Una vez, siendo niña, sentí la soledad de su resplandor, aquel brillo perdido en la inmensa oscuridad, sólo quebrada por el leve fulgor de las estrellas, sus eternas compañeras. Aunque nunca negué su belleza, no pude evitarlo, me compadecí tanto de aquel extraño destierro que en mi inocencia, fui haciendo mío y me imaginé que era una mujer...

viernes, 8 de enero de 2010

LEGADO DE AUSENCIA. SEGUNDA PARTE.




Aquella tarde terminó en un libro que, al igual que el primero que él le regaló, contenía la melancolía de Esther, aún sin ella saberlo. Una despedida que escondía sus secretos intuidos en esos meses transcurridos, y aunque los labios de ambos temblaron al pretender guardar la compostura del triste e irremediable instante, el gran escritor chileno habló por Julián, y sobraron las confesiones.

Envuelta en muda poesía, ella silenció con su dedos cada vez más frágiles las palabras de él, agradeciendo, con tan significativo gesto, el fulgor que habría de permanecer en su pecho y que él había hecho surgir con su amistad, y continuas visitas, la luz a la que se aferraría fuertemente en lo más profundo de su ser.

Así acalló su voluntad contemplándole por última vez y escuchando la promesa de un nuevo encuentro sellado con un beso tímido sobre su mejilla, beso que, al recordar, haría nacer en ella el sonrojo de su piel mortecina, y en él la evocación de aquella dama tan llena de vida.

Al querer abatirse la tarde sobre ellos, en su última complicidad, acordaron no pronunciar su Adiós, fingiendo un futuro en el que todo permanecería igual, sin cambios, donde él reanudaría los encuentros para comentar aquellos poemas que ella sujetaba entre sus manos, simulando que no profesaban dolor ni pena, brindándose las sonrisas de siempre…

En las primeras horas de su alejamiento, la noche les acogió regalándoles una luna esplendorosa que, aproximándose a Esther, secó con suavidad sus ojos de lagrimas para poder leer ese último adiós escrito en aquel pliego mojado de llanto, mientras percibía, a lo lejos, el silbido del tren que, perdiéndose en la noche, alejaba a Julián.

Observando a aquella joven tan etérea, la blanca eterna sintió como su vieja conocida, la muerte, se agazapaba entre las sombras, y guardó su secreto. En la corta tregua concedida, decidió quedarse con Esther cada noche protegiendo aquel desvelo tan valiente como apasionado.

En Los días que siguieron a su despedida, Esther trató de calmar la inquietud por no verle, apaciguándola con la lectura de aquellos textos que habían compartido, hasta que decidió rebuscar en su alma, más aún, y retomando en su propia escritura se volcó en ella para dejar constancia de todo lo vivido y forjado en los últimos meses en su aún deseoso corazón.

Cada semana Julián la escribía relatándole cómo iba todo en su nuevo destino, sus paseos solitarios por aquella ciudad que apenas conocía y lo extraño que se sentía tan lejos de su familia y de ella. Cuando llegó su primera carta, Esther sintió cada una de sus palabras llenándola de una templanza que ahuyentó por momentos el frío y el deterioro que el otoño había ido sembrando lentamente, con sigilo, en su piel.

Una tarde, unos tímidos rayos de sol llamaron en su ventana y contemplando aquel jardín, quiso llenarse de nuevo de él y sus fragancias ahora ya lejanas. Apenas un esfuerzo por levantarse, por abrir el cristal y sentir un poco de calor sobre su rostro, pero sus fuerzas disminuían cada vez más deprisa y las que quedaban las reservaba para escribir y pensarle.

Sin darle respuesta, las misivas de Julián continuaron llegando y en la soledad de sus noches volvía a leerlas dejando que lo escrito reposara sobre su pecho, para así sentirle más cerca. Una nueva carta le hablo de libros que Julián comenzaba a descubrir en sus clases y visitas a la biblioteca, con la intención de compartirlos muy pronto de nuevo con ella. Pero Esther era consciente que jamás llegaría a leerlos.

Siguió escribiendo en su diario en los días en que su aliento, sin miedo, vencía al tiempo, aferrándose a sus recuerdos hasta quedarse dormida, rogando a la luna un nuevo amanecer para gritar aquella primavera del olvido de los años perdidos en llantos mudos que acabaron resignados en una desconsolada aceptación de un vivir vacío y sin propósitos.

Había transcurrido apenas algo más de dos meses cuando una mañana bañada en tonos grises recibió su última carta. En ella Julián le anunciaba, con palabras llenas de esperanza su inminente vuelta. En apenas unos días regresaría a su hogar con motivo de las vacaciones navideñas, y que, ese año sería él quién la llevara a misa la madrugada del 24 de diciembre.

Ella notaba como sus últimos instantes de vida la acechaban, lo presagiaba, y por primera vez sintió miedo por aquel egoísmo de querer morir envuelta en sus abrazos, de intentar evadir a quién tantas veces llamó antes de que su corazón comenzara a latir llenando sus entrañas de ilusiones irrealizables.

No, nunca hablaron de la muerte aunque siempre estuviera presente. A pesar del momento, una débil sonrisa se dibujó en sus labios casi apagados, rememorando el día en que le costó tanto caminar y fue él quien la convenció de que se sentarán para descansar por su propia fatiga. A pesar de su faz alegre por el engaño consentido, Esther leyó la preocupación en los ojos de Julián.

No, no hizo falta hablar de aquella sombra que siempre la había acompañado, y en ese momento en el que hasta ella llegaba el llanto de sus padres, lo supo con gran certeza, no hubiera resistido ver su rosto, su mirada apagada cuando llegara su momento.

Tratando de calmarlos pidió a sus progenitores que descorrieran la cortina de su dormitorio para que entrara la luz de la luna y que se despidieran de ella con un beso en la frente, como cada noche. En la última caricia de su padre ella tomó su mano y éste, al sentir la preocupación de su hija, quiso apaciguarla ratificándose en su promesa.

Por fin, en la soledad de su dormitorio impregnado de honda quietud contempló a través de la ventana como la luna la esperaba paciente para atender la última confesión de su alma, y mientras Esther le evocaba con intensas lágrimas de vida, fue desvaneciéndose en aquel sueño de amor comprendiendo así con su esencia sus propias palabras.

martes, 5 de enero de 2010

LEGADO DE AUSENCIA


En su día mi estimada amiga me propuso un trabajo conjunto a dos manos. Esto que sigue es el resultado que comenzó apenas con varios párrafos emborronados que le presenté y hoy, por fin, he concluido.

El proceso ha sufrido varios cambios de intenciones. De los pocos que hoy llegan a mi texto y que me han leído con anterioridad sabrán de mi manía de extenderme en mis narraciones más de lo debido teniendo en cuenta el formato idóneo para una página de blog. Pido disculpas.

Sin embargo creo idóneo pedir vuestra paciencia y atenta lectura de este humilde trabajo que presento pues, en él, están la clave que en las próximas entregas han de complementar mis intenciones ahora apenas esbozadas.

Espero que sea de vuestro agrado y aprobación. Pues, tanto como yo he disfrutado con mi escritura, tanto o más quisiera que sea vuestro deleite.

Rafael Martín


LEGADO DE AUSENCIA


Es un sueño la vida,
pero un sueño febril que dura un punto;
cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo…

¡Ojalá fueras un sueño
muy largo y muy profundo,
un sueño que durara hasta la muerte!
Yo soñaría con mi amor y el tuyo.
(G.A. Bécquer)






Un mediodía plácido y templado llegué a casa abriendo la puerta del hogar con un empujón, originando un tembleque en los tantos cacharros colgados en la cocina a uno y otro lado de los fogones.

— ¡Madre…!

— ¡Por Dios, niño! ¿Qué manera son de entrar estas?

— ¡No te lo vas a creer! ¡Tengo trabajo! ¡Mañana comienzo!

— ¿Trabajo? ¿Dónde? ¡Explícate…!

Entre resuellos y con voz fatigada despotriqué mi hazaña culminada esa misma mañana en una promesa firme, apalabrada, de un puesto de aprendiz en el horno panificador del pueblo. Mi tarea, apenas desentrañada en escueta y corta negociación, debiera comenzar diariamente un par de horas antes de la medianoche.

Bien frotado mi cuerpo y miembros con agua tibia, enjabonada, rematado con un eterno buscar la mejor imagen frente al espejo atusando mi pelo hirsuto para tan crucial momento. Recuerdo que la primera noche llegué antes de tiempo al trabajo.

Las fechas navideñas se acercaban y los pedidos de cliente iban en aumento. Mi aprendizaje fue rápido y pronto el maestro dejaba de observar mi labor algo más confiado. Se había decidido en Nochebuena darnos descanso pero, hasta entonces una ardua labor nos esperaba noche tras noche hasta bien entrado el alba.

El día de Nochebuena, tras haber yo dormido hasta bien entrada la tarde, la familia se engalanó con su mejores atavíos para la cena familiar. Luego se cantó algún villancico y poco antes de la medianoche todos encaminamos nuestros pasos por las calles empedradas, húmedas, hasta la iglesia donde habríamos de asistir a la tradicional Misa del Gallo. Apenas quedaban asientos libres exceptuando uno de los primeros asientos que quedaba frente a los reclinatorios junto al altar.

Unos minutos antes de que el párroco hiciera su solemne entrada llegaron los que eran mis actuales y flamantes patronos, los dueños del horno en el que apenas unos días antes había comenzado mi labor. Entremedio de ambos una joven se abrazada a uno y otro enlazando sus brazos, y, con pasos tranquilos, parsimoniosos, dejaba tras de sí una estela de innata pureza, antes de ocupar finalmente el banco que había permanecido hasta entonces desocupado.

