Una vez, siendo niña, sentí la soledad de su resplandor, aquel brillo perdido en la inmensa oscuridad, sólo quebrada por el leve fulgor de las estrellas, sus eternas compañeras. Aunque nunca negué su belleza, no pude evitarlo, me compadecí tanto de aquel extraño destierro que en mi inocencia, fui haciendo mío y me imaginé que era una mujer...

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martes, 13 de marzo de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 13. EL FINAL...



Al final de este viaje recordé que yo ya escribí sobre los cuatro elementos. Fue hace mucho tiempo y hoy leyendo aquel trabajo me he dado cuenta que no soy tan distinta como entonces: Sigo siendo una mujer de retos.

Al comenzar éste,  pensé que yo no podría ser como el viento. Lo tenía tan claro que decidí robar la inspiración de otros (con su permiso)  y convertirla en cuentos. 

Gracias a todos los que me ayudasteis...

Pero hasta yo encontré el mío y ¿sabéis? Empezó a gustarme porque hubo un tiempo en que lo odié.

Después me descubrí renaciendo en el agua, buscando lluvias perfectas; incluso me desnudé y bañé mi alma, y pensé que el agua lo era todo en mí. En parte aún lo sigo creyendo pero eso permitidme que lo reserve para mí.

Luego, la tierra recordándome tanto lo que he sido, lo que he vivido, lo que he perdido… Necesité un poco de ayuda y allí estuvieron a mi lado dos amigos: José y Paquita. 

Porque ha sido difícil escribir sobre ella sin que doliera, aunque al final horizontes inmensos se desplegaron ante mí.

Pero ahora al fin confieso que lo que más temía, sin duda,  era enfrentarme al fuego, porque me daba miedo. Y sí, pude convertirlo en destrucción y asolarlo todo pero… He cambiado tanto en estos meses.

¿Verdad Laura? 

Gracias por prestarme el tuyo.

Ha sido un invierno duro, quizás el más duro de mi vida pero casi al final he encontrado mi fuego y lo he sentido dentro de mí.

Me he desvelado en noches tratando de calmar mi alma en la luna más fría y qué curioso que en mi desvelo acaba sentada frente a la estufa contemplando otra luz, sintiendo como me envolvía en ella.

No puedo renunciar a mi calor, pues en él me he encontrado de nuevo y ahora sé que puedo compartirlo.

A veces uno se protege tanto para no sufrir, para no vivir,  que pareciera que deja de arriesgar. Pero hoy me doy cuenta leyendo cada uno de estos cuentos, que en este año he arriesgado más de lo que nunca había hecho, porque sí porque al final siempre se escapa algo de mí entre estas palabras que escribo.

Sí, se podría decir que he jugado con el fuego…

Y aún seguiré haciéndolo, así que…

QUE COMIENCE EL NUEVO RETO…

LOS RELATOS DEL FUEGO 12. LA VERDAD SOBRE EL ANGEL DE FUEGO...




Un día el fuego, orgulloso, se cansó de oír las voces de aquellos que habían olvidado lo esencial que era su calor y no dejaban de repetir que la vida se extinguía en él.

Podía admitir que el viento era su soplo, su inspiración; que el agua era su esencia transparente y pura; y que la tierra era el lugar perfecto para que la vida relatara hazañas.

Tantas veces lo había escuchado reprimiendo su furia que poco a poco fue trazando un plan. Cada vez que alguien encendía una hoguera o prendía una cerilla robaba un latido, un aliento de quien lo contemplaba y cuando por fin reunió los suficientes creó un ser, un ángel de fuego…

Pero no pensó que aquella criatura en su soledad silenciosa encontraría su propia alma y que decidiría hacerla arder entre las mismas llamas que le habían dado la vida.

Vida y muerte en ti se encierran. Lo demás es pasión que quema, que arde,  que por momentos regala pálpitos y por momentos los arrebata.

Así es el fuego que yo he visto y por eso tu ángel no encontró mejor lugar para vivir y morir.

¿Lo recordáis? Fue el primero de mis fuegos…

Hasta el fuego encierra lagrimas.

LOS RELATOS DEL FUEGO 11. MALABARES DE FUEGO.



¿Sabes?  Hoy me he vuelto a ver a mí misma esperando una lluvia que apagara mi destino, una lluvia que pusiera fin a este cuento. Será que el sol brilla con más fuerza que ayer y cada día que pasa comienzo a verlo todo con más claridad.

Él me dio la vida.

Nunca  fui a un oráculo pero siempre tuve el presentimiento que habría un tiempo en mi vida en el que permitiría que las llamas me envolvieran de nuevo, a pesar de mi renuncia constante a entregarme y a extinguirme en él.

Incluso visité el volcán ante el que una vez me sacrifiqué a mi misma jugando con las palabras que siempre me acompañan y supe que él había estado allí. Por eso le dejé para el final.

