los de él. En ese instante la bestia frenó su impulso para contemplar aquellos ojos de cerca, perdiéndose en la oscuridad y al mismo tiempo sintiéndose completo por fin.



Los dos se unieron en el destino fijado para Limnade, y en esa locura de mirada la bestia pudo sentir como las manos de la ninfa comenzaban a acariciarle, y como el miedo de ella iba desapareciendo, y se entregó de nuevo a un beso en el que era ella la que quería absorberle la vida.

Hevay "El que todo lo ve" observó la escena desde lo alto de la montaña y la cólera se apoderó de él al al ver a su hija y al "demonio" juntos. Paró el tiempo y el entorno quedó petrificado. La brisa dejo de moverse, las hojas de los árboles se quedaron quietas, las pequeñas ondas del agua, las extrañas aves, los insectos, los batracios y los mamíferos que habitaban el lugar...Todos se sumieron en una quietud como si hubieran sido congelados.

Mas fue demasiado tarde ya. Cuando se dieron ese primer beso, la Dama de los elementales y el ser subterráneo se habían desvinculado de cualquier poder ejercido por el tirano dios. Y tras esa pausa la tierra tembló, como se agitaron sus cuerpos con ese abrazo, justo cuando la negra mirada de él se clavó en los oscuros ojos de ella. El bosque se llenó de suspiros al enredarse sus cuerpos. El agua empapó la tierra fértil plagando la orilla de nocturnas flores que brotaron espontáneamente, mientras las ramas más altas de los más crecidos árboles se entreabrieron, dejando pasar la tenue y aterciopelada luminosidad de una luna llena acompañada de su séquito de estrellas....

Lo que durante un tiempo eterno había sido oscuridad se inundo de una blanca claridad. Los lobos aullaron en señal de pleitesía hacia su Rey...que volvió a ocupar su trono, esta vez junto a la Reina...Allí, donde las ramas de los grandes pinos se enmarañaban para atrapar a incautos viajeros, ahora se extiende el feudo de los amantes.