Un par de encuentros los que se permitieron nuestros ojos, uno casual en el momento de comulgar y el último, algo más buscado, tras la ceremonia religiosa, cuando, nuevamente flanqueada a uno y otro lado por sus padres en los que se apoyaba con delicadeza, su mirada, esta vez más viva e interesada, descansó en mis pupilas durante un buen rato, hasta que su caminar le hizo imposible retar mi mirada con sus negros ojos sin tener que girar su grácil rostro sobre sus hombros.

Aquella aparición de medianoche en la iglesia apenas me permitió conciliar el sueño. Acostumbrado a dormir de día y laboral en las horas nocturnas pasé el resto de la noche en vela tratando de ahuyentar de mi mente aquella imagen que se había grabado en mis pensamientos como marca de fuego.

Mi más inaplazable cometido al levantarme al día siguiente era saber algo más de aquella muchacha que, aun siendo aproximadamente de mi misma edad, me era desconocida. Tras preguntar aquí y allá, como el que no quiere la cosa, fui descubriendo algunos antecedentes que me esclarecieron del porqué de mi desconocimiento absoluto sobre aquella enigmática como angelical persona.

Esther, que así se llamaba, padecía una grave dolencia que le obligaba a permanecer en reposo continuo en sus aposentos, por lo que sus salidas eran muy esporádicas y casi se limitaban a excursiones con sus padres en coche por la sierra y playas de las comarcas cercanas. Se decía que apenas recibía visitas por lo que sus amistades en la ciudad eran nulas, tanto como sus apariciones. La de la otra noche fue tan sorpresiva que durante días la comidilla en cualquier corrillo fue la hermosura de aquella jovencita enclaustrada en su propio hogar casi de por vida.

El trabajo se reanudó en la tahona y noche tras noche, sabiéndome cerca de la que había apresado con su lindeza y primor mis pensamientos, intentaba encontrar el modo que me permitiera verla de nuevo, acercarme a ella y escuchar su voz aunque fuera una y única vez.

Concluí hacerle un regalo y, en consideración a su padre que me ofreció en su día un empleo en su negocio, hacérselo dar a este como agradecimiento. Eso haría. Tras muchas elucubraciones había pensado que quizás un libro para alguien que pasaba los días prácticamente a solas podría ser una buena elección. Me hilvané los sesos pensando cual podría ser de su agrado. Finalmente me decidí por una edición de Azul del poeta al que llaman príncipe de las letras castellanas. El día de vísperas de reyes, antes de marchar a casa tras concluir la jornada, me dirigí a su despacho, la puerta estaba entornada, pedí permiso y le entregué mi presente cuidadosamente envuelto en papel bermellón, satinado, con flores doradas. Con amabilidad y algo sorprendido tomó mi agasajo en sus manos indicándome que, sin duda, su hija se sentiría complacida de recibir el atento gesto de mi parte. Golpeando mi hombro amistosamente a modo de aprobación tanto como de despedida dimos por concluida mi corta visita.

A los pocos días de aquel encuentro me hicieron entrega de un sobre cerrado, pequeño. Por su resistencia a doblarse con facilidad supuse que dentro habría alguna tarjeta de felicitación navideña llegada algo a destiempo. Lo abrí sin prisas pero sí algo intrigado. Al abrir su solapa un vaho de violetas se escapó de su interior. Extraje con la punta de de mis dedos una cartulina color malva. En ella, escrito a mano, en correspondencia a la atención que había yo había tenido, se me invitaba encarecidamente a tomar el té en día y fecha señalada. Firmaba Esther. Ni que decir tengo que asistiría.

Entretanto mis vacaciones llegaban a su fin y con ello también mi compromiso laboral. Pronto comenzaba nuevamente el curso con su rutina matinal y habría de olvidar mis ajetreos nocturnos en la panificadora.

La tarde señalada en la escueta nota de invitación se pintó de brumas rosáceas en el horizonte. Con puntualidad exagerada abrí la puerta metálica que daba paso al coqueto jardín donde los dormidos rosales hacían guardia. Uno, dos… hasta cinco marmóreos escalones me separaban del reino de mis aspiraciones. Mis piernas comenzaron a amainar sus fuerzas. Dos golpes tímidos con la aldaba de bronce. Una eternidad me hizo ser consciente de mi fragilidad en aquel momento.

— ¡Buenas tardes! ¿La señorita Esther?

— Pase. Por favor. Usted debe ser el señorito Julián. Ella le espera. Sígame si es tan amable.

A lo lejos la tarde cambiaba sus tonos rosáceos por otros de oro viejo.
Tras subir una escalinata casi en penumbra mi guía golpeó una puerta pintada de blanco pero que a mis ojos semejaban plateadas. Entreabrió ligeramente, con discreción. Al instante apenas, una eternidad para mis sentidos, se escuchó una voz.

— ¿SÍ?

— Señorita. Es el señorito Julián. ¿Permite usted?

— Por favor, hágalo pasar.

Haber ensayado tanto tiempo mi saludo y sonrisa no tuvo el fruto esperado. Quedé mudo y petrificado cuando la estancia de aquella flor se me abría a mis pasos.

— ¡Cuánto me alegro que aceptara mi invitación! Pero pase, se lo ruego. No se quede ahí parado.

— Con su permiso— conseguí apenas murmurar.

El mismo perfume de flores violáceas que percibí en la esquela me atrajo al interior. El cielo, como por arte de magia, se abría a mis pasos.

— Espero que mi invitación no fuera inoportuna.

— En absoluto señorita. Para mí fue un halago y alegría.

— Pero siéntese, por favor. No sabe cuánto me agrada su visita.

Con una mano indicaba una rinconera junto a la ventana con la otra, casi rozando mis dedos, instaba su ofrecimiento.

— ¿Le apetece tomar té u otra cosa?

— Confieso que no tengo costumbre. Lo que usted decida.

— Eso está bien, entonces yo decido. Primeramente que podamos tutearnos como amigos. Me apetece. El resto se podrá dialogar sin prisas…

— Como usted prefiera.

— ¡Que te acabo de decir! Me llamo Esther, deja los cumplidos a un lado. ¡Insisto!

— Si, claro. ¡Perdona! Esther.

La tarde se descompuso en los cristales de su ventana con elegancia y resabios de tiempos calmos. Esther, desechada mi imagen preconcebida, resultó ser una persona, no solo afable, sino holgada de ímpetu y ganas de hacer. En este, nuestro primer encuentro, quedó enlazada una amistad que aún hoy lloro. Pero, dejadme que siga contando.

Resultó que mi libro regalado le había hecho, por entusiasmo, abrir una nueva claraboya en su vida anquilosada. Confesó que sin duda, era una de sus mas, sino la única, experiencia que le había abierto horizontes nuevos. Me confesó, no sin gracia, que había comenzado a borronear, ahora si ahora no, una especie de diario donde plasmaba sus mas intrínsecas e intimas elucubraciones. La charla más que amena discurría con complacencia para ambos. Más para mí pues yo escuchaba y ella departía sin cesar, alegremente.

Hablamos primero de libros, de preferencias y gustos. Tras muchos titubeos acomodamos una próxima visita donde yo, pobre de mí, debiera sorprenderla con un nuevo libro tanto como con la primera entrega, con mis gustos y excelencias.

Se fueron sucediendo las visitas. Al principio fueron esporádicas, digamos mas espaciadas, pero a la par que nuestra confianza mutua iba en aumento se iba convirtiendo en complicidad. Los libros se sucedían cada vez con más prontitud. Así como nuestras amenas charlas se iba tornado en intimidad desvelada.

No siempre la predisposición de Esther era alegre y fresca pues, más de una vez, sus dolencias la dejaban postrada y sumida en una tristeza no fingida. Aún en esos días sus ojos brillaban a pesar de denotar cansancio y hastío cuando me veía entrar en su alcoba.

La primavera fue un agradable bálsamo con sus tardes templadas. Había días en que nos permitía sentarnos junto a los rosales que auguraban esplendores mitificados en sus botones aun por estallar. Durante aquel período habíamos repasados en lecturas gran parte de autores, clásicos o románticos, modernistas unos, otros parnasianos. Desde Shakespeare o Calderón pasando por el inevitable bostoniano y sus narraciones extraordinarias.

Pero el tiempo es inexorable en su cómputo. Entretanto, el verano se consumía resguardado bajo las sombras de las mimosas. Mi pronta marcha era inevitable. Convenido en su día reanudar mis estudios en un internado de la capital llegó el día de mi partida.

Me adentré en el jardincillo, fiel testigo de nuestros últimos encuentros. En una mano una orquídea esplendorosa en la otra los veinte poemas de amor de Neruda con una, una sola, canción desesperada.

jueves, 31 de diciembre de 2009

UN CUENTO DE NAVIDAD CONJUNTO: "LA ILUSIÓN DE LUCÍA"



Fue una idea, de esas que a veces se me ocurre. Quería escribir un cuento de Navidad y al empezarlo pensé que estaría genial escribirlo con todos vosotros. Pero con todos ha sido imposible, sobre todo por falta de tiempo.

Nota: Para el próximo año lo planificaré con mucha más antelación ja ja ja ja ja ja.

Aún así, la experiencia de haber compartido esto con muchos de mis queridos amigos ha sido un placer.