Yo que siempre me he amparado en la frialdad de las noches, he conseguido ahora hacerlas arder, pero si me entrego completamente a mi fuego moriré, lo sé…

Aún así, sintiendo su presencia cercana, he caminado con pasos firmes aunque a mi alrededor el suelo comenzaba a desaparecer y un abismo rojo lo invadía todo.

Tengo tantos recuerdos.

No ocultaré el temor a que se incendie mi cielo y no quede lugar para la frialdad de mis lunas, porque vivir asusta y quién una vez  fue como el fuego no lo olvida.

Te diré como es. Es como hacer malabarismo con bolas prendidas sin miedo al dolor.

Yo era la mejor malabarista pero siempre hice trampas porque no he dejado de tener miedo, porque respirar fuego duele…

LOS RELATOS DEL FUEGO 10. UN FUEGO COMPARTIDO.




Mientras conducía de regreso a casa,  no pudo evitar que la luna de aquella noche la sedujera, al tiempo que la canción que últimamente parecía acompañarla  sonaba en su coche.

La primavera estaba tan cercana que sintió la tentación de bajar la ventanilla y que los frágiles aromas de las flores tempranas del almendro provocaran aún más sus sentidos, pero un escalofrío le recordó que aún no había llegado el tiempo de las noches templadas y cuando por fin llegó a casa, aunque llevaba días sin hacerlo, decidió encender la chimenea.

Ya se había convertido en un ritual encender el fuego, aunque no siempre lo conseguía a la primera.

Y de nuevo, aquel tema…

Hay veces que el tiempo se detiene en una melodía que al final acaba formando parte de nuestras vidas, acompañando los recuerdos y  a ella, sin duda, le gustaba coleccionar sinfonías que hacía suyas porque las percibía en su interior, como si aquella música hablara logrando el descanso de sus palabras, como si reflejaran a la perfección el  momento en que se encontraba.

Mientras le esperaba, se sentó a contemplar las llamas permitiendo que la atraparan y la envolvieran.

Nunca el fuego cobró tanto sentido en su vida como en aquel invierno. Nunca lo había contemplado con tanto detenimiento.

Lo dejó para el final por miedo a sentir que quizás no había mucho que decir sobre él, porque quizás negaba que aquel elemento formara parte de ella.

Sabía que podía haber escrito sobre la destrucción que conllevaba porque después de él  apenas quedaban cenizas, pero durante aquel invierno supo que no podría prescindir de su calor y entendió que también el fuego era vida.

Y durante el día más frío de aquel tiempo sintió como su propia piel ardía.

No, ya lo dije antes, nunca creyó en el fénix porque quizás una persona no puede dejar de ser quién es completamente y renacer sin más de las cenizas, porque algunas cenizas siempre se recuerdan.

No sé si habrá dos fuegos iguales, porque los instantes no se repiten, pero sin duda aquel era único, como aquella melodía…

…Y mientras le esperaba comenzó a escribir…

LOS RELATOS DEL FUEGO 9. LA CIUDAD DE LA CONTRADICCIÓN.




“Aléjate luna de esta noche, que esta ciudad y este río no te pertenecen.
Huye en tu luz de las cenizas como huyes de las sombras que te hieren.
No busques palabras tristes en el viento ni aromas de vida que se pierden.
Pues hoy esta noche pertenece a los que creen que no existe la muerte”


Hoy te contaré una leyenda sobre la ciudad brillante en la que cada noche el tiempo se pliega sobre sí mismo, y grita a la luna, con amabilidad, que apague su luz. Pues este lugar sagrado nunca le ha pertenecido y en él las lágrimas están prohibidas.

Te hablaré de los secretos de la verdadera luz y de la oscuridad dorada. No, no hay sitio para la luna en este lugar pues tampoco hay sombras y solo el sol esperará paciente su momento, iluminando con más intensidad los colores vivos.

Trataré de acercarte con mis palabras el sonido de las aguas de su río en el que la vida y la muerte se hermanan en reflejos rotos por ofrendas que iluminan sus orillas; el suspiro de vida de sus ondas cristalinas en lo más profundo, y al pie de la escalera santa, su muerte y el crepitar del fuego que lo purifica todo.

Entonaré los cánticos de antiguas creencias en las que el agua no apaga el fuego y el fuego arde sin lastimar el agua, y verás niños y ancianos compartiendo este momento. Y oirás risas y oraciones, pero no llantos.

Estarás allí y el tiempo reconocerá que es tu primera visita a este lugar y limpiará los pecados cometidos en la gracia de la vida, con la esperanza de concederte el olvido y liberarte en la pureza divina. Los más afortunados no regresarán.

Miles de peregrinos te rodearán y no importará su cuna llegado el tiempo. Algunos han venido a morir y esperarán pacientes, como el sol, su momento; otros simplemente contemplarán el cortejo funerario con la esperanza de que algún día les tocará a ellos, cerrando así el ciclo de la vida.

¿Tienes fe? Porque si no la tienes es el momento de que abandones este lugar. Pronto amanecerá.

Mientras respondes contempla de nuevo como entre las cenizas las ofrendas se deslizan con suavidad siguiendo el curso del río, iluminándolo la noche. Son plegarias a la muerte, y qué hermosa vida en la eternidad de las almas…


domingo, 11 de marzo de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 8. LA MEMORIA DEL FUEGO.




Todavía existen tierras que recuerdan y herederos expulsados que regresan a ellas provocando hogueras para no olvidarles.

En sus pechos conservan aún el legado transmitido por las generaciones sagradas, por los ancestros.

La sangre les llama, pide respeto por los defensores que derramaron la suya envueltos en llamas mientras el sol caía con ellos y la luna cubría su rostro con el más delicado velo blanco, cerrando sus párpados, honrando el momento.

Y su piel del color del fuego…

Danzarán formando un círculo, recordando que todo está en perpetuo movimiento y el gran espíritu, llegado de las cuatro direcciones, les acompañara.

Celebrarán de nuevo la vida gritando, tratando de olvidar que una vez fueron juzgados sin comprenderlos solo porque sus oraciones eran diferentes.

Los cuatro elementos se unirán en el canto del chamán. La naturaleza necesita de armonía.  Sus corazones también.

Canta Chaman, hazme recordar que hasta una estrella o una piedra tienen alma.

Canta Chaman los mandamientos de la fe universal porque tengo miedo de perderla.

Y vosotros, descendientes,  danzad, que vuestras sombras ante el fuego serán más porque yo aunque no esté allí,  bailo con vosotros cada día. Os comprendo porque yo también formo parte de este mundo y la naturaleza también está en mí.

Por un momento la tierra olvidará su lamento. El viento la recorrerá libre como entonces. Incluso los ríos recobrarán su fuerza y romperán durante unas horas los límites impuestos. Y el fuego, como el sol, será testigo,  abrigándoles con su calor.

Las grandes montañas recobrarán su esplendor y todos seremos uno fundidos en la vida, en la naturaleza. Nuestros corazones latirán recordándonos lo que somos, lo que fuimos, y que lo que seremos dependerá del respeto por todo lo que nos rodea.

viernes, 2 de marzo de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 7. LA DANZA RITUAL DEL FUEGO




Trata de imponerse al silencio.  ¿Lo escuchas?

Tras un velo oscuro, con disimulo, se ha prendido y lentamente emerge, creando sombras, despacio, cobrando vida.

Un suspiro.

No trates de contener la respiración, no tengas miedo de extinguir la primera llama y sin moverte, contempla como empieza a elevarse, como trata de envolverte, como estrena la noche.   

Germina y lanza su fuerza, serpientes que queman, que se deslizan y en sus ojos, todos los abismos del deseo. 

Yo también siento que me quiere atraer hacia él, cautivándome, espiando mis sentidos.

No caeré en la trampa del primer fuego, pero no puedo apartar la mirada de él.

Es hermoso, realmente hermoso.

Ahora se eleva, desprendiendo un humo embriagador.

Embaucada por su esencia, por fin su engaño cruel me seduce.

La cordura se cree insensata, se ha perdido de nuevo en la hoguera. Se ha perdido.

Latidos llameantes, un ritmo que comienza a marcar mi cuerpo y sobre mi piel estigmas que anunciarán el placer, mi perdición.

Me desprenderé de mi ropa y danzaré desnuda sobre la hoguera sin cortejos.

Seré su amante.

En su crepitar, un aquelarre de lujuria contenida y en mis pupilas, sus destellos.

Hechizada por su calor, poseída por su luz, danzo en espera de su éxtasis. El suyo será el mío.

Cedo en mi delirio, rompiendo la realidad y dejo que me posea. 

Soy yo la que le sigue, la que le provoca y a su alrededor mis brazos, mis piernas, implorándole su lengua, sus llamas, consumiéndome.

Embrujada no renuncio a este ritual de fuego y en mi danza no suplicaré piedad. 

Soy el fuego...

miércoles, 29 de febrero de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 6. SI ME CONDENARAN A LA HOGUERA...





Que me condenen a morir en la hoguera de mis propios cuentos que no imploraré por la salvación de mi fe, ni suplicaré el perdón por mis palabras. Pues aunque me rodeara de pecados y jugara con ellos,  con dignidad confesé el mío y las palabras, aunque quemaron, rozaron mi propio cielo.

Que me arrastren a las puertas del infierno que ante ellas gritaré con valentía y orgullo que no me arrepiento, pues siempre fui yo. Que puede que arrancara las alas a un ángel porque no entendía su alma. Yo sí entendí la mía, la sentí y por eso lo hice.