Mi queridos Anabel,Milagros, Eurice, Gara, Sandra, Silvia, Cornelis, Adolfo Payés y todos los demás que me dejo en el tintero y que sois muchos, queda pendiente el que algún día escribamos algo juntos ¿vale?.

Y a los que habeis escrito, joder, y perdonar la expresión que se que es Navidad y no debería decir tacos, QUE OS LO AGRADEZCO DE TODO CORAZON:
YARDAN , CHARO, ANA, YAIZA, ARWEN,MANOLO JIMENEZ, JUAN, RAFA, SENSACIONES, HARGOS, LUNA, MARIA, ADELFA MARTIN, PACO ALONSO, NEL, MARI, REY SAGRADO, SIAB-MINIPRINCESAAZUL, NOE, CALAVERA Y DIABLITO.

REALMENTE ESTE CUENTO LO HABEIS ESCRITO VOSOTROS. Para mi desde luego será un recuerdo.

Y ya no digo nada más, simplemente desearos lo mejor para el año que se avecina. Que todos vuestros sueños y deseos se hagan realidad. Y nos vemos en Blogger, que lo sepais.

CUENTO DE NAVIDAD CONJUNTO: "LA ILUSIÓN DE LUCÍA"

Caía la noche y la pequeña Lucía apoyaba su carita contra la ventana para perder su mirada en las luces de las guirnaldas que adornaban la calle. Pronto sería Navidad y en sus sueños, papá regresaba a tiempo para cenar como una familia de verdad. Eran pocas las Navidades que podían estar juntos, los tiempos eran difíciles y las necesidades imperiosas, pero aquellas luces brillantes de colores la hacían creer que todo era posible.

De pronto comenzó a nevar, lo que era extraño porque en su ciudad nunca lo hacía. Siempre había visto en la televisión esos paisajes blancos donde los niños jugaban con sus trineos y hacían muñecos de nieve con una zanahoria por nariz. Se sintió feliz, tal vez aquellas imágenes tan lejanas podrían hacerse realidad. Por la mañana todo estaría cubierto de aquel manto inmaculado. Sería la mejor Navidad que recordaba de su corta vida.

Hacía mucho tiempo que soñaba con la nieve, y al comenzar a caer esos copos diminutos, que ella pensaba que eran de algodón, abrió la ventana y quiso tocarlos. En ese momento comprobó que, al calor de sus manitas, los copos se convertían en agua, limpia y fría, pero agua al fin y al cabo. Le sorprendió su suavidad, y aunque no fueran algodón, su tacto le encantó. Alzó su vista al cielo, para después cerrar los ojos y pedir ese deseo que tanto ansiaba. Alguien, hace mucho tiempo le dijo que el día que nevara en su ciudad podría pedir un deseo, y que la nieve se encargaría de cumplirlo.



Había llegado el momento, Lucía cerró sus preciosos ojos azules, y sintió como el corazón se salía de su caja, solamente de visualizar ese gran deseo, ese deseo que llevaba pidiendo mucho tiempo, y que casi nunca se cumplía. Recordó aquella Navidad cuando mamá y papá discutieron por algo que nunca llegó a comprender, pero desde ese día sus Navidades fueron muy distintas, ya no existía esa alegría, y papá se pasaba mucho tiempo fuera. Alguna vez había visto llorar a su mamá hablando por teléfono. Deseó con todas sus fuerzas verlos unidos, volver a ser esa familia feliz que tiempo atrás habían sido.

Tan fuerte fue su deseo de Navidad, que fue escuchado por la gran Dama Blanca que desde los confines del eterno tiempo escuchaba los deseos de los mortales. Le sorprendió ver el alma tan pura de la pequeña Lucia, que no pedía nada para ella, solo quería que su papa y su mama volvieran a encontrar el camino de su amor perdido, por ello por su bello corazón, la bondadosa Dama blanca decidió concederle su deseo, pero antes debería pasar una dura prueba.

La Navidad era la fiesta de la solidaridad y el compromiso con los demás, Lucía había pedido un deseo que era precioso pero había olvidado, sin darse cuenta, a todos para los que la nieve era frío, buscar un techo, algo de comida caliente... era preciso que recordará que el Amor es para con todos, especialmente para con los que menos tienen.

¿Cómo hacérselo comprender sin dañar tanta inocencia? Para ello la gran dama intento explicarle de la forma más sencilla, como podría conseguir ese Amor para todos los que lo necesitaran, y le dijo: “mira Lucia cuando vayas por la calle con tus amigos y veas a una persona ciega que quiere cruzar la calle, cógela de la mano y se sus ojos para ella, cuando veas a una persona mayor que lleva peso en sus manos, ayúdala liberándola de ese peso que lastima sus brazos y espalda, con todo esto conseguirás que su corazón y el tuyo latan de una forma muy especial y ambos sentiréis lo que es el amor en vuestros corazones”.

Así pues la pequeña Lucía salió a la mañana siguiente dispuesta a sentir en su compasivo y limpio corazón la señal de aquello que los mayores denominaban amor, desinteresado amor, aunque no sin cierta inquietud y desasosiego.

Ya vestida con su abrigo bien abotonado, su bufanda anudada al cuello, y sus pies bien enfundados en gruesos calcetines bajo las botas, abrió la puerta de la casa. Una ráfaga traicionera quiso impedirle con gélidos motivos la expedición que se proponía. Encogida y algo más desorientada que en los días anteriores, en que la nieve solo era un sueño, una quimera imposible de estampa navideña, enfiló sus pasos por las calles solitarias en busca del ser desvalido, necesitado de su pronto cuidado, aquel que habría de facilitarle, una vez consumado el buen gesto, la obtención del deseo que en su más intimo seguía anhelando con toda sus ansias y fervor.

Pero no había contado la pequeña Lucía que con la llegada de la nieve también el frió había hecho presencia con más furor y rabia de lo que era costumbre en su pequeña ciudad. Tras deambular por las principales calles seguía sin encontrar alguien que necesitara de sus favores, de su cariño y disposición. En verdad, tras más de media hora rondando de aquí para allá solo encontraba calles vacías y los pocos viandantes que se le cruzaba iban con prisas, deseando regresar nuevamente al calor del hogar.

El frío se había hecho intenso, duro y consistente, y Lucía empezó a no sentir sus pies y su cuerpo comenzó a temblar. Continuó caminando lentamente, apenas le quedaban fuerzas. Así que decidió regresar a casa antes de acabar congelada. En el camino de regreso, cuando sus esperanzas parecían esfumarse, divisó a lo lejos algo oscuro entre el manto blanco. Parecía un bolso o una maleta, se acercó y comprobó que era una manta gruesa de color burdeos y se sorprendió, casi se asustó, al percibir movimiento. Se inclinó para cogerla y al levantar su mano observó a un gatito tiritando. Lucía se emocionó al ver que el pobre gatito tenía tanto frío como ella y lo envolvió en la manta, se lo puso entre sus brazos y como pudo continuó caminando hacia su casa.


Cuando llegó, inmediatamente colocó al gatito justo al lado de la chimenea, con una mantita limpia y le acercó un tazón con leche. Se sentó a su lado y no se separó ni un instante del gatito y lo mimó muchísimo, acariciándole a cada momento, y hablándole dulcemente. Su madre le preguntó qué dónde lo había encontrado, que posiblemente sería de alguien y tendrían que devolverlo. Lucía se echó a llorar porque quería quedárselo, pero en seguida comprendió que su madre tenía razón y que si en algún hogar había un niño que había perdido su gatito estaría triste.

Pero de momento lo tendría, mientras el viento soplara con su aliento frio, ella lo tendría. Se abrazo a él, dándole el calor de su pequeño cuerpo, se recostó a su lado, mientras sus pequeños ojos azules, buscaban luces de colores entre las llamas de la chimenea. Su dama blanca estaba en ellas, mostrando una bella sonrisa. Bien hecho pequeña, todos necesitamos el calor de unas manos.

Al día siguiente Lucia salió de su casa dispuesta a encontrar al niño que había perdido a su gatito; triste porque le había cogido mucho cariño, pero sabiendo que lo tenía que devolver porque su dueño seguro que estaría más triste que ella, y buscando, encontró en la calle a un niño llorando y Lucia intuyó enseguida que aquel era su dueño. Mostrándole el gatito rápidamente el niño lo cogió en sus brazos y dejando de llorar le dio las gracias de corazón.

Contenta por tener dos nuevos amigos Lucia se despidió de ellos y siguió buscando lo que le había dicho la gran Dama blanca, alguien desvalido, para poder ayudar y conseguir su deseo. Llena de ilusión así lo hizo con la esperanza de que sus padres volvieran a estar juntos.

Ahora se sentía más segura, si había conseguido devolver al niño su gatito perdido podría ayudar a más personas y así la Dama Blanca le concedería su gran deseo.



Hacía un intenso frio pero ella iba con la esperanza de que habría alguien que necesitara de su ayuda. En un asiento del parque se encontró cartones amontonados y pudo comprobar que había alguien dentro. Sintiendo una gran pena y tristeza porque no tuviera un hogar y alguien que le brindara cariño y una taza de chocolate caliente, se acercó despacio y le preguntó si se encontraba bien y necesitaba algo.
De entre tanto cartón asomó una señora con la piel arrugada, sorprendida de que una niña estuviera preguntándole a ella, cuando todas las personas adultas no se dignaban ni tan siquiera a mirarla.

“¿Qué me puedes ofrecer dulce niña?”, le dijo aquella señora, y lucía con una gran sonrisa le respondió “Mi casa, un plato de comida caliente y ropa que seguro que mi mamá tendrá para Usted para abrigarla de este frío”.