No lloraré, ni temeré las llamas,  pues ya no existen dudas en mí y hace tiempo dejé de temer a la muerte pues con ella hablé, escuché su voz y la sentí viva. Sí la muerte también es vida.

Quemad mis relatos, convertidlos en humo, pero haced un fuego grande pues hoy el verbo golpea en mí cada vez con más fuerza y no me avergüenza el de ayer.

Sabed que existen verdades que no podréis extinguir.

Que a pesar de la frialdad de mi luna y de ocultarme en mi oscuridad,  un día logré abrazar al sol y ciega ante su luz, mis ojos contemplaron el más hermoso amanecer.

Que a pesar de la nostalgia de los caminos por los que mis pies anduvieron descalzos,  una vez más me arrojé al volcán de unos labios llenos de mentiras que ardían sin piedad y, aun así, mi corazón salió ileso y comenzó a latir con más fuerza abrasando los recuerdos. El pasado también es mi verdad aunque el tiempo decidió que no me detuviera en él.

No, no creo en el ave fénix, ni en los fuegos purificadores, así que sí,  haced un fuego grande, y mientras lo hacéis  yo seguiré escribiendo, seguiré soñando con la certeza de que lo único que hoy apagaría mis letras sería tenerle a mi lado pues no siempre escribo aunque mis relatos me acompañen siempre.

Soy quien soy.

martes, 28 de febrero de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 5. SENSACIONES DE FUEGO


(Gustav Klimt- Dánae)



"No era una mujer que pudiera pasar desapercibida fácilmente a pesar de sus pasos menudos y silenciosos,  pues parte del fuego que albergaba lo llevaba prendido en su pelo. Llamas rojas que envolvían su cabellera rizada avivando su piel tersa y blanca.

No, no podía disimular la sensualidad que habitaba en ella pues hasta sus ojos brillaban recordando noches de prendidas velas.

Y sus labios… siempre pintados con el carmín del deseo.

Sin duda, la pasión habitaba en ella elevando la temperatura de su frágil cuerpo, condenándola al sentir. Y sentía tanto que un día creyó no poder soportarlo más. Tenía que encontrar alguna forma de liberarse de todo aquello que llevaba en su interior. Silenciarlo o morir, y aunque muriese un poco en cada verso, llena de aquel ardor, comenzó a escribir…

Zapatos de tacón de aguja, perlas blancas y pañuelos de seda negros. Su cuerpo desnudo y tras la ventana,  la luna.

Y no me olvido del murmullo de las olas de ese mar que envidio tanto. En su orilla, copas de vino bañando crepúsculos llenos de pasión, de fuego… me esperan..."


Espero que mi emoción no apague el fuego que hoy me acompaña. Deseo que no aparezcan esas lágrimas que a veces es imposible evitar que asomen cuando pienso en ella, pues a pesar de la distancia está siempre conmigo y me acompaña.

Fue una casualidad o no, pero creo en el fondo de mi corazón que estábamos destinadas a conocernos.

Es mi amiga Laura, capaz de hacer arder el papel sin que se convierta en ceniza, de prender las palabras para que quemen los labios que una vez tuvieron el valor de recitar su poesía.

Sus versos salen de dentro y para los que la leemos es algo que se percibe porque consigue transmitir de una manera sencilla, transparente, sin alardes. Su seudónimo no podría ser más acertado: SENSACIONES.



Fuego, que quema
que abraza con fuerza
la pasión de dos siluetas,
entrega de lujuria
en una habitación sin puertas.

Fuego, que arde
que estalla en el clímax
en cada chispa de piel
que roza, que abrasa
dejando en las cenizas
mil besos como firma
de estos versos  (Sensaciones)


jueves, 23 de febrero de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 4. CONDENADOS A ARDER




“Arrebataré en tus sueños la luna con la que te vistes para respirar de nuevo tu verdadera piel”


No importaba que él la contemplara…

Aquella noche se desnudó en su propia hoguera, despojándose lentamente de la túnica que encubría, con fervor, los tatuajes grabados en su piel.

Mientras observaba como ardía ante sus píes, lenguas de fuego besaron sus tobillos, enredándose en  sus muslos, en sus piernas, vistiéndolas de deseo sin lastimarla.

Una caricia en su vientre… y prendiéndose la única rosa, comenzó a desatarse una pasión ancestral, una furia contenida que gritaría al silencio.

Nadie volvería a atar sus muñecas pronunciando su nombre. Nadie trataría de contenerla encadenándola a su ingenuidad.

La luna y ella se habían envuelto en llamas y no existiría ningún ser capaz de extinguir aquel fuego.

Preparando su cadera, su cintura y sus pechos para quemar el agravio, castigaría con su pasión el sufrimiento, entregando toda su ira de una sola vez.

No, no sería un sacrificio, pues ya no existía inocencia en ella.

Y desatando su melena,  avivó aún más aquellas llamas enjaulando con sus mechones, sobre sus hombros, el vuelo de su dulce nostalgia.

Con su fuego, con su néctar, quemándola en su interior, ella sería el castigo de todos los engaños, de todas las mentiras consentidas. 

Permitiría que él desnudara con su lengua las invenciones hasta saborear cada centímetro  de su piel. 

Y aunque se encendieran aún más sus tatuajes, le haría creer que su boca moriría, correspondiéndole en cada uno de sus besos, arqueando su espalda, alzando  con sabio orgullo su sexo, perdiéndose y hundiéndose en el de él.

No. No importaba que él la contemplara pues ambos aquella noche estaban condenados a arder…

martes, 21 de febrero de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 3. UN BESO DE FUEGO






Fue un beso que ardió en sus labios quemándolos, torturándolos, demostrando que no todo lo que arde termina convirtiéndose en cenizas.

Un beso que fundió aquel instante previo al amanecer y que hizo desvanecer las palabras que expresaban el temor por el ayer, envolviendo a la luna en llamas, rompiendo la ingenuidad de su luz pura y alba, quebrando las sombras de sus ocasos.

Perdieron la razón, el juicio, la soledad y fueron como niños que gritaban en veranos de sombrillas y castillos de arena sin acordarse del invierno que vendría.

Perdieron los temores, los anhelos, las ilusiones y fueron como amantes fieles que de nuevo se encontraban más allá de la vida sin importarles el horizonte.

Lo perdieron todo, su hogar, sus recuerdos y no fueron nada…

Y aunque en el fondo sabían que al hacerlo estarían más cerca de su final, descubrieron que un segundo se puede sentir infinito, engañando al tiempo, olvidando el lamento de los años malgastados el uno sin el otro.

Y aunque en el fondo sabían que solo sería eso, un segundo, rompieron todos los relojes condenándolos al olvido, encerrando sus almas en aquellas llamas sin importarles que el humo se desvaneciera con la brisa de la mañana.

lunes, 20 de febrero de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 2. RESPIRANDO FUEGO




La única verdad es que nunca temió al fuego,  a pesar de las quemaduras que su piel mostraba con orgullo, pues una vez, siendo niña, lo respiró tan hondamente, frente a los fogones de su hogar, que el espíritu que habitaba dormido en ella despertó hambriento de llamas y ya no pudo controlarlo.

Mientras todos dormían, ella abandonaba su dormitorio y caminaba por la playa en busca de hogueras olvidadas, persiguiendo ascuas prendidas para poder caminar descalza sobre ellas.

 Y qué placer sentía…

No fue fácil aprender a ocultar sus llagas, a disimular su ambición, su deseo, pues nadie que la quisiera lo hubiera entendido.

Pero quién es capaz de resistirse a sus sueños. Y sin embargo ella sentía que no lograba ni tan siquiera alcanzarlos.

Un día un circo llegó a la ciudad y sin saber por qué acudió. Era domingo.

Nunca le habían gustado mucho los números circenses, pero de pronto se vio entre el público expectante mientras un hombre en la pista central comenzaba a escupir fuego.

Se enamoró sin poder evitarlo y aquella misma noche su corazón se rompió en mil pedazos, o eso creyó.

Una vez que acabó la representación, ella le buscó desesperadamente entre los carromatos hasta que por fin le encontró. No tenía muy claro que iba a decirle, incluso sintió miedo unos segundos antes de golpear la puerta. Pero una vez que le tuvo delante, lo supo y se arrojó a sus brazos. Le amaba.

-        -  ¿Podrías repetir el número que has hecho para mí?

Y él, algo extrañado, contemplando los ojos brillantes de aquella jovencita no pudo negarse y  lo hizo.

Era un truco, él no tenía ese fuego dentro de su cuerpo. Pero a pesar de su gran decepción, ella no se resistió ante la ocasión y mientras aquel hombre escupía llamas ella abrió la boca y las aspiró hondamente.

Sin pararse a contemplar la cara atónita de su primer amor, decidió regresar a su casa con aquel fuego dentro y los ojos llenos de lágrimas. Pero antes de abandonar el circo,  aquel hombre consiguió alcanzarla.

-          -Hay un joven y él si lo escupe de verdad. Hace años vino como tú a este circo y como tú se marchó con los ojos llenos de decepción.

Mucho tiempo después recordó aquella noche y la ilusión con la que se alimentó durante demasiados años buscándole sin lograrlo.

Un atardecer, una cortina de humo rompió el cielo. Un bosque ardía  y aunque luchaba consigo misma, tratando de mitigar sus anhelos, no pudo evitar acudir a él.

A pesar de las advertencias de las personas que, a su alrededor, trataban de extinguirlo, ella no le temió y  penetró en él respirándole profundamente, logrando extinguir parte de él hasta abrir un camino. Siguiéndolo por fin le encontró. Allí estaba él, aquél a quien tanto añoró.