Sorprendida, la anciana la miró de nuevo comprobando que lo que aquella niña decía salía de su corazón, y se alegró de encontrar un alma limpia, sincera, capaz de solidarizarse con personas que lo habían perdido todo.

“¿Pero tu mama me dejará entrar contigo?,” Preguntó la anciana y Lucía le respondió que no lo dudara tendiéndole su mano.

La pobre mujer, ante esa petición, se levantó y tomo aquella cálida mano y juntas se encaminaron a su casa. Al llegar y abrir la puerta, su madre se sorprendió, y Lucía le explicó porque la había invitado. Mirando a la anciana no pudo negarle el auxilio y más cuando su hija le estaba enseñando a ser solidaria “si su padre viera que grandes sentimientos tiene su hija…” pensó la madre.

Preguntándole a aquella mujer si no tenía ninguna familia y al ver que su respuesta era que no tenía nadie en el mundo, sintió que tenía que abrir esa puerta y dejarla entrar.

Lucía enseguida invitó a la anciana a sentarse delante de la chimenea mientras que ella y su madre se encaminaron a la cocina. Y en la espera, la anciana se quedo agradeciendo a Dios haber encontrado dos almas tan iguales que le estaba brindando un poco de calor.

Mientras que su madre calentaba un poco de sopa, Lucia cortó un trozo de queso y pan y al llevárselo la anciana comenzó a llorar y a darle gracias por el gesto. Con el tazón de sopa en sus manos bendijo a la madre por tener un ángel en su casa, y la madre de Lucía al oírla se conmovió pensando que aquella anciana debía haber sufrido mucho en la vida. Intentando no llorar se dirigió a su habitación para ofrecerle un baño caliente y ropa limpia para que se sintiera mejor.

La anciana por un momento pareció resistirse y Lucia empezó a sonreír diciéndole que a ella tampoco le gustaba mucho bañarse en días de frió. Y aquella mujer se rió. Hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Cuando por fin se reunió con lucía, la niña la abrazó y le preguntó cómo se llamaba. “Me llamo Irene, ¿Y tú cómo te llamas?” le dijo la anciana.
“Lucía” le respondió la niña, un nombre que le gustaba mucho a mi abuelita paterna que falleció antes de yo nacer. Mi mamá se llama Ana y mi papa Gustavo. Nuestro apellido es Robles”

La anciana se puso seria primero, luego pálida, y lágrimas incontrolables rodaron por sus mejllas “Dios mío .¡gracias!, he encontrado a mi familia”.

Ana, al escuchar aquel grito, llegó rápidamente donde ellas se encontraban preguntando qué sucedía, y lucía emocionada se dirigió a su madre “mamá, mamá, que la señora dice que ha encontrado a su familia”

“Gracias al cielo he podido volver a casa. Ana yo soy Irene, la madre de Gustavo”.
Y sin mediar palabra Ana, al escucharla, corrió a los brazos de aquella mujer, entre sollozos, mientras le decía lo mucho que habían sufrido desde el día en que se fue de su casa, al poco de conocerla Gustavo a ella y dejarla embarazada y de cómo su marido le había culpado a ella de que no viviera con ellos, y de cómo sus discusiones eran diarias.

Irene, calmándola, trató de explicarla que al enterarse de que su hijo le había dejado embarazada, sabiendo que quería que se fuera a vivir con ellos, pensó que sería una carga y por eso se fue pensando que saldría adelante y que cuando lo lograra se pondría en contacto con ellos.
Lucía, empezando a comprender lo que estaba escuchando, le preguntó a la anciana “¿Entonces tú eres mi abuelita?”

“Sí hija mía yo soy tu abuela. Cuántas veces he pedido al cielo encontrarme con todos vosotros y al fin me ha escuchado”.

A la pequeña se le iluminó la cara y abrazó, de nuevo, con gran alegría a aquella mujer que había encontrado en la calle y que resultaba ser su abuela, a la que creía fallecida, pero la madre de Lucía no podía dejar de sollozar.

“¿Por qué lloras, hija mía? Al fin vuelve a estar la familia unida” dijo, preocupada, Irene.

“Porque no quiero ni pensar en todo lo que habrás tenido que sufrir durante todos estos años” contestó Ana. “¿Por qué no viniste antes? Aquí siempre has tenido las puertas abiertas, nos temíamos lo peor…”.


“Ciertamente no lo he pasado bien” contestó, pensativa, la anciana. “Verás, cuando marché tenía suficientes ahorros para intentar empezar una nueva vida y pensaba volver a ponerme en contacto con vosotros en cuanto pudiera valerme por mí misma… Cogí todo lo que me quedaba y marché en el tren, pero al llegar a mi destino unos vándalos me robaron todo lo que poseía, con lo que me quedé tirada en la calle, sin nada.”

“Vagué por aquella ciudad viviendo de limosnas y cada día veía más lejana la posibilidad de volver, a pesar de que lo deseaba más que nada en el mundo. No quería ser una carga para nadie ni que vierais lo bajo que había caído. Así fueron pasando los años y mi corazón se fue llenando de tristeza.”

“Pero hace unas pocas noches, en la primera nevada que había presenciado en mi ya larga vida, mirando las guirnaldas que adornaban la calle, sentí por primera vez en mucho tiempo un poco de calor en mi corazón y el deseo de regresar a mi ciudad se adueñó de todo mi ser. Tenía el dinero justo para el billete de tren, así que a la mañana siguiente me subí a él y emprendí el viaje de regreso a la ciudad adonde anteriormente había sido tan feliz, con la esperanza de volver a encontraros.”

“Pues Irene, estoy muy feliz de haberte reencontrado”, respondió Ana, aunque esta Felicidad no puede ser plena, pues Gustavo no está en esta casa”.

Sintiendo el amor en la voz de Ana, no lo dudó y pidiéndole el número de teléfono de su hijo le rogo que le dejara hablar a solas con él. No quería que ni ella ni Lucía se enteraran de lo que quería hablarle, porque Intuía que una buena parte de culpa del huir de Gustavo había sido por la desilusión de no tener presente a su madre en la nueva y maravillosa vida que habían decidido tener tras quedarse Ana embarazada…

Irene pulsó la tecla de llamada. Un tono, dos tonos, tres… cuatro… cinco… hasta que la voz de su hijo se hizo presente.

“¿Qué quieres esta vez, Ana?” fue la respuesta que escuchó la anciana llenándole de una gran emoción pues hacía mucho que le hubiera gustado hablar con su hijo.

“ No, te equivocas, Gustavo, hijo mío, soy tu madre” respondió Irene con la voz casi quebrada.

Se hizo un silencio sólo roto por el latido de sus corazones.

“¿Eres tú realmente, madre? ¿Cómo es posible?” preguntó Gustavo.

“Sí, soy tu madre y necesito hablar contigo para decirte, Gustavo, que dentro de poco estaremos todos reunidos de nuevo. Lo sé”.

“Madre, tengo tantas cosas que preguntarte, que decirte, quiero verte…”

“Y nos veremos, hijo mío, mañana, por la tarde en la plaza donde te llevaba a jugar de pequeño el día de noche buena ¿lo recuerdas?.

"Claro que sí madre, y allí estaré. ¡Dios, no puedo creerme que esté hablando contigo!"

"Pues esta soy yo, y no es un Sueño, hijo mío".

"Está bien, madre. ¡¡Allí nos vemos!!".

Irene, tras colgar el teléfono, salió de la habitación. Madre e hija le vieron un brillo muy especial en los ojos y una fuerte determinación…

“¿Qué te ha dicho?” preguntaron ambas a la vez, e Irene, con una sonrisa les respondió “Mañana por la noche, él mismo os contestará a esa pregunta”.

La noche se llenó de emoción y a Lucía le costó dormirse. Habían pasado tantas cosas ese día... Pero al final el sueño la venció y la mañana llegó rapida. Al despertarse fue corriendo a la cocina y allí se encontro con su madre y su abuela que charlaban mientras preparaban el desayuno. Al contemplarlas se sintió feliz.

Durante casi todo el día charlaron las tres tratando de resumir aquellos años de ausencia. Y hubo lágrimas y hubo risas, y la tarde también llegó rapidamente.

Casí habían olvidado que era el día de nochebuena y mientras Irene se preparaba para salir a encontrarse con su hijo, Lucía y su madre, sin saber lo que iba a pasar, comenzaron a preparar juntas todas las viandas que servirían en su mesa.

Cuando Lucía vió que su abuelita iba a salir a la calle, sintió miedo al pensar que a lo mejor no volvería, pero Irene la calmó "En un ratito volveré, mi querida niña y celebraremos esta noche".

Nunca un camino se le hizo tan largo para Irene. Quizás sí, el camino que recorrió el día que se separó de su hijo. Pero por fin llegaba a aquel parque y cerca de un banco reconoció a su hijo, y él a ella. Antes de poder decir nada, Gustavo corrió hacia ella para abrazarla, sintiendo como sus lagrimas mojaban su cara ¿o eran las de ella?.

Cuando por fin ambos se calmaron, hablaron largamente de todo lo sucedido, de por qué Irene se fue y lo que después ocurrió. Y hubo un tiempo para el perdon por la ausencia, en el que Gustavo sólo podía sentirse dichoso por haberla encontrado, y de qué forma tan extraordinaria. Y hubo un tiempo para la reflexión por entender cómo podría sentirse su hija con su propia ausencia"

"Tienes una familia Gustavo que te quiere, una mujer enamorada y una hija adorable. El motivo que os separaba ya no existe y tienes que volver porque ellas te esperan, siempre te han esperado", le dijo su madre. "Hoy he sentido cómo duele perder los momentos con quién de verdad se ama, y no quiero que a vosotros os pase lo mismo, pues veo tanto amor..."