Mientras él contemplaba como ella se acercaba clavándole su mirada, escupió un fuego intenso y ella comenzó a absorberlo, haciéndolo suyo, acercándose cada vez más y más a él hasta que sus labios por fin se unieron…

Y en aquel beso alcanzaron su paz.

miércoles, 15 de febrero de 2012

LOS RELATOS DEL FUEGO 1. CUÉNTAME UN CUENTO IV


De nuevo contemplé el fuego y antes de unirme a él y permitir que desatara su furia dentro de mí,  vi en sus llamas un ángel y en mi ingenuidad me dejé cautivar por su mirada cálida.






Erase una vez un ángel que nació desterrado en un fragmento perfecto de oscuridad.

Desconociendo cómo había sido engendrado y quién le había otorgado su existencia, permaneció simplemente inmóvil en aquel lugar vacío.

Nadie le enseñó a respirar ni a volar, pero un día, sin pensarlo, inspiró quizás tomando conciencia de la existencia del tiempo  y en aquella primera respiración sus alas se desplegaron.

Y en su primer vuelo aquel fragmento se hizo infinito…

Tampoco nadie le enseñó a escuchar ni a sentir su propia piel, pero en uno de sus viajes, atravesando aquel espacio, descubrió el viento y percibió como se filtraba entre las plumas delicadas de sus alas frías. Fundiéndose con él, escuchó su voz y ya no pudo silenciar sus pensamientos.

Y en sus primeras palabras quiso descifrar por qué no podía dejar de temblar…

Tampoco nadie le enseñó a caminar, pero en una ocasión confundió el cansancio y descendiendo lentamente, advirtió como sus pies rozaban el suelo. Erguido, dio sus primeros pasos descubriendo la tierra  y se sintió aún más confuso pues sobre aquel espacio ilimitado nada parecía real.

Y en su primer paseo, supo que vivir no podía ser fácil…

Tampoco nadie le enseñó a llorar, ni siquiera a sonreír, pero en una ocasión algo extraño comenzó a golpearle lentamente, suavemente. Aunque padeció aún más frío no supo por qué pero aquella primera lluvia le pareció hermosa. Así, con una sonrisa, descubrió el agua y mojó sus labios en ella.

Y en su primer sorbo fue dolorosamente consciente y a su alrededor todo se llenó de vida, frágil y fugaz.

Nadie le enseñó a ver ni a contemplar lo que había a su alrededor,  hasta que en uno de sus descansos sobre la tierra sintió ante él,  por primera vez,  algo cálido. Sin saber cómo,  sus párpados por fin se sintieron libres. Así, descubrió el fuego y entendió que ese era su hogar.

Y en aquel único instante supo quién era realmente, mientras contemplaba los días y las noches.

Y en aquel único instante comprendió su soledad y su corazón por primera vez empezó a arder sin miedo a morir, pues ya no podría desprenderse de aquel calor.

Y en aquel único instante supo que él custodiaría el fuego, poniendo fin a su dolor y sus alas se engalanaron con llamas, al tiempo que de sus ojos brotaban sus primeras y últimas lágrimas.

lunes, 13 de febrero de 2012

LOS RELATOS DE LA TIERRA 13. TIERRA, MUJER, VINO, FUEGO... ROJO

Hoy iba a permitir que la muerte hablara sin embargo...

Ya lo dije. No puedo olvidar la tierra roja en la que vivo.

La primera vez que la contemplé de verdad, supe que podría abandonar este lugar pero que aquel color me perseguiría siempre allá donde fuere.

Confieso que de verdad nunca me he considerado una persona aferrada a un sitio en concreto, aunque los recuerdos me hagan creer que sí. Aún creo que no encontré una tierra solo para mí. Pero sí sé que ésta  que parece en ocasiones sangrar,  me pertenece. Llamadme egoísta.

Mujer, Tierra, vino, fuego…  No encuentro un mejor relato para acabar con la tierra, para empezar con el fuego y que plasme en parte quién soy.

Ya estaba escrito, quizás mucho antes de que derramara estas palabras. Hoy de nuevo, es el rojo…

Sí. Hoy iba a permitir que la muerte hablara, pero otra vez  ganó esta partida la vida.







Soy una mujer bañada por la tierra roja. No encomiendo mi alma ni la vendo, más que al destino que la gobierna, que es el mío y por el que lucho, como un guerrero sin miedo (aunque a veces lo olvide).

Y aunque es el color de diablo, de la ira, de la rabia…

Hoy decido sumergirme en un abismo sin fin de pasión roja; me persigue la vida, la sangre bombeada con fuerza en mi interior, y su calor.

Incluso dormida escucho sus latidos.

Pintaron con sus dedos de rojo mi cuerpo desnudo, encendiéndolo, tatuándolo con fuego; quemando y convirtiendo en cenizas el rubor que una vez asomó en mis mejillas.

Todavía existen bosques y en ellos niñas que cubren su cabello con caperuzas bordadas. En su inocencia, aún no tienen miedo.