Gustavo escuchó cada una de esas palabras y presa del temor de que a lo mejor fuera tarde para recuperar lo que había perdido, corrió hacia su casa. Al llegar frente a la puerta tocó el timbre y espero a que le abrieran y al ver que nadie lo hacía, decidió usar su llave. Mientras abría esa puerta el corazón se le revolcó de nervios y angustia al no saber dónde podría estar su familia.

Entró, recorrió la casa y en cada rincón sintió lo mucho que amaba a su mujer y lo que, con desesperación y locura, sentía por su hija. En el salón, tomó una foto que estaba colgada en la pared y no pudo contener las lágrimas mientras cerraba los ojos y pensaba que estúpidos habían sido sus pensamientos, el temor de perder lo que más amaba, primero, su madre, y ahora, quizás su propia familia. Y abrazó fuertemente esa foto de su hija contra su pecho, rompiendo el cristal que la cubría, al tiempo que la pequeña Lucía y su Madre aparecían en el salón llevando unas bandejas con dulces de navidad.

“Papá” Gritó Lucía, soltando la bandeja que cayó al suelo y corriendo para abrazarlo.

Mientras sostenía a su hija, Gustavo giro su cara para contemplar el rostro de su mujer. “Perdonadme las dos, he sido un estúpido al no darme cuenta de que estaba perdiendo lo que más amo en esta vida, simplemente por no querer perderlo y separándome más y más de vosotras”.

Ana simplemente corrió a abrazarlo al tiempo que le decía “Gustavo ésta es tu casa, ésta es tu familia, y nunca te vamos a dejar amor”.

Mientras le besaba en la frente sonó la puerta y Lucía corrió abrir sabiendo que la que llamaba era su abuela.“Abuela, Abuela, papá ha regresado a casa, ven rápido para que lo vea con tus propios ojos”.



Antes de empezar a cenar Lucía contempló a su familia. Por fin estaban todos juntos. Quizás era pequeña para entender algunas cosas pero no para sentir que, sin darse cuenta, había encontrado el espíritu de mi navidad, de vuestra navidad. En definitiva, como la dama blanca dijo, el espíritu de la navidad de todos y cada uno de nosotros, el que alberga luces de colores y estampas navideñas de otras épocas y que habita en nuestros corazones.

Entonces oyó música y voces. Asomada a la ventana vio a un grupo de niños que cantaban villancicos y llamó a su familia, y sintiéndoles a todos tan cerca de ella dio gracias por aquella navidad.

Al despertar a la mañana siguiente su habitación se encontraba llena de luz, y al mirar a la calle vió como el sol brillaba con más intensidad que nunca reflejándose y multiplicándose en las aceras cuajadas de nieve. Un año más, como desde antaño, se alzaba el Sol invicto...Y con él la esperanza de millones de personas celebrandolo.

viernes, 25 de diciembre de 2009

EL CUENTO Nº55 DE LA LUNA OSCURA. EL ARBOL DE NAVIDAD.





En espera de ofreceros a todos un cuento muy hermoso de Navidad que todavía no se ha terminado, hoy os regaló a todos, mis queridos amigos éste, con mis mejores deseos para todos.

Por fin había llegado el momento y el viejo abeto contemplaba desde su pequeña cima como el bosque, adornado con el manto blanco de la nieve y los frutos rojos del acebo, gritaba la cercanía de la Navidad.

Pronto llegarían los niños que, entre juegos y risas, ayudarían a elegir a sus padres el árbol que les acompañaría durante esa festividad, y los jóvenes abetos esperaban impacientes aquel momento para que sus sueños se hicieran realidad..

Cuántas navidades había contemplado desde allí a esos pequeños soñando que las siguientes alguna familia le ofreciera su calor. Pero eran tan grande el viejo árbol y tan hermoso coronando aquel lugar, que si bien todos se paraban a admirarle, ninguno se atrevía a arrancarle de esa tierra para llevarle a su hogar.

Poco a poco fueron llegando y, sin despedidas tristes, el viejo árbol se dio cuenta de como de nuevo permanecería sólo en su cima. Aquel año supo que nunca sería engalanado con guirnaldas ni esferas brillantes de cristal. Que nadie colgaría en su rama dulces ni campanillas. Tampoco daría sombra a los regalos de navidad...

Y llegó la noche, y con ella despertó la luna que al descender por su montaña sintiendo el frío del manto blanco, escuchó la melancolía del viejo abeto en sus ramas convirtiéndose en cálida ternura dentro de su corazón.

Sin pensarlo, sintió su sueño y lo hizo suyo haciendo cómplice a su cielo que no podría negarle el favor.

Y llamó a las nebulosas y a través de ellas pudo abrazar a su amigo dejando sobre sus ramas un hermoso espumillón.

Las estrellas brillantes, en su emoción, le regalaron pequeños destellos iluminando su verdadero interior.

Y sintiendo la sorpresa de su árbol amigo, la eterna luna, derramo con él lágrimas de alegría heladas con las que preciosas figuras confeccionó.

Tan sólo quedaba un último adorno y de nuevo las estrellas se ofrecieron a tal labor y entre todas eligieron a la más hermosa que en su cima le coronó.

Cuentan que aquella noche un niño desde su casa contempló como desde la montaña la luna, cerca del abeto grande, descendió. Viendo como la dama blanca le adornaba aviso a su familia, y ésta a la familia amiga y en pocos minutos la noticia se extendió. Y todos los habitantes del pueblo cercano al bosque salieron de sus casas para contemplar de cerca aquella decoración.

Nunca un árbol de Navidad fue tan hermoso como aquel ni tan dichoso en su corazón, sintiendo de cerca lo que soñaba, siendo testigo del verdadero calor.

Y año tras año aquellas familias acudieron en noche buena a aquel bosque para festejar todas juntas aquella celebración , encendiendo una gran hoguera, bajo la copa del viejo abeto y de la luz de la luna daban fe del verdadero amor.

Pues la Navidad no son regalos y menos una simple decoración. Es el compartir con quien se ama momentos de cercanía y de calidez de corazón.

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS.


jueves, 24 de diciembre de 2009

ESTA NOCHE ES NOCHE BUENA Y MAÑANA.... NAVIDAD





Últimamente me parezco al conejo de cuento de Alicia en el País de las maravillas con el "Que no llego, que no llego".

Y es que de verdad que creía que no llegaría a tiempo para DESEAROS A TODOS UNA FELIZ NOCHE Y UNA MEJOR NAVIDAD.

Para hoy me hubiera gustado publicar un Cuento muy Especial, pero como que todavía no se ha terminado. Bueno, todavía hay días.

También me hubiera gustado ir a visitaros a cada uno de vosotros y desearos lo mejor, pero de verdad que hasta el último momento he estado trabajando.

Y encima no para de llover. MADRRE MÍA LA QUE HA CAÍDO ESTA NOCHE POR AQUÍ, si ha habido un momento que pensaba que era el final... EL FINAL DE MIS ELECTRODOMÉSTICOS, PORQUE SE ME HA INUNDADO LA COCINA.

Sí chicos hasta en estos días mis cosas raras no me abandonan. Pero, con fregona en mano y todo, me lo estoy tomando con mucho sentido del Humor porque esta noche es la noche, y doy gracias de que puedo pasarlas con mi familia. Dentro de un rato saldré para casa de mis padres y empezará el Show.

Bueno que no me quiero alargar mucho, este es mi mensaje para todos.

OS DESEO DE TODO CORAZÓN QUE PASÉIS UNA NOCHEBUENA LLENA DEL CALOR DE LOS QUE AMÁIS Y OS AMAN Y UNA NAVIDAD QUE SEA COMO UN CUENTO.

Y villancico, por supuesto, que esta noche hay que pedir el aguinaldo y tengo que empezar a practicar. Villancicos populares - Ande, Ande, Ande.

UN BESO MUY GRANDEEEEEEEEE

domingo, 20 de diciembre de 2009

¿QUÉ TAL SI COMBATIMOS CON HUMOR EL STRESS PRENAVIDEÑO? JA JA JA JA JA JA. UNA DE COMIDA DE EMPRESA.




Ya estamos casi a punto de que llegue Navidad, y vamos todos más acelerados que ná.

Como mi padre, que casi no puede con sus piernas pero nos tiene a todos en jaque de un lado para otro para que no falte de nada. Que si el queso de Ocaña, las pastas de almendra del pueblo ese de Toledo que son estupendísimas, que si a Madrid a por un turrón que sólo se encuentra en una tienda cerca de la plaza mayor... Por no contaros los centros comerciales que vamos visitando porque no es capaz de encontrar todo en un sólo sitio.

NOOOOOO cómo va a encontrar todo en un sitio. No que vah, tenemos que recorrernos media geografía española en busca de aquellas cosas que sin ellas no sería Navidad... Y por supuesto el veinticuatro visita obligada por la mañana al Dagustin a por marisquito fresquito porque no hay otro sitio mejor. Márcate 100km con tu padre diciéndote que no vayas tan deprisa con el coche y que tengas cuidado con la curvita esa "que tú te confías pero tiene mucho peligro", cuando eres alérgica al anisakis y ni vas a catar una triste gamba. MANDA LECHESSSSS.

Vamos, que en casa de mis padres los días antes de Navidad parecen los preparativos de una operación de esas de guerra mundial. Os lo digo: el día D se queda chico a su lado.