Una copa de vino mientras escucho de su boca una poesía.

Y de nuevo… el fuego… atormentando mis sentidos.

Sujetando el fino vidrio que separa la cordura del sentir, lo acerco lentamente a mis labios, seduciéndolo en mi deseo.

Un pequeño sorbo impregna todo mi paladar del aroma antes adivinado hasta que su sabor y textura llenan y acarician mi boca.

Sabiendo que podría rebelarme a la atracción de sus llamas,  que podría utilizar sus sombras para no sentirme doblegada, vuelvo a inundar mi boca desatando el delirio, mientras dejo vacía su copa.

No olvidé las rosas y los pétalos que extendió sobre su lecho aguardando mi entrega, ni aquellos poemas escondidos bajo almohadas mientras llegaba el momento.

Las rosas…

Tiño las más blancas con mi sangre, sin miedo a las espinas que puedan clavarse en mi pecho. Como aquel ruiseñor.

Todavía guardo anudada alrededor del cuello, su ofrenda, aquella que gané con mi deseo en un torneo que nunca tuvo fin.

Y desnuda… la danza del fuego, hipnotizando mi cuerpo a pesar del suelo frío, espantando cualquier luna roja que pueda amenazar nuestro momento.


¿Otra copa?

domingo, 12 de febrero de 2012

LOS RELATOS DE LA TIERRA 12. HOY RECUERDO QUE TÚ FUISTE LA TIERRA



 No dejo de preguntarme por qué la tierra me recuerda tanto a ti.

¿Sabes? Hace un rato ha vuelto a mi memoria una mañana que me llamaste por teléfono. Era temprano y yo aún permanecía atrapada en mi pereza, entre las sabanas, para no abandonar esa cama que aún conservaba tu aroma y tu calor.

Estaba tan enamorada de ti que cuando te ibas a trabajar me cambiaba a tu lado, me abrazaba a la almohada y desnuda, volvía a quedarme dormida, imaginando que aún estabas a mi lado.

Recuerdo que al ver que eras tú el que llamabas me preocupé pensando que te había pasado algo.

“Ana, si vieras como huele hoy la tierra. Mientras sentía el frío en mi rostro, he llenado mis pulmones. Nunca sentí ese olor tan dentro de mí. Si estuvieras aquí…”.

Solo me llamaste para decirme más o menos esas palabras y después de colgar el teléfono sentí que seguías a mi lado, que no te habías ido y hasta me pareció oír tu corazón.

Hubo un tiempo en que traté de acompañarte y compartir aquellos paseos por el campo. Tú, tratabas de explicarme cosas sobre los árboles y las plantas. Me gustaba escucharte mientras cogía tu mano entre las mías.

¿Sabes? Nunca me importó que tus manos no fueran tan finas y suaves como las de un escritor. Las tuyas, eran las manos de un trabajador, duras, incluso ásperas, pero me hacían sentirme tan orgullosa de ti y tan segura…

Inspiraste tantos cuentos.

Un año me convenciste y plantamos un huerto inmenso. En verano, al caer la tarde, muchos días iba a buscarte allí. Trataba de ayudarte, pero los dos sabíamos que lo mío no era el campo. Al final, terminábamos riéndonos con mis intentos de ser la perfecta agricultora y me obligabas a sentarme en una piedra desde la que contemplaba como regabas aquella tierra, como tratabas de enderezar aquellas pequeñas plantas.  

“Ana, lo tuyo son las rosas…”

Y al caer la noche regresábamos a casa.

Aunque después plantamos muchos más huertos, ninguno fue como aquel primero ¿verdad?

Aun hoy, algunos de nuestros recuerdos hacen que me llene de nostalgia y que eche de menos pasear con mi mano entrelazada a la tuya.

Sí, es difícil que escriba sobre la tierra y no te recuerde.

sábado, 11 de febrero de 2012

LOS RELATOS DE LA TIERRA 11. LA MEMORIA DE LA TIERRA




La tierra tiene memoria, siempre la tuvo…

Hace tiempo comencé un viaje, decidí caminar por tierras extrañas sin miedo a lo desconocido, con valentía.

Hubo noches en las que el cielo fue mi techo, noches en las que me perdí en bosques solitarios con la única compañía de aquellas sombras alargadas que parecían perseguirme para arrebatarme mis sueños. Pero aún así no me acobardé y cada día caminé más y más.

Un día, cansada, llegué a un lugar. Me resultó familiar, como si siempre hubiera estado allí. Incluso encontré una casa que se parecía tanto a la mía que decidí tomarme un tiempo y descansar allí.

Por las mañanas me levantaba, abría las ventanas y dejaba que el aire fresco acariciara mis mejillas, como entonces. Pero el sol no era el mismo.

Por las tardes, paseaba con mi libreta a cuestas buscando un lugar para escribir nuevos relatos. Pero qué curioso que en mis intentos siempre acababa escribiendo el mismo cuento.