Y luego, claro, hablamos de crisis pero llegan estas fiestas y en la medida que cada uno puede tira la casa por la ventana, y no digáis que no. Y lo bonito que queda decir "no si yo con unas patatas fritas y un huevo frito cenaba más que bien". Pero vamos que le cascamos a mi padre unos huevos estrellados... y nos los estrella a mi madre y a mí en la cara ja ja ja ja ja ja.

Vamos, con la ilusión que tiene mi padre por esos días le vas a poner de cenar en Nochebuena o de comer en Navidad eso o unas lentejas. Nota: con lo que me gustan a mí las lentejas, hummmmmmm que ricas. Pero es que mi padre le pone muchas ganas, sobre todo por nosotros y aunque luego se tenga que ajustar el cinturón, en estas fiestas intenta dárnoslo todo y que no nos falte de nada.

Bueno ya me he liado, hablábamos del stress pre navideño, que si no es suficiente con ir de compras de un sitio a otro en busca de delicatessens para el sibarita de la familia, y de escribir las cartas correspondientes a papa Noel y a los reyes, porque es que ahora hay que escribir dos cartas (yo cuando era pequeña no tuve tanta suerte, sólo le escribía a los reyes magos), tenemos que cumplir con la obligada cita de LA COMIDA O CENA DE EMPRESA. Nota: aquí tenía que haber sonado música de terror.

En mi caso ha sido comida y como todos los años no quería ir. Es que digamos que yo trabajo en una empresa que pertenece a un grupo y en esa comida se juntan casi doscientas personas que evidentemente casi no se conocen entre sí. Sí es como una comida de super compromiso.

Pero bueno, al final, como cada año he ido sobre todo por mis compañeros y porque al final siempre acabas pasándotelo bien. Y, venga lo confesaré, porque ya que no nos dan aguinaldo, que leches, para una cosa gratis que nos ofrecen los jefes hay que aprovecharlo, ja ja ja ja ja ja.

Mis compañeros y yo siempre decimos lo mismo todos los años "El que deje algo en el plato cobra" "Y el que le haga la pelota al jefe cobra más".

Anda que ayer no tuve que ser testigo de peloteos. Porque una cosa sí que yo no soy, y es pelota. Buffff no puedo. Y eso que no me llevo mal con mi jefe pero que no me sale, como mucho un "Feliz Navidad", pero eso de decirle "Antonioooooo vente conmigo a hacerte una fotito" como que no. Como que no me cae mal pero que no le quiero en un álbum de recuerdos, prefiero seguir viendo su nombre en la nómina y en las pagas extras ja ja ja ja ja ja. Nota: Evidentemente mi jefe no sabe que tengo un blog. ja ja ja ja ja ja.

Encima este año mis compañeros y yo planificamos mal la operación Comida de Empresa (teníamos que haberle pedido asesoramiento a mi padre). Fuimos cinco y como todos los años intentamos ir un poquito antes para coger un sitio estratégico. Como somos más chicas pues tenía que ser uno que estuviera cerca del baño para no hacer el paseíto delante de los demás trabajadores que son casi todo hombres (es que es una vergüenza de verdad) y por supuesto un sitio donde pudiéramos sentarnos los cinco juntos.

Pero pobres de nosotros que ayer con tanto stress, porque algunos también tuvimos que trabajar, llegamos con la hora pegada y nos tuvimos que sentar en una mesa larguísima toda llena de hombres y encima lejísimos del baño. Vamos que mis tres compañeras y yo estábamos acobardaitas.

Monísimas, divinas de la muerte, pero acobardaditas entre tanto estrógeno. Y cuando tuvimos que ir al baño, ya sabéis cita obligada, nos tuvo que acompañar el único varón entre nosotras, mi compañero, que ayer casi se gana el cielo entre los halagos que nos hizo a todas y lo servicial que estuvo. (Vamos que si no es servicial le linchamos entre las cuatro, ósea que no le quedó más remedio al pobre).

Y digo que casi se gana el cielo porque el muy cabrito se pasó de copas y al final yo que no conducía me tocó conducir de vuelta. Pero bueno, no todo iba a ser perfecto y al final nos hemos librado del momento villancicos que en esas comidas surge cuando ya todos van pasados un poco de copillas, por lo menos en mi empresa.

Lo importante: con tanto hombre y todo, ayer logramos comer agusto cumpliendo el objetivo de comerlo todo. Vamos que nos pasamos demasiado comiendo y anoche tuve que tirar de antiácido para ver si conseguía bajar la comida.

El mensaje navideño de mi jefe, porque todos los años como el rey nos hace llegar uno, fue el de "Hay que tirar del carro" Digo yo que se refería a la crisis, porque si encima de que ahora que tenemos que aguantar carros y carretas, tenemos que tirar de ese carro pues tú dime a mí. Y todo esto sin saber cómo es de grande el carro ese de las narices, ja ja ja ja ja.

Pero bueno que se le ha entendido y yo simplemente le saco un poquito de punta. Que tengo que dar gracias y de verdad las doy por poder haber ido a una comida de empresa que mucha gente este año no puede decirlo.

Que no estoy siendo pelota, que noooooo, que es que es así, que está claro que la cosa está muy mal y que hay que tirar de ese carro como sea, y que si hay que gastar un poco pues hay que gastar sin olvidar lo que nos está tocando vivir.

Joder que seria me he puesto, que me he parecido a mi jefe y todo, y eso noooooooooo. Bueno que para los que os haya tocado ir de comida o de cena de empresa espero que lo hayáis pasado bien, y para los que no han podido seguro que vendrán tiempo mejores y si sirve de algo os diré que creo que yo ayer me comí vuestra parte. Joder todavía me duele el estómago. ja ja ja ja ja.

Hoy más sress, pero del bueno. HA LLEGADO POR FIN MI SOBRI y aunque tengo que trabajar tendré que sacar también tiempo para discutir un poco con ella y contarnos nuestras cosillas, ja ja ja ja ja.

Pero esto es lo que tienen los días pre fiestas: un sin parar. Así luego nos pasa a muchos que cuando por fin comienzan estamos deseando que terminen.

Y ahora os dejo, por supuesto, con un villancico que ya es tiempo pero con un toque de humor para que nos desestresemos todos, ja ja ja ja ja. Melendi-ya llego la navidad.

Un besito muy fuerteeeeeeeeeeeeeeeee.









miércoles, 16 de diciembre de 2009

Y VA A LLEGAR EL DIA 22 Y TODAVÍA NO HE SACADO ESTE MEME. UNO DE PREMIOS Y LOTERIA.


Lo se soy un desastre incorregible, pero hoy hago propósito de enmienda sobre todo con algunos de vosotros que últimamente os habéis acordado de mi a la hora de compartir premios y memes. A todos vosotros muchas gracias.

Sí hoy toca compartir Premios, así que vamos a ello.




Empezamos con este premio, EL PREMIO PRINCESS que me llega de las manos de Iradai y su blog Rebuscandolapeli.com.

¿Qué os diria de este blog? Pues que Iradai se lo curra mogollon en él. No sólo te informa de los nuevos extrenos, bandas sonoras... Me encanta su sección dedicada a los cortometrajes, y hasta tiene un concurso de adivinar quién se trata. Sin duda os lo recomiendo a todos.

Bueno este Premio tiene unas Reglas:

1) Darle las gracias a quien te lo otorgó: MUCHISIMAS GRACIAS IRADAI

2) Decir el autor que te encanta: Buffffff,qué difícil. Es que no me puedo decidir ahora por uno. Pero venga elijo a Gabriel Garcia Marquez.

3) Nombrar al autor que más detestas: Detestar lo que se dice detestar, como que no, así que no me mojo, que todos tienen sus méritos. Aunque no me gustan los autores de Biografías de Reinas y Gente Famosa (lo siento).

4) El librito que más te encanta: Buffffff, todavía más difícil, pero si me tuvieran que enterrar con uno me gustaría que fuera con "Nada" de Carmen Laforet, o "Primera Memoria" de Ana Maria Matute. Claro que tampoco me importaría con "El Diario de Ana Frank", o "El Clan del Oso Carvenario" de Jean M. Aue. No si al final pido que pongan estanterías en mi ataúd. Ja ja ja ja ja.

5) Qué te emociona siempre: Algunas canciones, La sonrisa de mi sobrina, una Luna hermosa. No sé, muchas cosas, la verdad.

6) Algo que odies: Me quedo con Iradai en cuanto a las injusticias. NO LAS SOPORTOOOOOOO.

7) Pasar este premio a 7 blogs

Lo siento, y con mucho respeto me salto esta regla y nomino a todas las Princesas que escribís en vuestros Blogs. Así que ya estáis viniendo todas, pero todas a llevároslo.

PREMIO LAZO DE AFECTO




Y UN ABRAZO



Estos premios me llegan de Anabel Botella y su Blog La Ventana de los Sueños.

Estamos todavía de fiesta, celebrando su cumpleaños, pero no por ello me voy a olvidar de decir que para mi Anabel es una de las mejores escritoras de relatos que conozco. En su blog además de demostrarlo nos acerca cada día a la literatura. Se que algún día conseguirá su sueño porque sólo tenéis que ver la calidad de sus escritos para daros cuenta.

Debería de nominar a diez personas para el primero de sus premios, pero espero que me perdonéis, y siga nominando a todo el mundo que quiera aceptarlo. Para mi sería un placer. UPSSSSSSSSSS que fina que me he puesto, vamos que os lo llevéis, que tengo que ir haciendo hueco por aquí, ja ja ja ja ja.