Solo por las noches, contemplando a la luna,  era capaz de distinguir que,  aunque lo pretendiera, aquel no era mi lugar.

Hace tiempo comencé un viaje. Necesitaba huir de todo incluso de mí misma porque ya no sabía quién era. Y cuando casi me encuentro, detuve mis pasos y permití el engaño de creer que podría ser como entonces.

Renunciando a la cobardía que, de nuevo se había apoderado de mí, decidí que ningún recuerdo puede volverse a vivir y una vez más, fui más yo que nunca.

Cerré las ventanas, compré una nueva libreta y una noche me negué a contemplar la luna. Acordé conmigo misma que era el momento de continuar y quizás algún día, cuando terminara mi viaje, volvería allí a recuperar la  memoria de un tiempo pasado.

jueves, 9 de febrero de 2012

LOS RELATOS DE LA TIERRA 10. PARIS.




Pensando en la tierra he de admitir que hace tiempo hice un viaje en el que recorrí muchas ciudades en busca del cuento perfecto.

Hoy, alguien me habló de una ciudad y recordé…

PARIS…

La noche para quién la espera puede hacerse de rogar, pero para la luna el momento de despertar y dejar su sueño siempre llegaba demasiado pronto. Y lo más frustrante es que en contadas ocasiones conseguía recordar lo que había soñado. Por eso,  en sus viajes,  procuraba ser parte del anhelo de otros soñadores.

Aquel día decidió visitar una ciudad iluminada por su reflejo en aguas negras, vestidas elegantemente con puentes de piedra; puentes en los que los besos y suspiros llenaban el aire de ese deseo anhelado.

Tratando de respirarlo, se encontró con una mujer que parecía formar parte de aquel lugar, como si siempre hubiera estado allí acariciando las barandillas sobre las que, tal vez alguna noche, un joven le hubiera robado un beso despertando por fin la pasión.


Decidió acompañarla en aquel paseo para compartir quizás esa soledad y aquellos sueños nunca olvidados que sólo se podían respirar en instantes como aquel.


Caminando ambas en silencio llegaron al último puente  y antes de abandonarlo la mujer sacó de su pequeño bolso un papel doblado que arrojó a aquellas aguas. Mientras caía, la brisa nocturna consiguió desplegarlo y antes de que el agua borrara la tinta, la noche susurró aquellas palabras escritas. 


“Mi querido amor, volví de nuevo a esta ciudad para encontrarme contigo.

En estos días he paseado por todos y cada uno de los lugares que compartimos. ¿Sabes? Pensaba que no los reconocería y que mi recuerdo podía haberlos transformado, pero hasta el aroma que creí olvidado es el mismo, y cómo me gusta este olor…


Ayer, mis hijas me acompañaron, visitamos museos y cerca de la plaza donde nos encontrábamos cada tarde, les hablé de ti. Se reían y me miraban con sorpresa, creo que no se pueden imaginar que hubo un tiempo en que fui joven y alocada.


Qué locos fuimos ¿verdad? Entonces siempre me decías que llevara el pelo suelto, pero yo te provocaba recogiéndomelo en una coleta que tú al final acababas deshaciendo en sonrisas. ¿Lo recuerdas? Fuimos los mejores amigos, aquellos que siempre tenían cosas que contarse y risas que nacían en esa locura de ser joven.

Anoche estuve en aquel pequeño café donde tantas conversaciones compartimos y donde los sueños de ser llenaban nuestras horas, pero el camarero que cada noche nos echaba, despertándonos, no me reconoció, quizás porque ahora llevo el pelo corto y me acompañaba él.

Sí. Él. Le quiero, no puedo mentirte, y soy feliz aunque aquí he vuelto a soñar contigo y no dejo de pensar en ti. ¿Quién decidió que no volveríamos a vernos y lo selló con un beso que no he conseguido arrebatar de mis labios en este loco recuerdo? ¿Fui yo?

Quizás la ciudad no ha cambiado, sólo yo lo he hecho, y sin embargo en este momento me siento como entonces.

Al final, no he conseguido verte, quizás también regresaste a tu hogar, como yo, aunque tu sueño era vivir siempre aquí. ¿Llegaste a acariciarlo?

Se agotan las últimas horas de este viaje y sé que tengo que despedirme, pero no de tu recuerdo que siempre me acompañara,  aunque no sé si algún día volveré de nuevo a este lugar, a esta ciudad donde, en su última noche, dos jóvenes enamorados recorrieron juntos todos sus puente y sobre cada uno de ellos él la besó a ella con la promesa de que sería su más bello recuerdo”.


Mientras la luna contemplaba aquella despedida y vio alejarse a aquella mujer, volvió a su memoria aquel tiempo en el que una pareja compartió con ella sus sueños. Y en el recuerdo se sintió feliz.