PREMIO MIEDOSO



Bueno pues este premio me lo ha otorgado El miedoso y su blog El Portal. De este Blog diré que reune los elementos para darte un buen susto: historias de terror, imagenes fantasmagóricas y una banda sonora que me encanta. Si queréis pasar un rato de miedo no lo dudéis y visitarle.

PREMIO BLOG DE FANTASIA.



Este para mi es muy especial, me llega de las manos de Luna y su Blog El Pequeño Mundo de las Hadas.

De Luna podría decir mucho, porque siempre está y me parece que es una trabajadora nata. Sus poesías son hermosas. Hace poco trajo a su blog de Poemas de Luna uno de una Luna Triste y me conmovió profundamente. A parte de este blog de hadas, podéis, los que queráis, descubrir que tiene otros blogs a cual más interesante (a mi el que desborda pasión me encanta).

Este premio tiene sus reglas que son:

1-Mencionar y enlazar a quien lo concedido: HECHO

2-Explicar de que se trata el premio.El premio se trata del reconocimiento a esos blogs que nos transportan a un mundo de fantasía. Porque si perdemos la fantasía dejaremos de ser niños, y todos lo somos, yo sobre todo.

3-Elegir y enlazar cinco blogs para continuar el premio. ME LO SALTO porque encuentro tantos que a mi me hacen soñar, que limitarme a cinco sería un pecado. Ah que leo que las reglas son inalterables. Bufffffff que dilemaaaaa. Pues entonces me lo voy pensando. Vale ya lo tengo.

- Arwen y su blog
Alas de Fantasía. ¿Cómo podría no nominarla a ella en primer lugar, si es la princesa Elfica por excelencia?. Siempre que entro en su blog, me transporto a ese mundo de magia y a veces me siento de verdad como una niña disfrutando de las ilustraciones.

- Mi amiga Nel.LA, y su blog
Unicornios Plateados. Desde que la conocí he sentido que estamos conectadas en esa melancolía que tiñe, a veces, nuestros trabajos. Ahora me ha sorprendido con el sueño de la ninfa.

- Max y su blog
Eterno Crepuscular. De este Blog diré que es de esos que hay que leer despacio para saborearlo, todavía tengo una historia a medias.

- El Miedoso y su blog
El Portal. Creo que dicho lo anterior, cualquier explicación sobra. Es que me encantan las historias de miedo.

- Y por supuesto mi coescritor favorito C.G. y su blog
Calavera y Diablito. Porque en su blog es fácil transportarse muchas veces a un mundo de fantasía, aunque de miedo.

4-Anotar las reglas.

5-El diseño y reglas del premio son inalterables.



Por último me llegó hace unos días de manos de mi amiga Yaiza y su Blog Alma Perdida algo que ya ha ido circulando por otros Blogs. Una participación de lotería que ha llegado a través de Alas de Plomo y esta entrada http://alasdeplomo.com/2009/11/14/regalamos-loteria-de-navidad-2009/, donde se explican las reglas de esta participación.

He visto que este premio, porque es un premio ha ido circulando por muchos blogs, así que invito a todos aquelos que no lo tengais a visitar esta entrada para participar de él.

Y Gracias Yaiza por haber pensado en mi. Por cierto niña QUE FELICIDADES POR ESTE AÑO EN EL QUE TU ALMA Y TÚ HABEIS COMPARTIDO TANTO EN ESTE MUNDO DE BLOGGER.



Ahora entendereis porque tenía que sacar esta entrada yaaaaaaa.

Bueno y ahora os dejo mandandoos a todos un besito muy fuerteeeeeee.

lunes, 14 de diciembre de 2009

HISTORIA DE UNA NEVADA. QUÉ TAL SI HABLAMOS DE LA DE HOY. JA JA JA JA JA JA JA JA




Ayer me acosté con la imagen de la chica del tiempo que no dejaba de repetir "No se sorprendan ustedes mañanas si al despertar se encuentran todo cubierto de nieve". Al final conseguí callar su voz y quedarme dormida, aunque no consigo recordar si soñé o no soñé.

5:05 horas del Lunes. Me despierto dispuesta a enfrentarme a un nuevo día de trabajo. En ese momento no me acuerdo de la chica del tiempo. La verdad es que a esas horas no se ni cómo me llamo.

5:10 horas del Lunes. Salgo del baño dispuesta a vestirme, levantó la persiana y se me queda una cara de gilipollas que ni os cuento. Lo primero que pienso: "Joder la jodía ha acertado". Lo segundo: "Joder, Joder, Joder". Lo tercero: "hay que joderse qué hago voy a trabajar o no".

Nota: lo sé a veces digo demasiadas palabrotas. Pero hoy no era para menos. Y si "joder" lo dice Hugh Grant en "Cuatro Bodas y un funeral" yo también puedo hacerlo.

5:12 horas del Lunes. Después de pensarlo decido que me voy a jugar el cuello por mi jefe, aunque se que no me ascenderá, ja ja ja ja ja ja. Me enfundo la ropa y unas buenas botas y cierro la puerta encomendándome a todos los santos. Quito la nieve de encima del coche y consigo arrancarlo con algo de esfuerzo.

5:20 horas del lunes. Tomo la carretera comarcal que me llevará al acceso a la Carretera de Valencia. Empieza a nevar cada vez más fuerte, pero como la nieve esta sin pisar como que consigo controlar el coche. Entonces pienso en qué tengo cadenas por si la cosa se complica. Sí, claro que las tengo, pero de qué me vale si no tengo ni puñetera idea de cómo ponerlas. Y no dejo de repetir en mi mente " La madre que me parió sólo se me ocurre a mi ir a trabajar con este tiempo".

5:30 horas aprox. del lunes. (por culpa del miedo empiezo a perder la noción exacta del tiempo). Me incorporo a la carretera de Valencia. Lo sé estoy como una puñetera cabra, pero no me queda otra. Cada vez nieva más fuerte y veo que alguien me sigue: EL QUITANIEVES. Qué malaaaa suerteeeee ya podía ir delante de mi y no detrás.

Nota. Luego me diréis que parece que todo me pasa a mi, pero os lo prometo, iba detrás de mi, ja ja ja ja ja ja ja.

6:00 horas aprox. del lunes. Al final consigo llegar al trabajo. PRUEBA SUPERADAAAAAA. Pero entonces empieza la verdadera pesadilla.

Yo y mi compañera empezamos a oír a eso de las ocho de la mañana que van a empezar a cortar las carreteras y que el temporal es bastante severo y no dejamos de preguntarnos si volveremos a casa. JODER, JODER, JODER.

¿Os imagináis? Si ya de por si es duro ir a trabajar ocho horas, pensar que tenéis que permanecer en vuestro lugar de trabajo un día entero, porque encima yo trabajo a pie de carretera.

Han sido unas horas largas en las que no dejaba de mirar por el ventanal. A veces me daban hasta ganas de llorar. Y no dejaba de pensar en mi pobre perro, en qué sería de él todo el día encerrado sin mi.

Entonces me he acordado de la serie de "EL ULTIMO SUPERVIVIENTE", y casi me decido a emprender la marcha a pie. Total no son tantos kilómetros y campo a través seguro que lo conseguiría, pero luego he pensado "Ana, desde luego que estás gilipollas, y cada día que pasa más porque mira que pensar que lo lograrías, ¿Tú? pero si cuando sales a pasear tropiezas con la única piedra del camino. Desde luego..."

Nota: Lo sé eso de hablar conmigo misma está yendo de mal a peor. Ja ja ja ja ja ja.

Al final ha resultado que estábamos casi en el punto más negro de todo el temporal en la zona de Madrid, y a mi compañera y a mi no nos ha tocado otro remedio que racionar las chocolatinas y los refrescos para por lo menos dos días, por si acaso los equipos de salvamento no lograban llegar hasta nosotras, mientras pensábamos lo bueno que estaría un cocidito.

Pero como todo no puede ser tan negro, y yo me merecía un final feliz aunque haya sido sin cocido, que para finales tristes ya tengo mis cuentos y quien dice un cocido se conforma al final con cualquier cosilla, ja ja ja ja ja, a eso de las dos de la tarde las maquinas quitanieves tenían controlada la Carretera de Valencia, incluso la comarcal que me lleva a mi pueblo. HURRA, HURRA, HURRA, porque en la última nevada grande casi no llego a mi casa.

Y claro una vez que todo estaba bajo control ha dejado de nevar.

15:30 Horas. Llego a mi casa, y no me he tirado al suelo para besarlo cuando he bajado del coche, porque había demasiada nieve y seguro que luego me iba a costar levantarme.

Aunque al final casi lo beso cuando he sacado a mi perro. Menudo escurrión me he metido.

Me he cambiado, he comido algo, he llamado a mi familia para decirles que había llegado sana y salva, y entonces me he puesto a escribir.

¿Qué sería un invierno sin una buena nevada? Y encima en vísperas de Navidad...

Mejor hoy no contesto a esta pregunta que todavía estoy demasiado sensibilizada con el tema.

Bueno vale, lo diré, que a mi me encanta la nieve, que hace que los paisajes sean hermosos y todo eso, que si me animo hasta voy a hacer un muñeco de nieve, pero que hoy casi me consume los nervios. Definitivamente debería estar prohibido que nevase los días que hay que ir a trabajar.

Y mañana ¿nevará? No quiero ni pensarlo no vaya a ser que no duerma, porque encima ahora no tengo excusa para no ir a trabajar porque ya he ido hoy. Ja ja ja ja ja ja ja.

Por cierto ¿sabéis alguno poner cadenas? ¿Podríais explicarme cómo leches se ponen?

Un besito muy fuerte para todos y por supuesto un exitazooooooo.





jueves, 10 de diciembre de 2009

UNA ENTRADA SOLIDARIA CON MUCHO CORAZÓN.




Hoy me tengo que poner seria, bueno sólo un poco porque ya sabéis algunos como soy y cuando hago este tipo de entradas siempre intento haceros sonreír.

Sin duda, la culpa de que hoy no me ría tanto la tiene la FUNDACIÓN JOSEP CARRERAS (ya sabéis que siempre tengo que echarle la culpa a alguien), que se ha puesto en contacto conmigo para invitarme a participar de una iniciativa navideña que sinceramente me ha parecido muy original.

Bueno, confesaré que al principio pensaba que era una broma, pero cuando he hablado con ellos y me lo han explicado todo, me he dado cuenta de que no, de que esto es algo real y muy hermoso.

Por eso quiero compartirlo con todos vosotros e invitaros a que también participéis.

La Fundación Josep Carreras quiere celebrar estas Navidades consiguiendo "corazones contra la leucemia" para aportar un poco de esperanza a los pacientes que padecen esta enfermedad.

Se trata, como dice mi amiga Isol, de una oportunidad para dar ánimos a gente que lo necesita.

Y qué tenéis que hacer, tan sólo mandar una foto de vuestro corazón, haciendo uno de papel con vuestros mejores deseos para estas fiestas, como ya lo ha hecho mucha más gente. Ese corazón y vuestro mensaje será publicado en un Blog que esta fundación ha creado.
CORAZONES CONTRA LA LEUCEMIA.



Yo llevo toda la tarde haciendo el mío, retomando así las clases de papiroflexia que tenía un poco abandonadas, pero haciéndolo con mucha ilusión porque creo que la causa lo merece.



Venga, anda, animaros todos: merece la pena entregar un trocito de nuestro corazón para dar esperanzas y ánimos.

Aquí os dejo el Banner que yo colgaré en mi blog y que espero que muchos os llevéis también
.



Un besito para todos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

HALA A DECORAR TODO EL MUNDO SU CASA, JA JA JA JA JA JA




HOLAAAAAAAAAAA.

Madre mía, si parece que fue ayer y ya estamos otra vez en diciembre. POR DIOSSSSS QUE NO PASE TAN DEPRISA EL TIEMPO. Si todavía estoy casi que haciendo la digestión de la cena de nochebuena del año pasado y ya hay que prepararse para la siguiente.

Nota: recordar donde puse los vaqueros que me quedan un poco grandes porque seguro que los lleno cuando acabe el mes ja ja ja ja ja ja.

Y claro... todo son preparativos y más en este puente. Y si vas a los centros comerciales como que te contagias. Tanta lucecita, tanto rojo y dorado, vamos que se te van los ojos. Y yo todavía sin poner el árbol de navidad. Bueno, todavía me queda algo de tiempo.

Aunque aquí, en mi pueblo, mis queridas asiduas ya han empezado LA OPERACIÓN:"Decoración Navideña, a mi me queda mejor que nadie". Y si vas a comprar el pan te encuentras cantidad de papa noeles colgados de los tejados, de las ventanas, trepando por las paredes. Todo un ejercito: Casi que da hasta un poco de grima.

Y luego lucecitas por todos los lados, por las ventanas, en los arboles, en los balcones donde también ponen árboles con más lucecitas. Vamos que de noche esto parece Las Vegas, ja ja ja ja ja.

En eso si que no compito con ellas, porque a mi me va, y sorprenderos, algo más tradicional y sencillo, y ahora más, que he descubierto como hacer mis propios adornos. Vamos que he aprendido hacer unas bolas para el árbol que esas si que darían envidia a más de una.

No se qué pasa conmigo, soy una contradicción en mi misma porque a mi las navidades como que me entristecen un poco, y sin embargo me presto al juego de decorar mi casa. Ya os enseñaré alguna foto.

Pero en eso de decorar, la que me gana y ganaría a todas las asiduas es mi madre. Dios mío si cuando entras a su casa te da la sensación que te vas a encontrar con los duendes de papa noel haciendo juguetes.

Lacitos por la escalera, sus replicas antiguas de santa claus, muñecos de nieve, duendes colgados por las paredes.... lo que os cuente es poco.

Y por supuesto... un árbol que quita el hipo. Una obra de ingeniería en el que todos aportamos algo. Mi padre es el técnico en luces, y hasta que no quedan como él quiere no se empieza la decoración (lo que puede llevarnos un par de días) Luego, mis hermanos y yo, simples operarios, sacamos los adornos que guarda escrupulosamente mi madre, una colección que empezó cuando se casó y que cada año ha ido aumentando.

No os creáis que es fácil colocar los dichosos adornitos porque mientras los colgamos tenemos a mi madre amenazándonos, diciéndonos que como le rompamos alguno nos enteramos. Imaginaros que stress.

Y mi madre, pues eso, supervisa todo y pone la guinda final con el espumillon.

Vamos, un árbol exagerao, se ponga mi madre como se ponga. Pero luego, cuando lo veo terminado pienso cómo fueron las navidades de hace dos años en las que no pudimos casi ni ponerlo, y me alegro de que este año esté puesto. Es como la gran tradición navideña de mi casa.

Sí, me entristecen las navidades, pero me encanta pasarlas con mi familia, y con los preparativos previos, en el fondo, me lo paso pipa. Sobre todo cuando luego viene mi sobrina y veo sus ojillos llenos de tanta ilusión.

Bufffff y ahora me toca a mi: De aquí a mañana mi reto será montar el árbol yo solita
Porque rocky no creo que me ayude, aunque luego dará algún lametazo a los adornos que pille, para sacarle brillo, ja ja ja ja ja.

Y hablando de decoración, hoy estrenó fondo navideño. Bueno, más que navideño, invernal. MUCHAS GRACIAS DIABLO, que me ha encantado.

Quién me iba a decir a mi que iba a tener decorado antes el blog que mi propia casa, ja ja ja ja ja ja.

Y vosotros.... CÓMO LLEVAIS LA DECORACIÓN NAVIDEÑA.

Un besito muy fuerte para todos.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

EL CUENTO Nº 54 DE LA LUNA OSCURA. EL CUENTO DE LA CORTESANA Y EL ESCULTOR.





Cuento Inspirado en la Película "Kamasutra, a tale of love".

Siempre lo supo la luna.

Una noche con ella, tan sólo una noche, y sus manos no dejaron de esculpir su cuerpo en la fría piedra buscando sentir de nuevo su calor.

Era tan clara la imagen que tenía grabada, que cada uno de sus latidos conseguía acompasarse con los golpes de su cincel, esperando darle la vida para poder besarla de nuevo y absorber su aliento.

Labios de piedra que recorrieron su cuerpo con la experiencia de la mejor cortesana del rey. Y qué dulces fueron aquellos besos comprados. ¿El precio? La condena de su arte de por vida.

Si tan sólo hubiera sabido al aceptar el encargo que tendría que esculpirla a ella, a la niña cuyos ojos nunca logró olvidar viéndola aprendiendo a danzar para convertirse en una esclava del Harem.

Y en su encuentro, aquel cuerpo, que como tierra, gritaba su sexo mientras bailaba acariciando el mismo viento con las campanillas anudadas a sus tobillos. Pero él sólo vio sus ojos y sintió que ardía por dentro.

Si tan sólo lo hubiera sabido...

Odio a todos los hombres que como él la deseaban, y odio al rey por los favores que recibía, y por comprarle para ese trabajo, y la odio a ella, y la amó en cada uno de los momentos en los que iba dibujando el boceto que esculpiría.

Una noche pidió al rey verla bailar en privado para poder inspirarse y el rey le concedió el favor. Bajo la luna, la cortesana danzó para el artista, y él la respiró en cada uno de sus movimientos haciéndola suya, hasta que ella se entregó.

Y la luna siempre lo supo.

Que aquella cortesana que desde que, de nuevo, se encontró con él, con el muchacho que siendo niña se escondía tras las columnas para verla danzar, sintió la vergüenza de ser quien era.

Siempre danzó para él, siempre, y al tenerle de nuevo cerca supo que era aún más esclava del amor que le era negado. Y aún así siguió bailando esperando que él viera por dentro su alma.

Si tan sólo lo hubiera sabido, pero de qué le hubiera valido a ella si simplemente era una cortesana cuya libertad le fue negada desde su nacimiento.

La noche que fue requerida por el rey para bailar sólo para el joven artista lo hizo entregando todo su corazón, sabiendo que aquel sería el único momento en el que podría expresarle que hasta una esclava podía amar.

Y al sentir su aliento se entregó por primera vez en la inocencia recuperada por aquellos besos y aquellas caricias, olvidando su destino, y dando todo de ella.

Sintiendo que la luna les concedería una noche eterna se amaron, desposándose en aquel lecho de por vida, aún sabiendo que todo acabaría al llegar el día que el entregara la estatua.

Cincelando sus últimos segundos, bajo la luz de la eterna, supo que no podría volver a trabajar la piedra si no era para esculpirla de nuevo a ella, y en el último golpe arrojo al suelo la herramienta, y con ella su vida, abandonando aquel lugar para siempre.

Cuando la cortesana vio la estatua en el jardín del harem sintió el amor dibujado en ella y en silencio lloró la despedida de su esposo hasta que fue interrumpida por el rey que exigía sus favores.